27 jul. 2016

Dios es nuestro refugio

En este momento, el mundo se dirige hacia una gran turbulencia. Habrán eventos y caos que, naturalmente, traen miedo. Pero Dios nos ha dicho: "Mi Palabra está en ti. Estás cubierto bajo la sombra de mi mano y tú eres mi hijo”. Ha llegado el momento de ajustar nuestros cinturones de seguridad, abrir nuestra Biblia y hablar con nuestro Padre a través de todo esto. Él ha dicho que no vamos a derrumbarnos: “Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido.” (Hechos 2:25).

Te insto a apropiarte de esta poderosa palabra de Isaías:

“Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio.”

“¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.”

“El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40:26-31).

Nuestra comunión con Él da a luz confianza. Al derramar ante el Señor nuestras necesidades y preocupaciones, salimos con su reposo y seguridad. “Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio” (Salmo 62:8).

David Wilkerson
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26 jul. 2016

¿Estamos bajo ataque?

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”

Isaías 41:10 Reina-Valera 1960

Es fácil entender a  un enemigo, cuando somos víctimas de algún ataque físico, un atraco, un robo, una calumnia, una agresión, una ofensa, o cualquiera que sea el motivo por el que nos sentimos atacados; pero mi reflexión hoy hermanos, es si tenemos entendimiento, cuando un ataque no es físico, sino mental, y su origen no es físico, sino mental o espiritual, qué hacer?  Todos vivimos bajo constante amenaza o ataque, sea física o espiritualmente y el desconocimiento de esto no te exonera de tu responsabilidad a la hora de actuar, todos somos responsables por nuestros actos.

Porque en el primero de los casos, la mayoría de la gente sabe qué  hacer, a quien recurrir, existen unas leyes que lo apoyan,  pero cuando los ataques no vienen de fuera, de lo exterior, sino de adentro, de lo interior? Recordemos al Apóstol Pablo, cuando nos habla acerca de que nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino con huestes de maldad y entidades del bajo mundo espiritual. (Efesios 6:12). Aquí nuestro ayudador es Dios.

Hermanos, somos seres integrales, formados a la imagen y semejanza de Dios, con un espíritu, un alma y un cuerpo y Dios, desde el momento que nos salvó, nos reconcilio con El, en todo nuestro ser, debemos vernos a nosotros mismos como seres integrales, únicos, y unidos en todo momento con Dios, para hacernos conscientes que todo lo que nos pasa, todo lo que hacemos, todo lo que pensamos, y todo lo que sentimos, hace parte de un mismo ser, es la manifestación interna y externa de nuestro ser,   de Dios en nosotros y de nosotros en Dios.

No podemos juzgar, ni ver, ni percibir nada, ni a nadie, ni a nosotros mismos, como entidades o hechos aislados, separados o independientes del todo, de Dios, como parte suya, como parte de su creación.

Dios está con nosotros, y su Espíritu Santo, tiene  poder, cuando creemos, en Su Palabra, estamos alimentándonos con ella, fortaleciendo nuestro espíritu, nuestro ser interior, y estamos adquiriendo autoridad de Dios para tomar control de nuestra vida, tomar las decisiones que tengamos que tomar, para actuar, para esforzarnos, para ser valientes, para echar fuera todo temor, para permitir que Dios haga la Obra en nosotros, para sentirnos libres, porque realmente Él nos libera, para resistir la tentación, para pelear  y aun para Vencer y ser Victoriosos en Cristo.

Y si Dios con nosotros, si es Dios quien nos ayuda, quien nos esfuerza y nos da valor, de que temeremos o de que hemos de atemorizarnos?  Lo que hace falta es un poco más de fe, para creerle a Dios y vivir cada día, empoderándonos de ese poder de Dios, tomar el control y las riendas de nuestra vida y pelear la buena batalla, luchar contra nuestra carne y las tentaciones y aun para nuestra vida diaria;  tener más fe y creer en las promesas de Dios, en su palabra que es nuestro alimento diario.

Si aún no le has rendido tu vida y  todas tus áreas a Cristo, hoy es buen momento para hacerlo, incluyendo tu voluntad, porque cuando estábamos en el mundo nuestra voluntad era débil, pero ahora,  es nuestra más poderosa arma, es como una espada de dos filos, es el poder que Dios nos ha dado para tener el control sobre nosotros mismos, el dominio, el carácter, la fortaleza para cambiar nuestra vida.

Cuando te sientas bajo ataque, sea físico o espiritual di: El Señor es mi Dios, Él es el que siempre me ayuda, no temeré y si hay en mi espíritu de cobardía, de temor o de mentira, lo ato y lo hecho fuera, en el nombre de Jesús.

Habla, la palabra tiene poder, toma de la autoridad de Dios y corta ataduras, rompe yugos, derriba fortalezas, ata y desata en el cielo y en la tierra, porque no estamos solos, Jehová es nuestro Dios y siempre nos ayudara.

