Entradas

Apunta alto

Imagen
En mi país se califica los exámenes escolares con una escala del 1 al 10. “1” es todo mal, “10” es todo bien. En cierta oportunidad la maestra preparó tres exámenes para sus alumnos con diferentes grados de dificultad. Uno con mayor cantidad de preguntas y más difícil, otro con menos preguntas y exigencia media y finalmente, uno muy fácil y con menor cantidad de preguntas. El día de la prueba, se los informó a sus alumnos y les dijo que se sintieran en absoluta libertad de elegir cada uno, cuál de los exámenes quería realizar y que no se preocuparan por la calificación, ya que independientemente del grado de dificultad del examen, la calificación iba a ser justa y equitativa para todos. Es así como la mayoría eligió el más fácil; unos pocos se aventuraron con el de media dificultad y sólo dos lo intentaron con el más difícil.

Al término de la jornada escolar, y para sorpresa de sus jóvenes alumnos, la maestra ya tenía todos los exámenes calificados. A los de menor dificultad les habí…

La necesidad de ser salvos

Imagen
Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios es por la salvación de Israel. (Romanos 10:1)


En Romanos 10:1-4, Pablo expresa su intensa pasión de que muchos en la nación de Israel fueran salvos. No creo que haya ninguna palabra en el vocabulario cristiano que haga sentir a la gente más incómoda que la palabra “salvo”. La gente se encoge cuando la oyen. Quizás conjure visiones de zelotes ―normalmente con mal aliento― que vienen y te agarran y te dicen: “Hermano, ¿has sido salvo?”. O quizás produce visiones de una diminuta banda de cristianos en una reunión callejera enfrente de una taberna cantando: “A los vientos dale voz: ¡Jesús salva! ¡Jesús salva!”. Sea cual sea la razón, sé que a la gente le molesta esta palabra.

Nunca me olvidaré la mirada de asombro en la cara de un hombre que vino a mí en un cine. El asiento a mi lado estaba vacío, y me dijo: “¿Está salvo este asiento?”. Le dije: “No, pero yo sí lo soy”. Él encontró un asiento al otro lado del pasillo. De a…

Conquistador poderoso

Imagen
… Mi reino no es de este mundo… (v. 36).

Lectura: Juan 18:10-14, 36-37

Casi todos esperamos buenos gobiernos. Votamos, trabajamos y hablamos por causas que consideramos justas. Sin embargo, las soluciones políticas no tienen poder para cambiar nuestro corazón.

Muchos de los seguidores de Jesús esperaban la llegada de un Mesías que enfrentaría con un enérgico poder político a Roma y su agobiante opresión. Pedro no era la excepción. Cuando los soldados romanos fueron a arrestar a Jesús, sacó su espada y le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote.

Jesús lo detuvo, diciéndole: «Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?» (Juan 18:11). Horas después, le diría a Pilato: «Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos» (v. 36).

Cuando reflexionamos en el alcance de su misión, nos asombra el equilibrio de Jesús en aquel momento, ya que, un día, Él liderará a los ejér…

Cuando Dios enciende un fuego

Imagen
Cuando los ciento veinte discípulos se reunieron fielmente en el aposento alto, no estaban simplemente esperando una fecha en el calendario. La Biblia dice que: "estaban todos unánimes juntos" (Hechos 2:1). Esto significa que se habían reunido como un solo cuerpo con un propósito: la esperanza de ver cumplida la promesa de Jesús. Su clamor era el mismo que en los días de Isaías: "Señor, abre los cielos y desciende. Que todas las montañas de oposición, humanas y demoníacas, se derritan en Tu presencia, para que los perdidos sean salvos "(Isaías 64:1).

CAE EL FUEGO VISIBLE

Sabemos lo que pasó: El Espíritu Santo cayó, como fuego visible que se apareció sobre las cabezas de los discípulos. Este derramamiento santo los llevó a las calles de Jerusalén, donde miles de religiosos sin vida vieron y escucharon lo que estaba sucediendo. Inmediatamente el Espíritu cayó sobre esa multitud, derritiendo cada montaña de oposición. Pedro se levantó para predicar, y de repente aque…

Desayunando con Jesús

Imagen
“Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor”

(Juan 21:12)

Los eventos de días anteriores estaban todavía frescos en la memoria de los dispersos discípulos. El arresto de Jesús en Getsemaní, los azotes infligidos al Maestro en el pretorio hasta su desfiguración, los escupitajos mientras el Cristo cargaba el patibulum por la Vía Dolorosa, la crucifixión ignominiosa en el Gólgota, la muerte por asfixia junto a aquellas dos lacras de la sociedad. Todo estaba tan confuso, que la tristeza se había adueñado del corazón de aquellos que otrora habían estado pletóricos de júbilo por echar fuera demonios y ver grandes milagros.

Pedro estaba especialmente desalentado. Le había fallado a Jesús en el momento que él más lo necesitaba. Negó al Señor aunque antes había prometido acompañarlo hasta la misma muerte. Había sido desleal y cobarde. Su conciencia le aguijoneaba y su dislate estaba sin resolver aún. Entonces, e…

¿Por qué la gente se tropieza?

Imagen
¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mientras Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino dependiendo de las obras de la Ley, de modo que tropezaron en la piedra de tropiezo, como está escrito: “He aquí pongo en Sión piedra de tropiezo y roca de caída; y el que crea en él, no será defraudado”. (Romanos 9:30-33)


Dios dice que hay una manera por la cual puedes saber si estás siendo atraído por el Espíritu a salvación o si estás siendo permitido por Dios permanecer donde ya estabas, perdido y condenado: La forma en la que puedes saberlo es por lo que haces con Jesús. Dios plantó una piedra en medio de la sociedad. Cuando caminas por un camino y llegas a una gran piedra plana en medio del camino, hay dos cosas que puedes hacer. Puedes tropezarte con ella o puedes alzarte sobre ella, o lo uno o lo otro. Eso es lo que es Jesús.

Los judí…

Lidera con amor

Imagen
Más bien te ruego por amor… (v. 9).

Lectura: Filemón 8-18

En su libro Liderazgo espiritual, J. Oswald Sanders explora las cualidades y la importancia del tacto y la diplomacia: «De la combinación de estas dos palabras surge el concepto de la capacidad de reconciliar puntos de vista opuestos sin ofender ni comprometer un principio».

Durante su encarcelamiento en Roma, Pablo se convirtió en mentor espiritual e íntimo amigo de Onésimo, un esclavo que había huido de la casa de su amo Filemón. Cuando el apóstol le escribió a Filemón para pedirle que recibiera a Onésimo como un hermano en Cristo, dio un ejemplo de tacto y diplomacia: «aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, más bien te ruego por amor […]. [Onésimo es] como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor» (vv. 8-9, 16).

Como líder respetado de la iglesia primitiva, Pablo solía dar órdenes claras a los seguidores de Cristo, pero, en este caso, apeló …