27 mayo 2017

El fuego no pudo dañarlos

Sadrac. Mesac y Aded-nego, a quienes a menudo se les llama “los tres jóvenes hebreos”, rehusaron postrarse en adoración ante el ídolo de oro de 30 metros de alto que Nabucodonosor había hecho. Ellos se mantuvieron firmes aún cuando fueron condenados a morir en un horno de fuego ardiendo. Mientras el perverso rey les preguntó sarcásticamente: “¿Qué Dios será aquel que os libre de mis manos?” (Daniel 3:15), los jóvenes comprometieron al Señor a cumplir sus promesas:

“No es necesario que te respondamos sobre este asunto. [No titubeamos en nuestra respuesta]. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo…Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (3:16-18).

CONFIANZA TOTAL EN DIOS
Ellos estaban tan confiados que Dios honraría su propio nombre, que se enfrentaron con disposición a una muerte segura.

Los líderes prominentes de toda la nación se juntaron para la ejecución: príncipes, gobernadores, jueces y jefes de las provincias cercanas. Nabucodonosor ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado, generando un calor tan espantoso que mató a los sirvientes encargados de atizar el fuego.

La multitud estaba en shock, exclamando: “¡Esos hombres no pueden sobrevivir! Caerán muertos antes de que se acerquen a ese horno. Ningún Dios puede librarlos de ese destino.”

SALIERON CAMINANDO DEL FUEGO
Una vez más, el nombre del Señor estaba en juego. Si él no intervenía, su nombre sería difamado en todas las naciones.

¡Pero el Señor nunca deja avergonzados a los que confían plenamente en él! Las Escrituras dicen que Jesús mismo se apareció en ese horno para proteger y confortar a sus siervos. Y los tres jóvenes salieron caminando del horno sin siquiera tener olor a humo.

David Wilkerson
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26 mayo 2017

Y usted ¿qué quería ser cuando fuera grande?

Romanos 9:21 Reina-Valera 1960 (RVR1960) ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?

Una de las historias que mi madre cuenta con mayor entusiasmo acerca de mi es cuando se acuerda de lo que yo quería ser de pequeño, cuenta que mi mayor ilusión era ser cartero y cuando me preguntaban que porqué quería ser cartero mi respuesta era que veía con gran ilusión al cartero de nuestro barrio (vivíamos en Alemania en aquel entonces), pues las personas se ponían muy contentas a l recibir correspondencia y era mi intención el hacer felices a las personas también.

Muchos de nosotros tenemos muchos sueños acerca de lo que queremos ser un futuro ó de lo que hubiéramos querido ser al llegar a nuestra edad adulta, pero la realidad es que muchas personas simplemente terminan siendo lo que pueden ó lo que las circunstancias les permiten, no porque lo hayan hecho mal, ni porque no se hayan esforzado lo suficiente, sino porque en ocasiones van tomando lo que tienen a la mano, lejos de pensar en que Dios tenía previamente un plan para sus vidas, el cual es parte de su voluntad y mejor que cualquier plano ó sueño que hubiéramos podido albergar en nuestro corazón.

Afortunadamente no terminé siendo cartero y no porque sea algo malo, sino porque no era lo que Dios tenía para mi, sin embargo envío mensajes diariamente a las personas con la intención de ayudarles en su fe y a relacionarse de mejor manera con Dios, y créame que al igual que antes es mi ilusión el hacer sonreír a las personas cuando reciben mis comunicados de manera diaria.

Cuando conocemos la palabra de Dios, nos damos cuenta de que Dios tiene un propósito específico para nuestras vidas, en el cual está contenido cada detalle de lo que espera que hagamos, empezando por nuestro nombre tiene que tiene un significado orientado hacia el plan de Dios y a lo largo de nuestros días irá revelando los detalles de lo que quiere y necesita desarrollar en nosotros.

Pero tenga en cuenta esto, no importa qué es lo que Dios pretenda para nosotros, siempre espera que seamos vasos, es decir contenedores de su Espíritu, eso quiere decir que las visiones individuales, los planes de gloria personal y el buscar ser aclamados por nuestros propios méritos no tienen cabida en esa visión de Dios, y es por eso que muchos solo son lo que pudieron ó lo que las circunstancias les permitieron.

