26 febrero 2017

Todo por Dios

“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”.

Marcos 12:30 (Reina-Valera 1960)

A veces estamos dispuesto a hacer todo por alguien a quien amamos o apreciamos, pero pocas veces mostramos la misma determinación por hacer todo por Dios.

Al leer la Biblia me doy cuenta que la gran mayoría de los hombres que hicieron historia y a quienes Dios eligió fueron hombres que estuvieron dispuestos a hacer TODO POR DIOS.

Veo a un Noé dispuesto a construir un arca gigante en obediencia al mandato de Dios. Veo a un Abraham dispuesto a sacrificar a su hijo por obediencia a Dios. Veo a un Moisés dispuesto a dejar la comodidad de su casa y familia por obedecer a Dios e ir a rescatar a Israel del cautiverio egipcio. Veo a un David dispuesto a morir en combate ante un gigante con experiencia en batalla solo por honrar el nombre de Dios y defender a su pueblo. Veo a un Salomón capaz de pedir cualquier cosa que quisiera que Dios le diera, pero lejos de pedir riquezas pidió sabiduría para guiar al pueblo de Dios. Veo aun Elías dispuesto a enfrentar a profetas de baal para no permitir que el Nombre de Dios se pierda entre idolatras. Veo a un Esteban y un Pablo dispuesto a morir apedreado por predicar el evangelio.

Todos estos hombres y muchos más estuvieron dispuestos a hacer todo por Dios, sin importar que sus vidas corrieran peligro, pues si intención era hacer lo que Dios les había enviado a hacer.

Yo te pregunto y me pregunto: ¿Estaremos nosotros dispuestos a hacer todo por Dios?, es decir: ¿Estaríamos dispuestos a hacer cualquier cosa por Dios?

Es hora de reflexionar en el amor que decimos sentir por Dios, que ese amor no solo sea un sentimiento pasajero producido por emociones momentáneas provocadas por una “alegría”, sino que el amar a Dios sea un sentimiento y una decisión que nos mueva a ser capaces de hacer TODO POR DIOS.

¿Queremos hacer historia?, ¿Queremos provocar cambios en nuestra generación?, ¿Queremos contagiar a otros del amor de Dios?, entonces estemos dispuestos nosotros a hacer TODO POR DIOS para que otros también quieran hacer lo mismo que nosotros.

Demostremos con hechos el amor que decimos sentir por Dios, tratando de hacer TODO POR DIOS.
“Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones”

Deuteronomio 7:9 (Reina-Valera 1960)

Enrique Monterroza
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25 febrero 2017

La vida sin sustitutos

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas.”

Deuteronomio 6:5 (Nueva Versión Internacional)

Obedecer es algo dificil, todos queremos hacerlo y es algo que Dios espera de nosotros, pero en ocasiones tomar una decisión entre lo que nuestra naturaleza humana quiere y nuestro espíritu desea son grandes batallas que tenemos que enfrentar, nuestro cuerpo y nuestro espíritu son totalmente diferentes y tener que decidir entre uno de los dos muchas veces nos hace elegir el lado más fácil, el que más nos hace sentir bien y eso a veces nos  aleja de Dios.

La voz de Dios nunca deja de oírse, Él nos habla desde que despertamos hasta que nuestro día termina, las cosas o actividades que intentan sustituirlo siempre están ahí, presentes, esperando que hagamos uso de ellas en lugar de escuchar lo que Dios quiere decirnos.

Nunca sustituyas momentos hermosos en la presencia de Dios por instantes que no producen nada bueno en ti, la obediencia es el primer paso para poder acercarse a Dios, es necesaria un relación con Dios y eso solo se obtiene estando dispuestos a dejarlo todo por seguirlo a Él.

Siempre habrá algo que nos guste hacer a lo que en ocasiones tendremos que renunciar, tal vez te has estado enfrentando a tener que tomar decisiones entre lo que todo mundo hace y lo que te dice la voz de Dios que Él quiere, normalmente las cosas que sustituyen nuestro tiempo con Dios son cosas que son agradables a nuestro ser, no con eso quiere decir que todo sea orar y orar todo el día, pero si tener claro que cosas ocupan el lugar más importante en nuestra vida.

Amar a Dios con todo tu corazón alma y fuerzas  abarca tus principales sentimientos, pensamientos, deseos, antes que cualquier cosa que puedas desear, deja que tu espíritu se alimente en una relación sin sustitutos, que nada reemplace los momentos en los que Dios quiere bendecirte.

Nada puede sustituir la relación que Dios te ofrece, ni el mejor de los pensamientos, ni la actividad que tanto te distrae, nada que no sea Dios puede producir ese sentimiento de seguridad,  hay muchas cosas que pueden ser sustituidas, pero una relación con Dios nunca.

¿Cuántas cosas de tu vida ocupan hoy  el lugar de los momentos que originalmente eran entre Dios y tu? Lo que nos consume tiempo que debiéramos invertir en Dios, esos son los sustitutos.

 Maite Leija
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24 febrero 2017

Ninguna condenación

Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, pero con la carne, a la ley del pecado. Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Romanos 7:25b-8:1)


Pablo dice: “Quiero hacer el bien. Creo en él. Me deleito en la ley de Dios en mi ser interior. He sido cambiado; estoy de acuerdo que la ley es buena, pero encuentro que no la puedo hacer”. En su mente es despertado al valor y la justicia de la ley de Dios, pero el pecado en su carne se opone a esto y se apodera de él y hace de él un siervo a la ley del pecado, aunque no quiera serlo.

¿Cómo hace para romper este agarre? Pablo está diciendo que, aunque a veces luchamos, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. La razón por la cual no hay condenación es dada en una sola pequeña frase: “en Cristo”. Eso vuelve justamente a nuestra justificación por fe: Salimos de Adán, estamos en Cristo, y Dios nunca condenará a aquellos que están en Cristo. ¡Nunca lo hará! Tenemos que entender lo que significa “ninguna condenación”. Ciertamente, el elemento más básico es que no hay rechazo de Dios. Dios no nos da de lado; no nos echa de Su familia. Si somos nacidos a la familia de Dios por fe en Jesucristo, el Espíritu Santo ha venido a vivir con nosotros, y nunca, nunca nos dejará. Otra cosa que “ninguna condenación” significa es que Dios no está enfadado contigo cuando hay batallas en tu vida. Quieres ser bueno, y quieres dejar de hacer lo que es malo, pero, cuando llega el momento de la tentación, te encuentras dominado y débil, y caes. Entonces te odias a ti mismo. Estás frustrado, sintiendo: “Oh, ¿qué es lo que me ocurre? ¿Por qué no puedo hacer esto? ¿Por qué no puedo actuar como quiero hacerlo?”. Y aunque te condenes a ti mismo, Dios no lo hace. No está enfadado contigo sobre ello.