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”

 Efesios 6:12

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Hefzi-ba Palomino
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25 jul. 2016

El hermano mayor del hijo pródigo

“Y su hijo mayor estaba en el campo;  y cuando vino,  y llegó cerca de la casa,  oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados,  le preguntó qué era aquello. El le dijo: Tu hermano ha venido;  y tu padre ha hecho matar el becerro gordo,  por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó,  y no quería entrar.  Salió por tanto su padre,  y le rogaba que entrase.”

(Lucas 15:25-28 RV60)

Para el hijo menor, ya el simple hecho de pedir la herencia anticipada al padre en vida, en aquella época era una terrible ofensa, tan grave como desear la propia muerte del padre. Menuda situación tendría que enfrentar si decidía regresar con su padre. Es por ello que no le importaba volver a ser recibido como hijo –aunque lo era y efectivamente le correspondía, ya que a si a algo no había renunciado era justamente a su dignidad de hijo– sino que se conformaba simplemente con ser admitido como uno más de los obreros que  trabajaban para su padre y así poder permanecer cerca de él.

Y levantándose,  vino a su padre.  Y cuando aún estaba lejos,  lo vio su padre,  y fue movido a misericordia,  y corrió,  y se echó sobre su cuello,  y le besó.

(Lucas 15:20 RV60)

En el contexto de este abrazo apasionado, nuestra ruina interior puede tal vez parecernos aceptable. Y es que rápidamente nos acostumbramos a la conducta pasiva de vivir incómodamente entre escombros, encerrados en nuestra propia tumba y junto a nosotros enterrados nuestros más caros anhelos y más bellos sueños. Lo que antes estaba tan mal ahora parece que ya no es tan malo. La misericordia y gracia soberana de Dios, cobran entonces, inusitado valor y se agigantan sobre nuestras vidas sanando las heridas, trayendo vida donde había muerte, bálsamo en donde imperaba el dolor.

El hijo menor tuvo que tener el inmenso valor de desnudar su alma, atreverse a asomarse al oscuro abismo interior de su corazón, reconocer la ofensa cometida y hacer algo para mitigar el dolor infligido.

No hay arrepentimiento sin quebrantamiento.

No hay quebrantamiento sin discernimiento.

No hay discernimiento sin el Espíritu de Dios, que es quien da convicción de pecado.

Pero… ¿Qué del hijo mayor que permaneció todo el tiempo junto a su padre?

A menudo, la historia del hijo menor que se va y vuelve con su padre habiendo dilapidado su fortuna, e inclusive su futuro en basura, suele “eclipsarnos”, por llamarlo de alguna manera, algo que no nos resulta muy agradable ver, que digamos: la actitud del hijo mayor.

Porque había estado toda su vida en la casa del padre, se constituyó a sí mismo en ACREEDOR, demandando bendiciones de la mano de su padre, que por otra parte, ya tenía y que siempre le pertenecieron (Lucas 15:31).

El problema eran sus sentimientos. Creía haber realizado méritos suficientes como para reclamar  “sus derechos” en contraste con su hermano menor, que no había hecho más que fracasar estrepitosamente su vida.

El diccionario de la R.A.E. entre varias de sus acepciones, define la palabra “gracia” como:

Don gratuito de Dios que eleva sobrenaturalmente la criatura racional en orden a la bienaventuranza eterna.
Beneficio, don y favor que se hace sin merecimiento particular; concesión gratuita.
Amados: todas, Todas, TODAS, ¡ABSOLUTAMENTE TODAS! las bendiciones que nuestro amado Papá Dios tiene para nosotros, son inmerecidas. En nuestra condición y naturaleza heredadas de nuestro padre Adán; nada hicimos, nada podremos hacer, para ganarnos derechos sobre la voluntad y providencia divinas para nosotros. Es todo 100% GRACIA. En todo caso estamos autorizados a pedir  a Dios algunas de sus promesas que El, en su soberana gracia ya había hecho para nosotros.

Al final, el hijo mayor que se quedó, que estuvo toda su vida viviendo en la misma casa de su padre, bajo su mismo techo; había permanecido cerca de su padre sólo en lo físico. Cercanía física, pero su corazón nunca estuvo más lejos del de su padre, en contraste con el de su hermano menor que con un corazón contrito y humillado vuelve a la presencia del padre.

He visto personas alejarse de Dios el Padre, hacer estragos en sus propias vidas y las de quienes les rodeaban, y finalmente volver arrepentidos y quebrantados, ya no a un templo, a un grupo de personas que conforman una iglesia, sino ante la mismísima presencia del Padre. Uno de ellos fui yo.

Por otra parte, teniendo cargos, liderazgos, funciones o simplemente habiendo permanecido todo el tiempo, como el hijo mayor; también creí estar en posición de demandar, reclamar bendiciones de Dios porque “hice suficientes méritos para tener derecho a ellas”.