Afortunadamente esto no es limitativo, por el contrario, Dios es un Dios que siempre ha estado ahí y siempre ha pretendido bendecirnos y sobre toda otra cosa, usarnos, todo es cuestión de que entendamos de que de una u otra manera, no somos más que recipientes, ya sea de su Espíritu ó de cualquier otra cosa, de modo que si las cosas no fluyen como la Biblia nos lo dice, seguramente no estamos llenos de ese Espíritu que no todo lo hace, sino que nos da la capacidad de hacer cosas asombrosas para extender el Reino de Dios y hacer que el bien y el favor de Dios nos persigan.

Me encanta la palabra de Dios cuando veo citas como las de hoy, pues no importa la condición en la que nos encontremos, todo lo que tenemos que hacer es rendirnos a Él y Él enderezará todo lo que había equivocado en nosotros, de modo que dejaremos de ser lo que pudimos ó lo que las circunstancias nos permitieron y seremos lo que habíamos soñado + el propósito que Él tiene para nosotros.

Esto significa que no todos deben de ser pastores ó religiosos, por el contrario, hacen falta más astronautas hijos de Dios, hacen falta más abogados hijos de Dios, hacen falta más artistas hijos de Dios que contengan su Espíritu, no para que prediquen la palabra, sino para que prediquen con el ejemplo, para que lleven vidas dignas, para que sean exitosos en todo lo que hagan así como promete Josué 1:8 y que cuando les pregunten la clave de su éxito, puedan decir con toda libertad que es el Espíritu de Dios quien mora en ellos que les ha llevado a dimensiones inigualables y de gran autoridad y poder.

Piense bien y recuerde qué es lo que soñaba ser cuando era pequeño y permita que Dios habite en usted por medio de su Espíritu de modo que sus sueños se cumplan, como complemento y añadidura del cumplimiento del sueño de Dios en usted.

Rene Giesemann
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25 mayo 2017

Decido decidir bien

La angustia de no saber qué hacer cuando se supone que debes saberlo ejerce una presión de escala titánica sobre los hombros de cualquier mortal. Tomar decisiones es como esos juegos de “encontrar el camino”. Te planteas cómo llegar de un punto al siguiente sin cometer errores perjudiciales, pero el corazón te sube hasta la garganta ante la decisión inminente. Claro, en el plano de la vida real uno se juega el futuro, nada que ver con juegos divertidos y finales menos temidos.

Josafat era el rey de la próspera Judá, un reino codiciado desde hacía siglos por las naciones vecinas. Las fuerzas armadas del rey no eran lo suficiente numerosas para enfrentar a más de una nación a la vez. Las posibilidades de triunfar sobre los amonitas y los moabitas eran cien a cero. Cualquier apostador hubiera puesto su dinero en las naciones invasoras. A la vista de un comentarista político el final era predecible, la derrota de Josafat era segura.

Todo el mundo esperaba que el rey supiera qué hacer. El ejército esperaba órdenes concretas, los pueblos que constituían Judá aguardaban un edicto con regulaciones y procederes estratégicos para tiempos de guerra. La presión que sentía Josafat se acrecentaba con cada mensajero que llegaba para avisar sobre la distancia a la que estaban las tropas enemigas, pero a pesar de todo ello, el monarca eligió presentar su causa ante el Señor. La decisión del rey puede ser evaluada por algunos como poco práctica a nivel bélico. Un lector moderno que no conozca a Dios puede disimular la sonrisa mientras piensa que esta historia es un mito, pero los que somos de Cristo sabemos que Josafat fue real, que su historia lo fue y que acertó en su elección.

Las decisiones son parte de la cotidianidad. No todas tienen un carácter tan dramático como la historia mencionada, pero cada una tiene consecuencias sobre nuestro futuro. No deben ser tomadas con ligereza, ni tampoco con paralizante pavor. También es cierto que hay decisiones que condicionan destinos, que definen porvenires. Esas deben ser observadas con mayor cautela, como quien camina por encima de un terreno minado de explosivos. No con temor, sino con prudencia. No con incrédula manía, sino con fe rebosante.

Así como las encrucijadas son oportunidades para usar la brújula, los caminos inciertos son descifrados por la dirección divina. El Espíritu Santo nos guiaría a toda verdad y esa promesa es imperecedera. No siempre hay que saber qué hacer, pero es necesario saber a quién siempre acudir. Dios ve lo que yo no veo, puede lo que yo no puedo, sabe lo que yo no sé, así que es una idea juiciosa permitirle a él guiarnos en un proceso de toma de decisiones.

Por abstracto que sea el concepto en apariencia Dios sí guía. Lo hace de disimiles formas, cada una de ellas única y clara, pero se han de discernir espiritualmente. Nos guía a través de una certeza sobrenatural, o a través de un pasaje de las Escrituras, o mediante una cadena de circunstancias. En ocasiones llega a usar medios estremecedoramente originales como lo puede ser una mula parlante.