La bella figura es la de un padre tierno, cariñoso, que mira a su niño pequeño comenzar a tomar sus primeros pasos. Ningún padre se va a enfadar con su niño pequeño porque no se pone en pie y comienza a correr la primera vez que intenta caminar. Si el niño se cae y se tropieza, el padre le ayuda, no le da una azotaina. Le pone en pie, le da ánimos y le enseña cómo hacerlo bien. Y si el niño tiene problemas con sus pies, quizás un pie esté torcido o deformado, el padre encuentra una forma de aliviar su condición y ayudarle a caminar. Eso es lo que hace Dios. No está enfadado cuando estamos luchando. Sabe que nos va a tomar un tiempo, quizás bastante tiempo a veces. E incluso el mejor de los santos caerá a veces. Esto era cierto de Pablo, era cierto de los apóstoles y era cierto de todos los profetas del Antiguo Testamento. El pecado es engañoso, y nos hará caer a veces. Pero Dios no está enfadado con nosotros.

Padre celestial, estoy eternamente agradecido de que eres lento a la ira cuando continúo corriendo y sigo las cosas de este mundo. Gracias por Tu paciencia y por la abundancia de gracia que recibo cada día.




Aplicación a la vida

¿Qué hacemos con la culpa que resulta inevitablemente de nuestro pecado y fracaso? ¿Tomamos el don de la gracia que ya ha sido pagada por el perdón de Dios? ¿Vivimos entonces libres de la condenación y libres para sujetarnos al control de calidad de Su Espíritu?

Ray Stedman
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23 febrero 2017

Orar como conviene, aunque a veces no entendamos

Romanos 8:26 Palabra de Dios para Todos (PDT) De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, cuando no sabemos qué pedirle a Dios, el Espíritu mismo le pide a Dios por nosotros. El Espíritu le habla a Dios a través de gemidos imposibles de expresar con palabras.

En ocasiones nos cuesta trabajo distinguir entre lo que queremos y lo que nos conviene y por lo general tiene que ver con el hecho de que nosotros nos enfocamos en el corto plazo ó bien el plazo inmediato y Dios pretende hacer las cosas no solo en el largo plazo para nosotros, sino en el plazo eterno y por ello, tiene que preparar el terreno para lo que viene en nuestras vidas.

Muchas personas suelen decirnos que debemos de confiar en Dios, pero no nos dicen cómo se hace eso, ni como llegar a esa confianza?, qué pasa si no nos gusta eso que Dios está haciendo?, ó que pasa si no nos damos cuenta lo que Dios está haciendo?, de hecho, una de las preguntas más frecuentes que suelo recibir es cómo distinguir entre la voz de Dios y nuestros pensamientos.

La respuesta es sencilla como respuesta, pero un poco compleja en su ejecución, y no porque tengamos que cumplir una serie de requisitos para ello, sino porque debemos de mentalizarnos primeramente a dejar de hacer las cosas como se hacen en la tierra y comenzarlas a hacer como se hacen en el Reino de los Cielos, ahí donde habita Dios y segundo, debemos de empezar a creer más en lo que dice la palabra de Dios y menos en lo que pensamos y sentimos.

Esto se lo digo, porque aunque parezca completamente imposible, Dios nos va a hablar de cosas que están escritas en su palabra y hará que lo espiritual se tipifique en nuestra vida natural, pues así como el alma (nuestros pensamientos y sentimientos) gobierna sobre nuestro cuerpo (nuestra consistencia física), nuestro espíritu (la parte de nosotros que nos permite escuchar a Dios y que nos es regresada cuando decidimos nacer de nuevo) debe de gobernar sobre nuestra alma, es decir, lo que sabemos y conocemos de Dios debe de ser más fuerte y tener más autoridad en nosotros que lo que pensamos y lo que sentimos, increíble, no?

Pues es justo ahí que Dios pondrá en nosotros su poder, para que por medio de nosotros se manifieste su Espíritu y sucedan cada una de las cosas que Él nos ha prometido.

Incluso nuestra oración será transformada por el Espíritu de Dios en nosotros, trascenderemos de orar por lo efímero a lo eterno, dejaremos de pedir cosas pequeñas y comunes, para pedir que la palabra de Dios se cumpla y hacernos parte de un plan perfecto y permanente y como no tenemos idea de cómo es eso, Dios nos da el don de lenguas, para que sea el Espíritu de Dios quien nos ayude a orar como conviene.

En mi entendimiento (de manera que pueda yo explicarlo) el don de lenguas, es la capacidad que Espíritu de Dios (Espíritu Santo) pone en nosotros de hablar las lenguas angélicas, es decir hablar en las lenguas que se habla delante de Dios de modo que podamos expresarnos espiritualmente y orar “como conviene” (así dice la versión Reina Valera 60 de la Biblia) y alinear nuestro espíritu y nuestro tiempo de intimidad con el de Dios y ponernos en el plano de sus propósitos, permitiendo que nuestras necesidades se conviertan en añadidura y no el primer plano que Dios debe de ocupar en nuestra intimidad.

Si lo piensa, es todo un paso el dejar de lado aquello que creemos imprescindible para nosotros como el pedirle algo a Dios, pero es un verdadero voto de confianza primeramente de Dios de permitirnos hablar de temas que Él entiende y segundo de nosotros de confiar que Él verdaderamente tiene mejor idea de lo que necesitamos nosotros.

Por tanto, no siempre es completamente necesario que entendamos aquello que oramos, por eso la Biblia lo describe como “gemidos indecibles” ó gemidos imposibles de expresar con palabras como nos dice la versión de la Biblia que usamos el día de hoy, pero no se confunda, no es que Dios nos quiera dejar fuera de su ecuación y nos use para luego no revelarnos aquello que pretende hacer con nosotros, Dios no es incongruente, lo que pretende es que depositemos nuestra confianza en Él, al tiempo que oramos en lenguas, depositará Él en nosotros una paz que sobrepasa todo entendimiento, es decir, la certeza de que Él tiene el control y que aún en las condiciones más difíciles, Él hará primeramente lo mejor para su Reino al cual pertenecemos nosotros y por ende lo mejor para nosotros y segundo algo que haga que Él se glorifique, con lo cual nuestra reputación, y nuestra integridad estarán a salvo, pues nos promete que jamás nos avergonzará si le obedecemos y ponemos nuestra confianza en Él.