Un corazón como el del hijo mayor: más cerca de la casa que del corazón del dueño de casa. Más cerca de una iglesia que del corazón de Dios.

Recuerda,  por tanto,  de dónde has caído,  y arrepiéntete,  y haz las primeras obras;  pues si no,  vendré pronto a ti,  y quitaré tu candelero de su lugar,  si no te hubieres arrepentido.

(Apocalipsis 2:5 RV60)

Luis Caccia Guerra
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24 jul. 2016

La batalla contra la amargura

“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra”

(Salmos 73:25)

Me gusta Asaf. Es sincero, no se anda con rodeos con Dios. Le habla con la franqueza de un amigo y con la devoción de un profeta. Asaf es de esa clase de personas que cae bien o cae mal, sin ambigüedades ni diplomacias humanas, que no se andan en politiquerías, ni juegos de palabras. Que hablan con verdad aquello que piensan. Su sentido de la justicia debe haberle propinado una buena suma de adversarios. Era un hombre que procuraba la rectitud, pero era consciente de que esta virtud escaseaba cada vez más. Al mirar a su alrededor, veía que el falto de integridad prosperaba y que el desleal avanzaba sin tropiezos. Los arrogantes amontonaban bienes y parecían no tener obstáculos capaces de detenerlos. El mundo en el que vivía Asaf parecía funcionar al revés; y en un mundo al revés están mal los pocos que viven al derecho.

Asaf, un hombre de gran introspección, evaluaba su vida y comparaba su condición con la de aquellos soberbios. Veía que, a diferencia de aquellos injustos, él recibía azotes y castigos cada día. Una existencia de fidelidad a Dios y a su Palabra parecía ilógica e improductiva. Tales pensamientos pueden asolar a los justos. Asaf sintió la amargura punzante en su machacado corazón: “Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas” (Salmos 73:21). La envidia carcomía sus huesos y estuvo a punto de capitular en su fe. Ese hubiera sido su final, pero encontró sabiduría en sus devociones. Dios le haría entender realidades más allá de lo temporal y lo visible. Su oración terminó diferente a como comenzó. Asaf aclararía sus ojos con el colirio que hay en la presencia de Dios. Sus últimas palabras son reveladoras; evidencian la transformación interna que experimentó y que le dio perspectiva para vivir en lo adelante: “Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras” (Salmos 73:28). Peleó una formidable batalla contra la amargura y ganó. Por ello su testimonio nos alecciona y nos ánima.

No hay que ser un gran observador para notar que los tiempos que vivimos no son mejores que los que vivió Asaf. Que no importa en qué lugar del mundo vivas, allí también abundan los arrogantes, los megalómanos, los psicópatas, los que no ponen la justicia de Dios como meta diaria en sus vidas. La cuestión no es entender qué hacen ahí o hasta cuándo harán estas cosas, sino qué haremos al respecto. Seré sincero, he hecho muchas veces la oración de Asaf. He orado así cuando he visto el atropello en sitios donde debe existir solo la gracia. Con perplejidad he observado cómo el poder corrompe a un santo y cómo sus obras son inconsecuentes a su llamado a ser como Cristo. He visto la mundanalidad fuera y dentro de los predios sacros. Mis oraciones han reflejado el estado de mi corazón y he pensado que la inocencia ha pasado de moda, que la virtud es una pesada carga y que la justicia solo granjea enemigos.

Mis pies han estado a punto de resbalar. He sido torpe, como un animal sin entendimiento. Sin embargo, Dios ha sido tierno y paciente para enseñarme. En esos tiempos de sublime gloria en la oración, o mientras ojeo la Escritura con sed de verdad, he comprendido el corazón de Dios. No haré protagonista de mi historia a los soberbios. No caminaré aletargado por el oprobio de los altaneros. Ni siquiera temeré a la infamia del escarnecedor. Lo tengo claro: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Apocalipsis 22:11).

Estoy enamorado de mi Cristo. Vivo fascinado con la salvación que he recibido. Me gozo con cada dádiva celestial y sonrío ante tanta gracia inmerecida. Todo eso a pesar de que el soberbio seguirá ahí, aun por un tiempo. Prefiero la virtud en soledad y sin halagos a sus opulentas vidas desprovistas de obediencia y temor de Dios. Elijo ser corregido por el Señor, aunque duela mucho, que imitar conductas desacordes al carácter y la voluntad de Dios. Aunque casi me gana la amargura, Dios me ha dado la victoria. Tengo mi esperanza en Cristo y contaré sus maravillas.

Osmany Cruz Ferrer
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23 jul. 2016

Cuando se destapan las cloacas

Se había desatado una nueva ola de delitos, una nueva ola de robos. Los ladrones habían empezado a robar las tapas de hierro de las cloacas, y luego vendían el metal como chatarra. La ciudad de Beijing, China, en particular, estaba sufriendo triple perjuicio.