Decide decidir bien. Decide consultarle todo a Jesús. ¿Qué es la vida cristiana si no una relación cercana con Dios? Una comunión sin intrigas, sin secretos. Josafat descubrió el milagro que hay tras confiar a Dios lo imposible. Dios lo sorprendió al punto que no tuvo siquiera que pelear. El ruido de unos cátaros, derrotó a dos ejércitos. El Señor siempre tiene mejores estrategias que las nuestras.  Nos inspira la valentía de Josafat, pues no sucumbió ante la expectativa de otros, antes buscó las directrices del todo sapiente Dios. Un cristiano así triunfa en todo, porque busca aquello que Dios quiere. Su paso por la vida será coronado por los resultados de la obediencia. No hay lauro más grande que hacer la voluntad de Dios. No hay felicidad más plena que seguir el designio de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Osmany Cruz Ferrer
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24 mayo 2017

Ninguna prueba

No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla. (1 Corintios 10:13)


¡Oh, qué gran ánimo nos da esto! Esto está escrito para que podamos entender las tres cosas específicas sobre nuestras pruebas: Primero, son comunes a todo el mundo. No conozco nada que sea más difícil de creer, cuando estás bajo prueba, que esto. Todos pensamos: “¿Por qué no les pasa esto a ellos? Ellos se lo merecen más que yo. ¿Por qué me está sucediendo a mí?”. Bueno, simplemente te toca a ti, eso es todo. Todo el mundo pasa por pruebas. No se te permite ser testigo de su martirio, pero no se te permitirá perderte el tuyo. Tú no ves lo que ellos experimentan la mayoría de las veces, pero a nadie le faltan las pruebas. Las pruebas son comunes a todo el mundo. Su tiempo va a llegar, si no ha llegado ya; así que, nunca te permitas pensar que lo que te está ocurriendo es único. No lo es para nada. Es muy común, y el momento que comiences a preguntar, encontrarás docenas que han pasado por ello también.

Segundo, aunque son pruebas comunes, también son pruebas controladas. Dios es fiel; no permitirá que seas probado más allá de tus fuerzas. De nuevo, eso es difícil de creer, ¿no es así? Decimos: “Bueno, ya ha ocurrido. Ya estoy más allá de mis fuerzas”. No, no lo estás. Simplemente piensas que lo estás. Dios conoce tus fuerzas más que tú. Sabe cuánto puedes manejar y cuanto no puedes manejar. Uno de los principios básicos del entrenamiento en los concursos atléticos es el desarrollar cosas que no piensas que puedas hacer ahora, el poner más presión sobre ti mismo de lo que piensas que puedas manejar, ¿no es cierto? Y descubres que sí, lo puedes manejar. Esto es lo que Dios hace con nosotros. Pone presión sobre nosotros, pero es una presión controlada. Nunca será más de lo que puedas manejar mientras que entiendas la tercera cosa.

La tercera cosa es la gracia conquistadora que Él provee: “la salida”, que siempre está presente; nunca falla. ¿Cuál es el camino de salida? Es la dependencia. La disciplina siempre es necesaria, pero también lo es la dependencia. A través de todo el Antiguo Testamento los héroes y heroínas de la fe nos han enseñado que en la hora de la prueba Dios se deshace de todo apoyo humano para que podamos aprender que Él es suficiente. “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1), y nunca descubriremos eso hasta que todo lo demás nos haya sido quitado. Entonces empezamos a descubrir que Dios nos puede mantener firmes. Él mismo es el camino de salida, y es por eso que nos pone presiones y pruebas.

Señor, te pido que esta sea mi experiencia en los días venideros en este mundo afligido.

Aplicación a la vida

¿Qué tres aspectos de nuestras pruebas y tentaciones se nos aseguran como pueblo de Dios? ¿Cómo aborda esto nuestras quejas, así como nuestra confianza en el final del propósito de Dios?

Ray Stedman
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23 mayo 2017

La fidelidad de Dios

Hay momentos que parecen como que Dios no se mostrara, momentos en que su pueblo ha quedado avergonzado y desesperado, pero la historia aún no había terminado. (La cruz fue uno de esos momentos). De lo que no nos damos cuenta cuando estamos en medio de la crisis es que el propio honor de Dios está en juego.