Por tanto, qué es lo que necesitamos para poder orar en lenguas?, ciertamente no es el repetir incansablemente frases que no entendemos, para ello necesitamos ser bautizados en el Espíritu, es decir, llenos del Espíritu de Dios y esto es algo que debemos de pedirle, pues cuando Él nos bautiza (ojo este es un bautizo completamente diferente del bautizo en agua que muchos conocen) deposita en nosotros la confianza no solo de hijos, sino de coherederos que velan por los intereses del Reino del cual forman parte.

Dios tiene 9 dones (1 Corintios 12:4-12) de los cuales nos quiere compartir, los cuales nos sirven para ayudarnos y servirnos los unos a los otros y nos dice que debemos de perseverar en ellos (1 Corintios 14), ya que su objetivo es el amor, las lenguas es uno de los dones más comunes, pues tienen que ver con la oración y la intimidad con Dios, Él pretende que tengamos intimidad y pretende transformar la manera en la que nos dirigimos a Él, pretende alinear nuestros corazones  y nuestras intenciones a sus propósitos y por ello nos privilegia con el orar con gemidos difíciles de pronunciar, para que nuestro espíritu empiece a sensibilizarse a lo que nuestra mente se resiste, luego, Dios mismo nos proporciona un don de interpretación de las mismas lenguas, para compartirnos sus intenciones y sus propósitos en lo específico según nos revela su palabra.

Lo ha pensado?, por qué no cambia su manera de orar y pide a Dios le bautice en el Espíritu y desate en usted una nueva manera de orar y pedir que lo ponga en la misma sintonía del Dios vivo, para que deje de pedir cosas que no sabe si sucederán.

Rene Giesemann
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22 febrero 2017

El conflicto contínuo

Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no habita el bien, porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que está en mí. (Romanos 7:18-20)


Pablo dice que, como cristiano redimido por la gracia de Dios, ahora hay algo dentro de él que quiere hacer lo bueno, que está de acuerdo con la Ley, que dice que la Ley es correcta. Hay algo dentro de mí que me dice que lo que la Ley me dice es correcto, y lo quiero hacer. Pero también hay otra cosa en mí que se subleva y dice: “¡No!”. Aunque determino no hacer lo que es malo, de pronto me encuentro a mí mismo en tales circunstancias que mi determinación se desvanece, mi resolución desaparece, y acabo haciendo aquello que había jurado no hacer.

Así que, ¿qué es lo que ha ocurrido? La explicación de Pablo es: “Ya no lo hago yo; sino el pecado que está en mí”. ¿No es eso extraño? Hay una división en nuestra humanidad. Hay el “yo” que quiere hacer lo que Dios quiere, pero también hay el pecado que vive en “mí”. Los seres humanos son criaturas complicadas. Tenemos en nosotros un espíritu, un alma y un cuerpo. Estos son distintos. Pablo está sugiriendo aquí que el espíritu redimido nunca quiere hacer lo que Dios ha prohibido. Está de acuerdo que la Ley es buena. Y sin embargo hay un poder extraño, una fuerza que él llama pecado, una gran bestia que yace todavía en nosotros hasta que es conmovida por los mandamientos de la Ley. Entonces brota a la vida, y hacemos lo que no queremos hacer.

Esto es con lo que todos nosotros luchamos. El clamor del corazón en ese momento es: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24). Aquí llegas al punto donde el Señor Jesús comenzó el sermón del monte: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). Bienaventurado el hombre que llega al final de sí mismo. Bienaventurado el hombre que ha llegado a la bancarrota espiritual. Porque este es el punto ―el único punto― donde la ayuda de Dios es dada.

Esto es lo que necesitamos aprender. Si pensamos que tenemos algo de nosotros mismos con lo que podemos resolver nuestros problemas, si pensamos que nuestras voluntades son lo suficientemente fuertes, que podemos controlar la maldad en nuestras vidas al simplemente determinarnos a hacerlo, entonces no hemos llegado al final de nosotros mismos. Y fracasamos, y fracasamos miserablemente, hasta que, al final de nuestros fracasos, clamamos: “¡Miserable de mí!”. El pecado nos ha engañado, y la Ley, como nuestra amiga, ha venido y ha expuesto el pecado. Cuando vemos cómo de miserable nos hace, entonces estamos listos para la respuesta, que viene inmediatamente en el versículo 25: “¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro!”.

¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? El Señor Jesús ya lo ha hecho. Hemos de responder a los sentimientos de miseria y fracaso, a los cuales nos ha traído la Ley a causa del pecado en nosotros, recordándonos a nosotros mismos inmediatamente de los hechos que son ciertos de nosotros en Jesucristo. Ya no estamos bajo la Ley. Estamos casados a Cristo, Cristo levantado de entre los muertos. Ya no debemos de pensar: “Soy un pobre discípulo en aprietos, desconcertado, dejado solo a luchar en contra de estos poderosos deseos”. Ahora debemos de pensar: “Soy un hijo de Dios libre. Soy muerto al pecado y muerto a la Ley, porque estoy casado a Cristo. Su poder es mío, en este mismo momento. Aunque no sienta nada, tengo el poder para decir “¡No!” y marcharme y ser libre en Jesucristo”.

Gracias, Padre, por la sencilla enseñanza de este pasaje. Ayúdame a entender que soy libre de la Ley una vez que ha hecho su obra de traerme al conocimiento del pecado. No me puedo controlar a mí mismo por esos medios y librarme a mí mismo de la maldad, pero puedo descansar sobre el poderoso Salvador que me librará.




Aplicación a la vida

¿Cuál es el propósito de la Ley? ¿Qué efecto tiene nuestra nueva identidad como la novia de Cristo en nuestro deseo de vivir complaciéndole a Él? ¿Tenemos el poder para resolver el conflicto continuo del espíritu en contra del alma y el cuerpo? ¿Estamos rindiendo nuestra incompetencia a Su poder incomparable?

Ray Stedman
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21 febrero 2017

Un nuevo marido

¿Acaso ignoráis, hermanos (hablo con los que conocen de leyes), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que este vive? La mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras este vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley que la unía a su marido. Así que, si en vida del marido se une a otro hombre, será llamada adúltera; pero si su marido muere, es libre de esa ley, de tal manera que si se une a otro marido, no será adúltera. (Romanos 7:1-3)


Pablo utiliza una ilustración para enseñarnos la forma de ser libres de la Ley. La mujer somos nosotros. Ella tiene dos maridos, uno detrás del otro. Fíjate lo que hace la muerte del primer marido a la relación de la mujer con la Ley. Cuando el primer marido muere, la mujer es libre de la Ley. Si su marido muere, la Ley no puede decirle nada en cuanto a donde puede ir, y lo que puede hacer, y con quien puede estar. Está libre de la Ley. La muerte del marido hace a la mujer muerta a la Ley.