El primer perjuicio era el robo de las tapas, que tenían que ser repuestas. El segundo era la cantidad de peatones y ciclistas que caían dentro de las cloacas. Y el tercero era el olor nauseabundo de las aguas negras que emanaba por toda la ciudad.

Donde se amontona la gente, proliferan los delitos. Y entre los delitos más comunes y más perturbadores está el robo. El detrimento es tal que ya no se puede vivir seguro en ninguna parte. Y ahora se añade a estos delitos el destape de cloacas.

Algún tiempo atrás comenzó en Madrid, España, lo que allí llamaron «El destape». Pronto se había extendido a muchos países de América Latina. ¿Qué era el tal destape? Suponía ser la liberación del espíritu humano, aprisionado por tradiciones religiosas. Pero resultó ser la introducción de toda clase de literatura. En realidad lo único que destaparon fue la cloaca de la naturaleza pecaminosa humana. Los quioscos de Madrid, y del mundo, se llenaron de revistas nocivas y pornográficas.

¿Qué ocurre cuando se destapa la mente del hombre? ¿Qué sale a la luz cuando se descartan restricciones de decencia y moralidad? Basta recoger el periódico del día, o encender el televisor, o abrir las páginas de una revista o entrar por las puertas de un cine. Es igual que abrir una cloaca y poner al descubierto lascivia, engaño, falsedad y violencia.

Cuando se destapa la mente del hombre, se expone todo lo que hay en su corazón. Y si ese corazón no ha sido purificado, lo que sale es putrefacción e inmundicia. Ya lo decía Anatole France, el novelista francés: «Si a la sociedad le diéramos vuelta, como a una media, nos moriríamos de consternación y de asco.»

A pesar de todos los logros de la humanidad, el hombre todavía no se ha limpiado de su vieja corrupción. Si en los consultorios de los psiquiatras se barriera todo lo que vuelcan los pacientes, se sacarían toneladas de basura.

No obstante, todo el que lo desee puede ser purificado. Hay limpieza total, efectiva y gratuita al alcance de cualquiera. La Biblia dice que la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Cuando creemos en Cristo y nos sometemos de lleno a su señorío, Él limpia por completo nuestro corazón. No existe en el mundo entero un gusto más grande que sentirnos limpios por dentro. Eso es lo que hace Cristo. Rindámosle hoy nuestro corazón.

Hermano Pablo
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22 jul. 2016

Toma una posición

Oigo de muchos creyentes que han bebido de la copa de la desesperación. Han enfrentado tantos traumas y han soportado tantas crisis que ahora están exhaustos. Están tan abrumados que piensan que una preocupación más, un temor más, y quedarán destruidos sin esperanza. Han llegado al límite de sus fuerzas, al final de sí mismos.

¿Qué dice Dios a un pueblo tan atemorizado que se estremece por la ansiedad? ¿Cuál es su solución para aquellos cuyos corazones están llenos de miedo, cuyos ojos están fijos en las calamidades que vienen sobre ellos? Él les da a esta palabra: “¡Despierta! ¡Levántate!” (Ver Isaías 51:17). Esta es la condición que Dios nos pone para que Él pueda quitar la copa de estremecimiento de nuestros labios: "¡Levántate! ¡Toma una posición! "

Amado, con todo lo que viene, con hombres malos que se vuelven cada vez más viles y malvados, con crisis económicas que continúan aumentando, el pueblo de Dios necesita más que mensajes alentadores. Necesita más que solo sermones que reactiven una fe de corta duración. Un hombre me escribió: “Sus mensajes recientes parecen repetitivos. Mensaje tras mensaje tratando de animar a los creyentes desesperados. Suena como que pocos saben cómo echar mano de una fe que no tiene que estar siendo constantemente reactivada. ¿Es que acaso no conocen su Biblia?”

Esta misma preocupación tenia Dios por Israel. ¿Cuál fue la respuesta del Señor a su acusación? Él le dijo: “¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?” (Isaías 51:12). En otras palabras: "He puesto mis palabras en tu boca, te he cubierto con mi mano, he dado mi palabra de que son mi pueblo, pero todavía no te convences de que seré fiel en llevar a cabo la palabra que he hablado. Todavía le temes a hombres que se desvanecen como la hierba”.

Pablo predicó que: “Dios repartió a cada uno una medida de fe” (Ver Romanos 12:3). A todos los creyentes se les da una porción o grado de fe, y esa porción debe desarrollarse en una fe inquebrantable y firme. ¿Como sucede esto? A medida que crece la fe, se fortalece de una sola manera: por el oír y confiar en la palabra de Dios.

David Wilkerson
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21 jul. 2016

¿En que tiempo vivimos?

“Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.”