El primer marido es Adán, este viejo estilo de vida al que somos nacidos. Estábamos ligados a él, casados con él, y no podíamos escapar de él. Como una mujer casada con un hombre viejo, cruel y despiadado, no hay mucho que pueda hacer sobre ello. Mientras está casada, está ligada a ese marido. No puede tener un segundo marido mientras está casada al primero. Tiene que cargar con el primer marido, y tiene que compartir el estilo de vida de cautiverio, corrupción, culpa y muerte. Es por eso que aquellos que fuimos nacidos a Adán tenemos que compartir el estilo de vida del Adán caído.

Si esta mujer, mientras está casada al primer marido, intenta vivir con otro ―ya que este estilo de vida le es repugnante―, será llamada adúltera. ¿Quién le llama esto? La Ley. La Ley le condena. Es sólo cuando el primer marido muere que está libre de esa condenación de la Ley y puede casarse de nuevo. Cuando hace eso, la Ley es absolutamente muda; no tiene nada que decirle. El versículo 4 dice: “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la Ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”.

¡Qué versículo tan fantástico! Aquí está la gran, maravillosa declaración del evangelio de nuestro Señor Jesús. Fíjate cómo Pablo establece un paralelismo: “Así… también vosotros”. Nosotros encajamos con eso. Las palabras claves aquí son “vosotros habéis muerto a la Ley mediante el cuerpo de Cristo”. “El cuerpo de Cristo” se refiere a la muerte del Señor Jesús en la cruz.

Pablo se está refiriendo a lo que las Escrituras dicen en muchos sitios: que en la cruz el Señor Jesús fue hecho pecado por nosotros. Él tomó nuestro lugar, como humanidad pecaminosa, en la cruz. En otras palabras: Se convirtió en ese primer marido, la naturaleza adámica a la cual estábamos casados. Cuando se convirtió en eso, murió. Cuando murió, fuimos librados de la Ley.

La Ley ya no tiene nada que decirnos. Somos libres de casarnos con otro. ¿Quién es ese? Es Cristo resurrecto. Nuestro primer marido fue crucificado con Cristo; nuestro segundo marido es Cristo levantado de entre los muertos. Ahora compartimos Su nombre. Compartimos Su poder. Compartimos Sus experiencias. ¡Compartimos Su posición, Su Gloria, Su esperanza, Sus sueños; todo lo que es, ahora lo compartimos! Estamos casados a Cristo levantado de entre los muertos. La Ley, por tanto, no tiene nada que decirnos.

Gracias por esto, Padre. Pido que pueda entender más plenamente que no estoy bajo condenación. Aunque lucho y no siempre actúe sobre los principios que me han sido revelados, sin embargo Tú no me rechazas; no me das de lado.

Aplicación a la vida

¿Cómo cambió la muerte de Cristo nuestra relación a la Ley? ¿Cómo cambió nuestra identidad Su resurrección? ¿Cómo afecta profundamente la forma en la que tratamos con el pecado y la culpa?

Ray Stedman
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20 febrero 2017

El constructor

Cuenta esta historia popular que había cierta vez un albañil que ya cansado de su trabajo, decidió retirarse de su oficio. En efecto, tomada la decisión fue y se lo comunicó a su empleador.

Cuando éste lo supo, le pidió como un favor personal, que construyera para él una sola y última casa más. Le dijo que se trataba de un sueño, un proyecto que por años había abrigado dentro de su corazón y que no quería dejar de concretarlo antes de que él se fuera. El albañil lo hizo. Pero trabajó a desgano, como que esto ya no era lo suyo. Terminada la casa, no le quedaron dudas de que ésta había sido la peor de todas las que había construido en su vida.

El dueño de la constructora, tan pronto notificado de la finalización de la obra, tomó en sus manos las llaves de la vivienda y le pidió al albañil que lo acompañara a realizar una última inspección. Una vez dentro, le entregó las llaves y con un gesto de alegría y satisfacción, le dijo: “Tu casa”. Este es el sueño, este es el proyecto que he tenido en mi corazón durante todos estos años. Quise construir una casa para tí cuando te retiraras, para mi mejor y más leal empleado.

¡Qué desazón! ¡Qué triste sensación de fracaso haber trabajado a reglamento, dando mezquinamente lo justo y necesario sin pasión alguna, como haciéndole el favor a regañadientes a su patrón!

Como cristianos así somos con más frecuencia de la que tenemos capacidad de darnos cuenta, a menos que Dios se ocupe personalmente de nosotros y permita un sacudón en nuestras vidas, que tenga a bien despertarnos de esos letargos espirituales. Toda vez que Jesús hizo mucho más por nosotros de lo que, una vez más, tenemos capacidad de darnos cuenta.

“Puede decirse sin calificación que ningún ser humano podría considerarse maduro si reduce el uso de sus esfuerzos, talentos o medios para su propio provecho. El concepto mismo de la madurez descansa en el grado de crecimiento interno caracterizado por una aspiración dentro del individuo a trascender su autoconcentración extendiéndose a las vidas de otros. En otras palabras, la madurez es una etapa en su desarrollo cuando para vivir consigo mismo de manera satisfactoria le resulta imperativo dar así como recibir.” (Alvin Goeser)

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.

(Filipenses 2:3-4 RV60)

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

(Colosenses 3:23-24 RV60)

Luis Caccia Guerra
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19 febrero 2017

Un nuevo Señor

El pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia. (Romanos 6:14)


¿Por qué Pablo saca a relucir la Ley? Saca a relucir la Ley porque está tratando con uno de los más básicos problemas de la lucha cristiana, la cosa que más a menudo nos deprime y desalienta más que ninguna otra cosa: el sentido de condenación que sentimos cuando pecamos. La Ley produce condenación. La Ley dice que a menos que estés a la altura de estos valores, Dios no querrá tratar contigo. Hemos sido tan arraigados con esto que cuando pecamos, incluso como creyentes, pensamos que Dios está enfadado y molesto con nosotros, y que no le importamos. Pensamos de esa forma sobre nosotros mismos, y nos sentimos desalentados y derrotados y deprimidos. Queremos rendirnos.

Pero Pablo dice que eso no es verdad. No estás bajo la Ley. Dios no se siente de esa forma sobre ti. Estás bajo la gracia, y Dios entiende tu lucha. No está molesto por ella; no está enfadado contigo. Entiende tu fracaso. Sabe que habrá una lucha y que habrá fracasos. También sabe que ha hecho plena provisión para que te puedas recuperar inmediatamente, para levantarte y seguir subiendo la montaña. Por lo tanto no necesitas sentirte desalentado, y no lo estarás.

El pecado no será tu señor porque no estás bajo la Ley y la condenación, sino bajo la gracia. Y aunque luches, si cada vez que fracasas vuelves a Dios y le pides perdón, y lo recibes de Él, y te acuerdas de que te quiere y que no está enfadado o molesto contigo, y sigues adelante desde ahí, ganarás.

Nunca me olvidaré cómo, siendo un hombre joven en el servicio militar durante la segunda guerra mundial, estaba de guardia una noche, leyendo el libro de Romanos. Este versículo me llamó la atención. Me acuerdo cómo el Espíritu lo hizo cobrar vida, y vi la gran promesa de que todas las cosas con las cuales estaba luchando como un hombre joven serían dominadas al final, no porque yo fuera tan inteligente, sino porque Dios me estaba enseñando y guiándome a la victoria. Me acuerdo de que estaba caminando, y mi corazón estaba ardiendo con alabanza y acción de gracias a Dios. Caminé en una nube de gloria, regocijándome en Su gran promesa: “El pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia”.

Mirando hacia atrás a través de los años desde esa noche, puedo ver que Dios ha roto el agarre de las cosas que se enseñoreaban de mí entonces. Otros problemas se han presentado, con los cuales todavía lucho. Pero la promesa permanece: “El pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia”.

Cómo de agradecido estoy, Padre, por esta palabra de seguridad de que, como uno que está en Cristo, no necesito estar desanimado y no necesito fracasar, ya que no hay nada que me pueda separar del amor de Dios que es en Jesucristo nuestro Señor.

Aplicación a la vida

Cuando nuestros pecados son expuestos por la Ley, ¿a dónde vamos con nuestra carga de culpa? ¿Estamos aprendiendo a vivir en el perdón y el poder liberador de la gracia de Dios? ¿Estamos cautivados por el amor constante de Dios?

Ray Stedman
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18 febrero 2017

Lo efímero y pasajero ya no está de moda

Juan 15:16 Palabra de Dios para Todos (PDT) Ustedes no me eligieron a mí, sino yo a ustedes, y les encargué que fueran y dieran fruto. Mi deseo es que su fruto dure. Así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre.

En México tenemos un dicho que me gusta mucho usar y que tiene mucho que ver con lo que le quiero platicar el día de hoy, ese dicho reza “parece que no tienes llenadera”, lo usamos mucho cuando vamos de compras, ó cuando hacemos algo que nos gusta mucho, pareciera que no hay algo que nos pueda satisfacer lo suficiente cómo para que cambiemos de actividad, le ha sucedido?

Cuando pienso en esto, pienso en la manera en la que oramos ó bien en la manera que nos dirigimos a Dios para pedir las cosas que decimos necesitar ó querer, y lo hacemos como si no tuviéramos llenadera, pues cómo se dice por ahí, sólo jalamos agua para nuestro molino, pero no tenemos un propósito para aquello que pedimos ni un plan para nuestra relación con Dios, lo ha pensado?

Dios tiene un plan para usted y para mi y ese plan incluye específicamente que demos frutos y cuando hablo de frutos quiero hacer hincapié en 2 puntos fundamentales:

Primeramente, los árboles toman de lo amargo de la tierra, lo combinan con el agua (representación de la palabra de Dios en la Biblia) y lo transforman en algo atractivo físicamente, colorido y sumamente dulce, nosotros hacemos todo lo contrario, queremos tomar de lo dulce de la tierra y lo convertimos en reclamos amargos vs Dios (no siempre, pero si muy seguido).

Segundo, los frutos que damos, nunca son para consumo propio, siempre son para que alguien más ó acaso ha visto usted alguna vez a un árbol comerse sus propios frutos?, habiendo entendido esto, debemos recordar que Dios nos hizo a su imagen y con la capacidad de expresar su naturaleza (semejanza) de modo que lo más natural en nosotros debe de ser el dar, como Dios da, nosotros daremos, además de esto, hay muchas promesas en la Biblia para quienes se atreven a dar de si, no sólo en lo económico, pero también su tiempo, su corazón, su paciencia, sus talentos y todo lo que Dios ha puesto a nuestro alcance.

Es cuando pienso en esto que recuerdo que alguien me comentó alguna vez acerca de los vasos de honra, los cuales siempre están inclinados, para que a la vez que reciben siempre tienen algo que compartir, así debe de ser nuestra oración, el que pidamos no cosas que estemos dispuestos a compartir, sino oremos por dar frutos, de los cuales los demás se puedan alimentar, tanto física, emocional como espiritualmente.

Otra de las cosas que debemos de considerar en nuestra oración es que los frutos que demos, deben ser permanentes, es decir, las actitudes, los comportamientos, las nuevas costumbres que Dios ponga en nosotros no sean como luego dicen “llamarada de petate” (ya sé, hoy he estado a todo con los dichos), sino que sean algo que perdure y dé testimonio de que no es un cambio de nuestra voluntad, sino un cambio que Dios hizo por medio de su Espíritu en nosotros.

El problema radica en que cuando logramos identificar nuestras malas actitudes ó lo que la Biblia describe como pecado en nosotros, tratamos de suprimirlo con 2 objetivos, primeramente el lavar nuestra consciencia y no verlo como malo en nosotros y segundo con la intención de ser agradables a Dios (como si lo pudiéramos engañar) y lograr que haga algo por nosotros, pero en realidad Dios espera que sea su Espíritu quien nos transforme y que haga estragos en nuestra personalidad, donde cambie nuestros malos hábitos (los cuales no son racionales) por buenas costumbres (las cuales nos dan identidad), de modo que empecemos a pensar como Él, a actuar como Él y a ser como Él y Dios no cambia, la Biblia confiesa que Él fue, es y será siempre el mismo, sus frutos tienen la misma característica y nosotros por ende debemos de ser igual.

Si lo nota, lejos de seguir orando por recibir algo que nos haga parecer que no tenemos llenadera, debemos de orar por dar frutos que sean permanentes, de los cuales las personas a nuestro alrededor se puedan alimentar (frutos como el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la mansedumbre, la bondad, la benignidad, el dominio propio) y que hagan que también otras personas le pierdan el miedo a Dios y se decidan a tener una verdadera relación con el Dios vivo de la Biblia y dejen de tener una relación de autoengaño con el dios que alguien colgó en las iglesias.

Por alguna extraña razón, las personas tienden a tratar de tener una relación tan “light” con Dios como les sea posible, es decir, buscan la manera de obtener el beneficio sin tener que comprometerse por completo, porque hay una parte en su mente y en su entendimiento que les hace pensar que les va a ser muy difícil y que les va a ser muy complicado el alinearse con Dios, de hecho siempre que escuchan algo de la palabra de Dios terminan pensando “hay mucho por hacer” e ignoran por completo el hecho de que Dios ya lo hizo todo por medio de la entrega de Yeshúa (Jesús) su Hijo en la cruz y que de ahí solo tenemos que dejarnos empapar de lo que es su Reino para que este nos transforme y nos regrese a nuestra condición original a su imagen y a su semejanza.