Mateo 24: 33-37 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Creo que al igual que yo, ustedes alguna vez se han preguntado: ¿En qué tiempo estamos? ¿Estamos en tiempos apocalípticos o finales? Mirando alrededor, no nos preguntamos qué papel están jugando los principales acontecimientos mundiales, los personajes y  como se relacionan con las profecías de La Biblia?  Y lo que es más importante, cuál debe ser nuestra actitud, nuestra respuesta, nuestra postura?; o estamos preparados para la venida de nuestro Señor, si viniera hoy? Porque solo el Padre sabe, el día y la hora y el enredarse en discusiones de si El Señor vendrá antes o después de la gran tribulación, no cambia en nada el hecho de quienes somos en Cristo  y  en qué estado espiritual vivimos, si nos vamos con El, o nos quedamos.

El pasado Domingo en la madrugada, un Club Nocturno en Orlando, FL. Donde funciona Disney y es un lugar turístico y muy concurrido,  ocurrió una masacre aterradora, que todos deben conocer, pues el mundo entero se conmovió con esta noticia; la masacre fue perpetuada por un solo hombre, contra la comunidad gay (LGTB) como se le conoce en los Estados Unidos y  hasta donde apuntan las investigaciones el individuo vivía en una ciudad cercana, casado y con un hijo, viviendo en medio de la comunidad, pero que en la intimidad de su hogar, estuvo planeando este ataque mucho tiempo atrás, pues había jurado fidelidad al grupo Isis, la organización terrorista que está sembrando el terror en el medio oriente, decapitando Cristianos y causante de varios atentados en Europa, como todos saben.

Lo grave del asunto es que esta organización está ganando adeptos alrededor del mundo, a través de la Internet y no importa donde vivamos o adonde nos mudemos,  estamos bajo amenaza terrorista, pues viven entre nosotros, son parte de nuestras comunidades y muchos hasta van o han ido a la escuela con nuestros hijos o con nosotros mismos.

Ahora bien, lo preocupante, no es que hayan atacado a la comunidad gay, ese fue solo un foco de su atención, porque ellos no discriminan y quieren dañar todo lo que luzca diferente a su filosofía religiosa y entonces atacan comunidades, donde se congreguen gran cantidad de gente, un aeropuerto, un supermercado, el tren, el metro, las discotecas, los grandes centros comerciales, las escuelas, las universidades, las Iglesias, etc. Por lo anterior, todos, sin importar donde estemos, estamos en peligro y bajo amenaza constante.

Mi propósito hoy hermanos, no es preocuparlos, perdón si por algún motivo lo hago, es advertirles, invitarlos a estar alertas, atentos, a dejar de preocuparse tanto por acumular riquezas y preocuparnos más por  estar preparados y listos, velando, en caso de que nuestro Señor llegue y el arrebatamiento tenga lugar y sea un hecho.

Para mí, este no es el fin todavía, pero si comienzo de dolores, como lo dice el mismo Jesús,  una pre-tribulación, pues por donde quiera que mire en este pequeño globo terráqueo, hay guerras y  amenazas de guerras, todo el mundo quiere armarse, prepararse para defenderse de enemigos futuros o de un posible ataque y hasta me he preguntado si los cristianos deberíamos también de armarnos, pero NO, no podemos actuar igual que los incrédulos,  El Señor es Soberano en esta tierra, su Espíritu Santo está en control y ni una sola hoja de un árbol se cae si no es su voluntad.

Entonces la respuesta a todas las preguntas anteriores, están en Dios, Él tiene las respuestas, pues nuestra confianza debe estar puesta en El, nuestra esperanza, nuestra fe; Él es nuestra fortaleza, quien pelea por nosotros, quien nos da la victoria, quien nos limpia, nos consuela, nos guarda, nos protege, el que cambia nuestro lamento en baile; nosotros debemos permanecer en El y esperar en El, nuestro dueño, y vivir cada día en El, con sus aciertos y desaciertos,  pues no sabemos si  habrá un mañana ni que traerá el día de mañana. Nuestra única preocupación es mantener nuestra lámpara encendida y esperar, pero esperar, todas las cosas en El, y solo en El.

“Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado.”

Mateo 24: 38-40 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Hefzi-ba Palomino
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20 jul. 2016

Firmes y confiados

“Cristo…hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza. Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años” (Hebreos 3:6-9, la cursiva es mía).

“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio” (3:12-14, la cursiva es mía).

Yo creo, así como también otros atalayas, que ya estamos viviendo los días que Jesús anunció. En todo el mundo, los corazones de las personas están desmayando de miedo, al ver cómo están llegando las cosas terribles sobre la tierra.

Sin embargo, en medio de toda esta ansiedad y miedo, nosotros, los que confiamos en el Señor, escuchamos Su Palabra diciéndonos: "Estén firmes y confiados hasta el final".

El hecho es que cada vez que el miedo se aumenta, Dios nos llama a tener mayor firmeza. Siempre que hay un gran terror y apostasía, Él nos llama a tener una mayor confianza. Siempre que hay tristeza y desesperación, Él nos llama a aumentar nuestro gozo y alegría.

Esa es la naturaleza de nuestro Padre celestial. Él ha hecho provisión para que Su pueblo se aferre y conserve su alegría en el más severo de los tiempos difíciles.