Es interesante cómo la idea de la culpa y el hecho de que estamos viviendo de la manera equivocada nos gobiernan, pues cuando vamos a la iglesia ó bien a cualquier reunión que relacione con algún tema que tenga que ver con Dios, ese sentimiento de culpa nos inunda y segundo la necesidad de empezar de nuevo nos asalta de modo que lo más normal es que quebremos en llanto y nos sintamos indignos de la presencia y el favor de Dios, y si lo piensa detenidamente, esto sucede continua y repetidamente en nuestras vidas.

Entonces?, de qué nos sirve el evangelio si vivimos de acuerdo a nuestra propia idea de lo que es nuestra relación con Dios?, es cierto que Dios nos invita a arrepentirnos de nuestros pecados, pero no de los mismos todo el tiempo y de nuevo otra vez!, por eso el evangelio tiene un nombre especial, Dios mismo lo llamó buenas nuevas y de eso se trata toda la historia en la Biblia!

Piénselo así, si los hombres y mujeres de la Biblia vivieran como nosotros lo hacemos, regresarían constantemente a Egipto y alguien ya se habría encargado de pavimentar un camino por en medio del Mar Rojo para la siguiente vez que los Israelitas decidieran afligirse y pedir perdón a Dios.

El Evangelio se denomina a sí mismo como Buenas nuevas porque tiene la característica de que es el fin de nuestra vana manera de vivir, es decir, podemos llevar delante de Dios nuestra manera de vivir en pecado y arrepentirnos de ella, y sabe Dios la perdonará, la lavará y la olvidará, de modo que podremos seguir adelante con nuestra vida y tendremos que regresar delante de Él constantemente por perdón de nuevo, pero no del mismo pecado, sino de otros hasta que podamos vivir de una manera que nos de lo mismo vivir en esta tierra que ir permanentemente a su presencia, pues estaremos viviendo como lo requiere la eternidad.

Es por eso que la palabra nos exhorta a llevar las buenas nuevas, a decirle al mundo que ya no tiene que vivir de esa manera, que el pecado y las herencias generacionales no son más una manera de vivir y que hay un camino que ya fue establecido por Yeshúa (Jesús) donde el precio fue pagado y que solo tenemos que conocerlo para amarlo y hacer las cosas como Dios nos dice y no como nosotros imaginemos ó como alguien más nos diga.

La buena noticia es que no tenemos porqué llorar ni afligirnos más, y que para toda situación hay una palabra escrita en la Biblia, con una instrucción y con una promesa para una vida plena, y todo esto no es difícil pues el precio fue pagado y el dolor ya fue llevado, ahora solo hay que aceptar el regalo inmerecido de la cruz y vivir esta salvación, pues ciertamente hemos sido rescatados de nosotros mismos y de nuestra manera de vivir, solo que muchos no lo han querido ver y no lo han querido aceptar, pues tienen su propio concepto de quien es Dios y de lo que nuestra relación con Él debe de ser, no se han dado cuenta que por nuestra cuenta jamás podremos y que necesitamos un salvador, quien con antelación lo preparó todo para nosotros.

De tal manera, le invito, a que tome su Biblia y lejos de buscar pretextos para no leerla, quítese todo prejuicio y deje a un lado toda idea que tiene acerca de Dios y déjese conquistar y enamorar por las buenas noticias del evangelio, no haga juicios anticipados, no deje de leer hasta que haya llegado al final de ese increíble libro que Dios le dejó para hacerle libre de su pecado e incluso de usted mismo, pues todos, absolutamente todos necesitamos de un salvador y ese no es otro que Yeshúa (Jesús) el portador de las buenas nuevas.

Rene Giesemann
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17 febrero 2017

El estado intermedio de los muertos

El estado intermedio de los muertos es algo real, la Biblia habla de ello.

El estado intermedio,  hoy en el “Presente Siglo” es diferente que en el Antiguo Testamento. Cristo vino a darnos la bendición que al recibirlo a Él como nuestro Señor, tenemos derecho a estar con Él inmediatamente que muramos en el Paraíso.

Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23:39-43
El alma abandona el cuerpo en el momento de la muerte. Después de la partida del alma uno no estará más vestido con su cuerpo.

Así que vivimos confiados siempre,  y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo,  estamos ausentes del Señor  (porque por fe andamos,  no por vista);  pero confiamos,  y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo,  y presentes al Señor. Por tanto procuramos también,  o ausentes o presentes,  serle agradables.  Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo,  para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo,  sea bueno o sea malo. 2ª Corintios 5:6-10
Esto fue lo que Pedro escribió:

Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación; sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. 2ª Pedro 1:13-14
Pedro se estaba refiriendo a su alma, la cual, en el momento de la muerte, deja el cuerpo junto con el espíritu y entra a la esfera de lo espiritual. Él, el ser interior, el alma,  iba a dejar el cuerpo. De lo anterior podemos llegar a la conclusión que cuando una persona muere, ésta dejará su cuerpo e irá a estar con otros espíritus incorpóreos.



En Apocalipsis, Juan describe a los muertos que han partido como estando bajo el altar y después sobre tronos.
Cuando abrió el quinto sello,  vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.  Y clamaban a gran voz,  diciendo:  ¿Hasta cuándo,  Señor,  santo y verdadero,  no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?  Y se les dieron vestiduras blancas,  y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo,  hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos,  que también habían de ser muertos como ellos. Apocalipsis 6:9-11
Y vi tronos,  y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar;  y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios,  los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen,  y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos;  y vivieron y reinaron con Cristo mil años.  Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.  Esta es la primera resurrección. Apocalipsis 20:4-5
Como podemos ver en Apocalipsis 6:9-11, Juan dice vi las almas de los que habían muerto por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenía. Y que clamaban diciendo: “hasta cuando Señor…” Esto nos confirma que nuestros almas quedan en un estado intermedio, y preguntan: “hasta cuando Señor” y después que les dan vestiduras blancas, les dice que tienen que descansar un poco de tiempo más hasta completar el número de sus consiervos y sus hermanos, (la Iglesia), hasta que sea arrebatada.  Su expresión en el sentido de que las almas de los decapitados” indica que estaba escribiendo acerca de los muertos que ya no estaban en sus cuerpos. Cuando el alma de una persona abandona el cuerpo de ésta, ella va a un “estado intermedio” a esperar la resurrección. Ahora nos podemos hacer varias preguntas: En ese lugar. ¿Están las almas conscientes o inconscientes? ¿Pueden ellas hacer algo para cambiar su condición o el lugar en el cual se encuentran?. ¿Podemos ayudarles, y, pueden ellas ayudarnos? ¿Van al limbo o purgatorio, donde permanecen hasta que hayan recibido castigo temporal suficiente por sus pecados, y después poder entrar al cielo? ¿Hay una segunda oportunidad de salvación?