Sin embargo, hay una condición vinculada a esta provisión y es un gran “si”:

"Somos hechos participantes de Cristo, con tal que [si] retengamos firme hasta el fin…Cristo…la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza " (Hebreos 3:14, 6, la cursiva es mía).

¿Por qué se nos da esta palabra de advertencia? Es porque hay fuerzas poderosas obrando hoy en contra de cada creyente que retenga con firmeza una fe confiada.

David Wilkerson
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19 jul. 2016

¿Cual mano tuvo la culpa?

Fueron dos manos juntas, dos manos de la misma sangre, unidas firmemente. Pero no eran manos unidas en oración. Esas dos manos empuñaban juntas un revólver. Y juntas dispararon el arma.

El problema del jurado era decidir qué dedo, de cuál mano, fue el que apretó el gatillo. Porque ambos hermanos, Jesse Hogan y su hermana Jean, habían matado a la enfermera Ana Urdiales. El jurado decidió, por fin, que fue el dedo de Jesse el que apretó el gatillo. Así que condenaron a Jesse a muerte.

He aquí un caso dramático. Dos personas, hermano y hermana, empuñan un arma y con ella matan a una enfermera. Ambas manos sostienen el revólver, pero es un solo dedo el que hace el movimiento fatal. A una mano, la que no apretó el gatillo, le corresponde un castigo menor; a la otra, la pena de muerte.

¡Cuántas veces son dos manos las que cometen el delito, pero una sola recibe el castigo! ¡Cuántas veces el mal que se comete es resultado de otros elementos que han contribuido al mal, pero sólo una persona es castigada!

Una persona bajo la influencia del alcohol comete un asesinato, y sólo ella lleva la culpa. Pero ¿qué del fabricante de licores? ¿Qué del que anuncia con llamativa propaganda su veneno? ¿Qué del que vende el licor? Es más, ¿qué de las leyes que autorizan tales ventas? ¿No tienen todos ellos, también, la culpa de ese homicidio?

Una muchacha se escapa de su casa y se hace miembro de una pandilla callejera. Allí prueba drogas. Para tener con qué comprar las drogas, se vuelve prostituta. A causa de la prostitución, contrae SIDA. Así infecta a decenas de hombres que a su vez infectan a sus esposas. Y las que están embarazadas le transmiten el SIDA al hijo que está por nacer.

¿Quién es culpable? ¿La joven infectada? Claro que sí, pero junto con ella tienen la culpa, también, los padres, si no le dieron un hogar amoroso, las pandillas callejeras, los narcotraficantes y los hombres lujuriosos que compraron por una ínfima cantidad de dinero el cuerpo y el alma de aquella mujer.

Nadie peca solo. Todo lo que hacemos tiene repercusiones enormes. El pecado de Adán ha manchado la vida de toda la humanidad de todo tiempo y de todo lugar. Nadie peca solo.

Sólo Dios puede hacernos cambiar nuestra conducta. Lo hace cuando cambia nuestra vida. A esto Cristo lo llama «nacer de nuevo». Busquemos el perdón de Dios. Cuando Él limpia nuestro corazón, la semilla que sembramos produce vidas sanas y puras.

Hermano Pablo
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18 jul. 2016

El amor de mi padre

Una madre se quedará con su hijo enfermo hasta que llegue la cura. Ella incluso soportaría si el niño rechazara su amor. Ese hijo puede caer en pecado, sin tener en cuenta todas las palabras de orientación y corrección de su madre. Puede llegar a sentirse abrumado por el desaliento o la incredulidad, o llegar a ser orgulloso, terco y rebelde. Sin embargo, a pesar de todo, su madre nunca se da por vencida con él.

Considera la imagen de un águila madre. "Lo guardó [a ti] como a la niña de su ojo. Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas" (Deuteronomio 32:10-11). Jesús se refiere a una imagen similar cuando habla de cómo "la gallina junta sus polluelos debajo de las alas" (Mateo 23:37). En tiempos de tormenta, dicha madre oculta a sus pequeños de forma segura y amorosa, debajo de sus alas.

Aquí, estamos hablando del amor más tierno y confiable conocido por los seres humanos. Si entraras en cualquier tribunal y fueras de una sala a otra, verías a hombres jóvenes en juicios por todos los crímenes imaginables. ¿Y quiénes estarían sentadas, mirando? En su mayoría, madres.

Anda a cualquier prisión los días de visita. ¿A quién ves formando las filas para visitar a un hijo o hija en prisión? Madres, cargadas de corazón por el dolor, madres que parecen tener una capacidad ilimitada de amar y perdonar.

Hace muchos años, un viejo predicador escribió: "No sé si el hijo pródigo tenía madre, pero si la tenía, les aseguro que mientras el padre estaba en el techo esperando que su hijo volviera a casa, esa madre estaba encerrada en su habitación, orando y llorando. Más tarde, cuando todos estaban bailando por el regreso del hijo, hallarías a la madre susurrando esperanza y sanidad en el oído de su hijo".

Podemos no entender por qué Dios permite que nuestras aflicciones continúen; por qué los que amamos sufren dolor y tribulación durante tanto tiempo; por qué razón muchas de nuestras oraciones no parecen recibir una respuesta; por qué razón muchas de nuestras preguntas quedan sin respuesta. Pero Dios no está obligado a responder a todas nuestras preguntas. De hecho, puede que no tengamos ninguna respuesta hasta llegar a la gloria.

Sin embargo, hay una cosa que nunca voy a cuestionar: El amor de mi Padre hacia mí, revelado por el Espíritu santo que mora en mi interior.

David Wilkerson
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17 jul. 2016

Lo que aprendí de un gasterópodo

“Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy”.

(Hechos 26:22a)

¿Ha visto un caracol de jardín? La mayoría de ustedes creo que los ha visto, incluso, lo hemos comido, ya que en algunos sitios como aquí en España, es un plato exquisito de verano, pero ese es otro tema…  Centrémonos en el caracol como criatura y no como comida. ¿Cuánto cree que avanza un caracol por cada hora invertida en desplazamiento? Los que han investigado a este curioso molusco aseguran que no avanzan mucho más de 12 metros por hora. No parece que sea un buen record, no creo que uno de ellos vaya a los próximos juegos olímpicos. Sin embargo, antes de criticarlo, no olvide que lleva su propia casa a cuestas. ¿Cuánto avanzaríamos en una hora si tuviéramos que andar con nuestra casa a la espalda? Quedaríamos aplastados y no avanzaríamos nada. He dejado de ver al caracol como la metáfora de la lentitud, ahora lo veo más como un fisiculturista que levanta coches con una mano, pero de andar sereno.

Imagine el asombroso cuadro de todos los animales entrando al Arca de Noé. Los raudos mamíferos, los escurridizos reptiles, las vertiginosas aves y en alguna parte del camino, el caracol. Nadie apostaría que llegaría a tiempo al Arca para escapar del diluvio, pero con su perseverancia llegó, y ahora pueblan nuestros jardines como testimonio de que la persistencia puede ser más valiosa que la inteligencia o la rapidez. Salomón vio en la hormiga y el conejo enseñadores sabios puestos por Dios para nuestra ilustración. Jesús mismo usó la figura de la gallina para expresar su amor por Israel. Sin dudas, toda la creación nos envía mensajes que haríamos bien en discernir para nuestro provecho. El caracol nos alecciona sobre la persistencia, sobre seguir adelante sin considerar cuán rápido puedan hacerlo otros.

El mundo que nos rodea es cada vez más competitivo. Tal parece que en un entorno de aves, mamíferos y reptiles, no hay cabida para caracoles, pero la historia ha demostrado lo contrario. Nadie apostaría por Juan Bunyan, un hojalatero inglés semianalfabeto convertido al evangelio, pero él escribió El progreso del peregrino, uno de los libros cristianos más leídos y traducidos en el mundo. Nadie diría que George Whithefield podría predicar 18,000 sermones con un solo pulmón funcional, pero hoy es recordado como el príncipe de los predicadores al aire libre. Quién creería que el zapatero William Carey llegaría a la India y marcaría el comienzo de las misiones modernas con su empuje y determinación, sin embargo, sus traducciones de la Biblia son usadas todavía hoy. Podría seguir la lista de docenas de “caracoles” sin probabilidades humanas de alcanzar aquello que Dios le prometió, pero hicieron proezas porque no se detuvieron jamás.

No hay nada malo en ser como ese pequeño gasterópodo. No hay que sentir lástima por nosotros, o quejarnos por no ser más rápidos o más listos, solo hay que perseverar hasta alcanzar las promesas de Dios. Abraham Lincoln dijo: “Camino lento, pero nunca camino hacia atrás”. Ahí está nuestra fortaleza, en persistir, a nuestro ritmo, con nuestras fuerzas, pero sin rendirse nunca. Como diría el escritor a los Hebreos: “nosotros no somos de los que retroceden” (Hebreos 10:39 a).

Osmany Cruz Ferrer
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16 jul. 2016

¿Que hacer cuando me siento tentado?

Todos estamos en una constante lucha, una lucha diría en contra de lo nuestra naturaleza pecaminosa quisiera hacer pero que sabemos que ofende a Dios. Y es que ahora que vivimos para Dios todo cambia, ahora ya no vivimos para satisfacer nuestros deseos pecaminosos sino para negarnos a ellos y con ello agradar a Dios.

Hay hábitos que a lo mejor antes practicábamos y sabíamos que desagradábamos a Dios, y ahora tratamos de evitarlos, pero no podemos negar que la sensación de volver a esos hábitos a veces aparece de la nada, es como que después de mucho tiempo vuelves a sentir la inclinación a hacer lo que hace tiempo dejaste de hacer y entonces es allí en donde se libra la batalla entre el querer hacer lo malo y evitar hacerlo.