Contestando las preguntas:

Las almas si están conscientes, lo vemos en la historia del rico y lázaro.
Había un hombre rico,  que se vestía de púrpura y de lino fino,  y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro,  que estaba echado a la puerta de aquél,  lleno de llagas,  y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico;  y aun los perros venían y le lamían las llagas.  Aconteció que murió el mendigo,  y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham;  y murió también el rico,  y fue sepultado.  Y en el Hades alzó sus ojos,  estando en tormentos,  y vio de lejos a Abraham,  y a Lázaro en su seno.  Entonces él,  dando voces,  dijo: Padre Abraham,  ten misericordia de mí,  y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua,  y refresque mi lengua;  porque estoy atormentado en esta llama.  Pero Abraham le dijo: Hijo,  acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida,  y Lázaro también males;  pero ahora éste es consolado aquí,  y tú atormentado.  Además de todo esto,  una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros,  de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros,  no pueden,  ni de allá pasar acá.  Entonces le dijo: Te ruego,  pues,  padre,  que le envíes a la casa de mi padre,  porque tengo cinco hermanos,  para que les testifique,  a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.  Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen;  óiganlos.  El entonces dijo: No,  padre Abraham;  pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos,  se arrepentirán. Lucas 16:19-30

  1. También nos enseña que después de muertos ya no hay oportunidad de arrepentirse y ser salvos. Que es en vida que tenemos que tomar la decisión de aceptar a Cristo como nuestro Salvador personal.
  2. No podemos ayudarles cuando ya murieron. Aquí no hay tales de misas de cuerpo presente, ni rezos, ni nada que podamos hacer los familiares. Todos tuvieron su oportunidad aquí en vida mientras estuvieron en su cuerpo.
  3. No van al limbo o purgatorio, pues este no existe, fue inventado por la iglesia tradicional. La Iglesia Católica abolió definitivamente el limbo ese “no lugar” o zona gris ubicada entre el Paraíso y el infierno, adonde según una tradición teológica difundida durante muchos siglos iban a parar las almas de los niños  fallecidos sin bautizar y también de aquellas personas (incluso las de vida virtuosa, como los profetas bíblicos) que habían muerto antes de la resurrección de Cristo. Esta decisión fue adoptada el 19 de enero de 2007 por el Papa Benedicto XVI.
  4. No hay una segunda oportunidad de salvación, debemos de tomar la decisión en vida.

Y todo aquel que vive y cree en mí,  no morirá eternamente.  ¿Crees esto? Juan 11:26 
Mas a todos los que le recibieron,  a los que creen en su nombre,  les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Juan 1:12
Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto,  así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,  para que todo aquel que en él cree,  no se pierda,  mas tenga vida eterna. Juan 3:14-15
CONCLUSIÓN

Los muertos sin Cristo en el Antiguo Testamento y aún hoy, su parte inmaterial,  o sea sus almas incorpóreas,  esperan en el hades, o el tártaro. La Biblia nos menciona una sima que está interpuesta entre estos dos, de manera que los muertos debían permanecer donde se encuentran hasta que suceda la resurrección de los muertos.

Además de todo esto,  una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros,  de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros,  no pueden,  ni de allá pasar acá. Lucas 16:26
 Si es un estado intermedio, tanto de los que son salvos, como de los que mueren para condenación eterna. Porque al final de los tiempos todos los impíos resucitarán para presentarse ante el Juicio del Trono Blanco, donde todos serán juzgado y lanzados al lago de fuego y azufre. Esto es la “segunda muerte” después del Milenio.

Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.  Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección;  la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos,  sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo,  y reinarán con él mil años. Cuando los mil años se cumplan,  Satanás será suelto de su prisión,  y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra,  a Gog y a Magog,  a fin de reunirlos para la batalla;  el número de los cuales es como la arena del mar.  Y subieron sobre la anchura de la tierra,  y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada;  y de Dios descendió fuego del cielo,  y los consumió. Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre,  donde estaban la bestia y el falso profeta;  y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.  Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él,  de delante del cual huyeron la tierra y el cielo,  y ningún lugar se encontró para ellos.  Y vi a los muertos,  grandes y pequeños,  de pie ante Dios;  y los libros fueron abiertos,  y otro libro fue abierto,  el cual es el libro de la vida;  y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros,  según sus obras.  Y el mar entregó los muertos que había en él;  y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos;  y fueron juzgados cada uno según sus obras.  Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego.  Esta es la muerte segunda.  Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. Apocalipsis 20:5-15
Y los que están con Cristo en el Paraíso, que es un estado intermedio mientras los que estamos en la tierra somos arrebatados:

Tampoco queremos,  hermanos,  que ignoréis acerca de los que duermen,  para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó,  así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos,  que habremos quedado hasta la venida del Señor,  no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando,  con voz de arcángel,  y con trompeta de Dios,  descenderá del cielo;  y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos,  los que hayamos quedado,  seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire,  y así estaremos siempre con el Señor. 1 Timoteo 4:13-17
Dice para que estemos con Él para siempre, y ¿donde será este lugar? se supone que es en la nueva Jerusalén.

Elsie Vega
El Punto Cristiano
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16 febrero 2017

Oídos, solo para Dios

“El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones”

(Salmos 33:11)

Chuck Ross, un escritor de Los Ángeles, se le ocurrió en 1975 hacer un curioso experimento. Ross envió a cuatro editoriales una porción del libro Pasos (Steps), del afamado escritor de origen judío, Jerzy Kosinski. La novela de Kosinski había sido publicada en 1969 y había ganado el National Book Award de ese año. Para sorpresa de Ross, el manuscrito fue rechazado por las cuatro editoriales. Unos años más tarde y persuadido por Kosinski, Ross repitió el experimento. Esta vez envió el texto completo a catorce editoriales y trece agentes. Nuevamente fue rechazado por todos, incluso por la editorial Random Hause, quien fuera la que en 1969 publicara el libro de Kosinski por primera vez. Una historia que hace que riamos un poco, pero que también tiene una segunda lectura menos hilarante. El experimento de Ross nos recuerda que las personas no tienen la última palabra sobre nuestra vocación o talentos. Que no debemos sobredimensionar la opinión de otros, y que debemos creer en lo que queremos alcanzar.

David, el hombre que había sido ungido por Dios para ser rey de Israel. Aquél sobre cuya cabeza el gran profeta Samuel había derramado el aceite de la unción autorizando su llamado divino. El que otrora había dado muerte al temerario gigante Goliat, se encontraba huyendo de un rey que veía en David todo lo contrario. Dios veía a David como el rey, pero Saúl como un traidor en potencia. El Señor lo veía como una bendición para Israel, pero Saúl como una mala influencia para su hijo Jonatán y como un soliviantador. El Pueblo consideraba a David un salvador, Saúl solo veía un usurpador. La ambivalencia de opiniones presionaba a David hasta el punto de temer por su vida. Pero… ¿qué pensaba David de sí mismo? Por su conducta inferimos que siempre le creyó a Dios.

Pasaron doce largos años de huidas y dificultades. Rechazado, desterrado y sin rumbo fijo. Rodeado de un grupo de hombres de dudosa reputación. Recibiendo infortunio tras infortunio. Hasta que llegó el día en que todos se dieron cuenta de lo obvio, de lo que Dios había dicho. David fue reconocido como el rey que por decreto del Altísimo era. Su reinado de cuarenta años fue llamado la etapa dorada de Israel. Hoy es recordado como un gran hombre de Dios, capaz de creer a pesar de la opinión cambiante de los demás.

A Juan le llamaban endemoniado, mientras que otros le decían, profeta. A veces los que gritan más eufóricamente “¡Hosanna!”, pueden días más tarde gruñir a toda voz, “¡que le crucifiquen!”  Se trata de seguir adelante, de reírse de la adversidad y desoír las opiniones vacilantes. “Cuando vayan mal las cosas/ como a veces suelen ir,/ cuando ofrezca tu camino solo cuestas que subir./ Cuando tengas poco haber/ pero mucho que pagar y precises sonreír/ aun teniendo que llorar,/ cuando el dolor te agobie/ y no puedas ya sufrir,/ descansar acaso debas,/ pero nunca desistir” (Rudyard Kipling).

No sucumba ante la virulenta desaprobación de los demás, ni de saltos de alegría ante el efímero elogio. Haga lo que por vocación santa ha sido llamado a hacer. No deje que le distraigan los aplausos, ni que le entristezcan las contradicciones. No se preocupe por los que están a su alrededor, sino por el que mira desde lo alto. Solo persista, persista, persista.

Osmany Cruz Ferrer
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15 febrero 2017

Verdadero bautismo

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?, porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. (Romanos 6:3-4)


Siempre es interesante que cuando algunas personas oyen la palabra bautismo, inmediatamente huelen agua. Cuando yo era niño en Montana, tenía un caballo que podía oler agua de más distancia que cualquier otro animal que yo haya visto. Hay gente que es así. Cuando leen estos pasajes y ven la palabra bautismo, huelen agua, pero no hay ninguna agua aquí. Este es un pasaje seco.

Este pasaje está tratando, por supuesto, con la cuestión de cómo morimos al pecado, cómo nos separamos de estar en Adán, cómo nos unimos a Cristo. Ninguna agua puede hacer eso. Eso requiere algo mucho más potente que agua. Es, por lo tanto, una descripción para nosotros de lo que es llamado “el bautismo del Espíritu Santo”. Pablo le escribió a los corintios: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:13). Dice dos veces que todos los creyentes fueron bautizados en un solo cuerpo. Fuimos puestos en Cristo. No eres cristiano si esto no es cierto de ti. La gente hoy que dice que necesitas experimentar el bautismo del Espíritu Santo después de convertirte en creyente no entiende las Escrituras. No hay forma de convertirse en creyente sin ser bautizado con el Espíritu.

Fíjate en algunas cosas que Pablo dice sobre el bautismo del Espíritu en este pasaje: Primero, dice que se espera que sepamos sobre ello. “¿No sabéis…?”, Pablo pregunta. Espera que estos cristianos romanos, que nunca le habían conocido o habían sido personalmente enseñados por él, supieran este hecho. Es algo que los nuevos cristianos deberían de saber.

Fíjate también que el apóstol dice: “Así es cómo morimos al pecado”. La gran declaración de este pasaje es que cuando nos convertimos en cristianos, morimos al pecado. Pablo todavía está discutiendo la cuestión: “¿Puede un creyente seguir pecando?”. “No”, responde Pablo, “porque murió al pecado”. ¿Cómo morimos al pecado? Es así como morimos al pecado, Pablo explica: “El Espíritu nos tomó y nos identificó con todo lo que hizo Jesús”. Eso significa que de alguna forma este es un acontecimiento atemporal. El Espíritu de Dios tiene la capacidad de ignorar los dos mil años desde la crucifixión y resurrección y de alguna forma identificarnos con ese momento cuando Jesús murió, fue sepultado, y se levantó de entre los muertos. Participamos en esos acontecimientos. Eso está claro.

Por lo tanto, esto no es ficción teológica; es un hecho. Adán pecó, y nosotros pecamos. Adán murió, y desde entonces los hombres han muerto. El apóstol está diciendo que lo que era verdad en Adán ha sido ahora finalizado, y ahora estamos en Cristo, por fe en Jesucristo. Una vez las acciones de Adán nos afectaron; pero ahora lo que Cristo hizo se convierte en nuestras acciones también. Cristo murió, y nosotros morimos; Cristo fue sepultado, y nosotros fuimos sepultados con Él; Cristo se levantó de nuevo, y nosotros nos levantamos con Él. Así que lo que es cierto de Jesús es cierto de nosotros. Aquí Pablo está tratando con lo que es probablemente la más extraordinaria y ciertamente la más magnífica verdad grabada en las páginas de las Escrituras. Es la verdad central que Dios quiere que aprendamos. Morimos con Cristo, fuimos sepultados, y nos levantamos de nuevo con Él. Esa unión con Cristo es la verdad de la cual todo lo demás en las Escrituras fluye. Si entendemos y aceptamos esto como un hecho, lo cual lo es, entonces todo será distinto en nuestras vidas. Es por eso que el apóstol lucha así para ayudarnos a entender esto.

Señor, gracias por esa seguridad que, habiendo sido bautizado en el Espíritu Santo, puedo descansar asegurado de que estoy muerto al pecado y vivo en Ti.

Aplicación a la vida

¿Puede el bautismo de agua sacarnos de nuestra muerte en Adán y a una nueva Vida en Cristo? ¿Cuál es su propósito? ¿Qué verdad esencial y transformadora significa el bautismo del Espíritu Santo?

Ray Stedman
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