La Biblia nos da un consejo muy sabio para esas ocasiones:

“No se dejen vencer por el mal. Al contrario, triunfen sobre el mal haciendo el bien.”

Romanos 12:21 (Traducción en lenguaje actual)

Hay hábitos que de practicarlos sabes bien que no te sentirás contento, al contrario traerán consigo frustración, desanimo, sentimiento de culpa y otros que tu mismo conoces. Y es que la mayoría de nosotros sabemos que hacer lo incorrecto nunca nos hará feliz, pero aun así insistimos en pensar y a veces hasta en llevar acabo lo malo.

Quizá estos días te has sentido inclinado a volver hacer aquello que dejaste de hacer hace tiempo porque comprendiste que estabas mal, quizá la tentación de los últimos días ha sido muy fuerte, sin embargo eso nunca será razón para caer en eso que sabes bien que no es correcto.

La Biblia nos aconseja que para vencer el mal (en este caso ese deseo profundo de ir a hacer el mal), lo hagamos haciendo el bien.

¿Qué es lo que tengo que hacer cuando me sienta muy tentado a pecar o caer en el mismo mal hábito de cual hace tiempo deje de practicar?

Si te sientes sumamente tentado por lo general lo sentirás cuando te encuentres solo, por lo tanto una buena medida para contrarrestar esto es buscar compañía de personas que edificaran tu vida o te darán ánimos o consejos para vencer la tentación. (“La verdad, «más valen dos que uno», porque sacan más provecho de lo que hacen. Además, si uno de ellos se tropieza, el otro puede levantarlo. Pero ¡pobre del que cae y no tiene quien lo ayude a levantarse!” Eclesiastés 4:9-10 (Traducción en lenguaje actual)).
Para vencer el mal con el bien puedes también en esos momentos de tentación ir hacer totalmente lo contrario, si te sientes tentado en lugar de ir corriendo para acceder a la tentación podría ir y doblar tus rodillas para orar pidiendo a Dios que te ayude a soportar la tentación. Jesús dio este consejo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Marcos 14:38 (Reina-Valera 1960).
Leer la Biblia es indispensable en esos momentos de tentación, porque ella nos enseña a mantenernos firmes a pesar de cualquier situación y a tener ánimo, porque la verdad es que no hay tentación que sea insoportable, nosotros somos capaces de soportar toda tentación que venga a nuestra vida, si lo hacemos de la manera correcta. La Biblia dice: “Todo lo que está escrito en la Biblia es para enseñarnos. Lo que ella nos dice nos ayuda a tener ánimo y paciencia, y nos da seguridad en lo que hemos creído.” Romanos 15:4 (Traducción en lenguaje actual).
Tenemos que entender que Dios no va a permitir que seamos tentados más de lo que podamos soportar, es decir que si estás siendo tentado en cualquier situación que sea es porque tú tienes en Dios la capacidad de vencerla, pues Dios es quien te guía hacia la victoria. “Ustedes no han pasado por ninguna tentación que otros no hayan tenido. Y pueden confiar en Dios, pues él no va a permitir que sufran más tentaciones de las que pueden soportar. Además, cuando vengan las tentaciones, Dios mismo les mostrará cómo vencerlas, y así podrán resistir.” 1 Corintios 10:13 (Traducción en lenguaje actual).
Querido amigo o amiga, hoy es un día en donde Dios quiere que comprendas que la tentación de la cual estás siento presa es totalmente soportable, no creas que no vas a poder ni que eso es más fuerte que ti, cuando tu depositas tu vida a Dios y te sometes a su voluntad totalmente, entonces debes estar seguro que no hay tentación que no puedas vencer, pues Dios estará contigo dándote la capacidad para vencerlas.

Las tentaciones no van a desaparecer, lo que debemos entonces hacer es tomarnos de la mano de Dios, someternos a su voluntad, sumergirnos en su presencia para estar más fuertes y poderlas enfrentar de una mejor manera.

No le pidas a Dios que quite de tu vida las tentaciones, porque eso no es posible, mientras estemos en este mundo seremos tentados a diario, lo que si puedes pedirle es que te de la capacidad y fortaleza necesaria para enfrentarlas y vencerlas y eso solo se logra cuando nos consagramos a Dios y nuestra vida depende de Él.

¡Tú puedes!, no me digas que no puedes, no me digas que eso es más fuerte que ti, lo único que necesitas es buscar de Dios con un corazón humilde y sincero y entonces Dios hará maravillas en tu vida y esa tentación que ahora sientes que es insoportable se convertirá en algo que vencerás y darás testimonio de la capacidad que Dios te dio para vencer lo que antes creías que era invencible.

¡No hay tentación imposible de superar! ¡Cuando Dios está de tu lado eres más que vencedor!

Enrique Monterroza
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