A través de toda la Biblia vemos que él tuvo gente cuya fe, firme como una roca, probó su fidelidad aún en las circunstancias más difíciles. Esos siervos sin ninguna vergüenza comprometieron al Señor a actuar, poniendo Su honor en juego mientras confiaban en que él los libraría.

¡SIGUE HACIA ADELANTE!
Considera el ejemplo de Moisés en el Mar Rojo, una situación humanamente imposible. Israel estaba escapando del ejército egipcio, encerrados de un lado por el mar y del otro por las montañas. Moisés ya había profetizado que Dios guiaría a Israel a la Tierra Prometida y ahora, la reputación del Señor estaba en juego ante todos.

¿Cuál fue la reacción de Moisés ante esta crisis? Con el vasto mar frente a él, exclamó: “¡Hacia adelante!” Moisés, tenía tanta fe en el cuidado de Dios, y tanta confianza en su palabra de guiar a Israel a su promesa, que declaró: “Yo sé que el Señor es fiel y voy a actuar de acuerdo a su palabra”.

DISPUESTO A HACER EL LOCO
Piensa en las consecuencias de tal fe. Si el Mar rojo no se hubiera abierto milagrosamente, Moisés hubiese sido tomado como un loco. Los Israelitas habrían vuelto a la esclavitud, y Dios nunca más habría sido digno de confiar. Sin embargo todos sabemos lo que ocurrió: Cuando Moisés extendió su mano, las aguas se dividieron, y el pueblo cruzó sobre tierra seca. Yo te aseguro que ninguno que confía plenamente en Dios será avergonzado. Dios traerá liberación en sus promesas por amor de su nombre.

“Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová, y tu fidelidad te rodea” (Salmo 89:8).

David Wilkerson
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22 mayo 2017

Cuando descubrimos el orgullo espiritual

Salmos 46:10 Nueva Traducción Viviente (NTV) ¡Quédense quietos y sepan que yo soy Dios!, toda nación me honrará. Seré honrado en el mundo entero.

Uno de los más grandes errores que podemos cometer en nuestra relación con Dios es jugar al orgullo, y sabe, es una de las cosas más sencillas que nos pueden suceder y le voy a explicar porqué.

Normalmente las personas suelen cargar con su consciencia a todos lados, y el sentimiento de culpa que les genera el no tener una buena relación con Dios, como si las demás personas pudieran juzgarlas ó exhibirlas, pero en realidad no es así, nadie puede medir nuestra espiritualidad ni nuestra relación con Dios, pero de alguna manera la culpa que nuestro enemigo (el Diablo) siembra en nosotros, nos hace tratar de medirnos vs las otras personas para no sentirnos “tan mal” y es entonces donde tratamos de esforzarnos por “ser mejores” y aceptos ante los demás y ellas mismas.

La verdad es algo que noto mucho, porque no es necesario que una persona venga a consejería, sólo es necesario que se hable del tema de Dios, para que las personas empiecen a sentirse mal y culpables y siempre terminan con un “no, pues si, hay mucho por hacer” y sabe en realidad no tienen ni idea de qué es lo que tienen que hacer y tampoco lo harán, solo están tratando de no “verse mal” y por favor no crea que es un argumento que menciono para exhibir a nadie, por el contrario, hablo con conocimiento de causa y entendiendo perfectamente lo que experimentan muchos y el sentimiento que hay en sus corazones.

Cada vez que decimos “hay mucho por hacer”, sin notarlo dejamos aflorar nuestro orgullo, pues pareciera que creemos que somos nosotros quienes podemos poner remedio a nuestra falta de fe y de conocimiento, ciertamente podemos dedicar más tiempo a la lectura y meditación de la palabra, pero debemos de reconocer a Dios como tal, antes que nuestras propias fuerzas y nuestra propia voluntad.

De nada nos sirve tratar de esforzarnos si no sabemos quien es Dios, no se ha puesto a pensar que no en vano nos dijo que lo mejor que nos puede pasar es que seamos débiles para que sea Él quien se manifieste en fortaleza en nosotros? (1 Corintios 12:9), el reconocer lo que no podemos hacer, es una señal de humildad, pero no de la humildad de la que las personas luego hablan para enaltecerse a ellas mismas, sino de la humildad que nos hace reconocernos a nosotros mismos bajo la autoridad de Dios y dependientes de su poder manifiesto en nosotros única y exclusivamente por medio de su Espíritu Santo.

Recuerde que aun cuando pareciera benéfico para nosotros, todo lo que Dios hace por nosotros y aun por medio de nosotros tiene que ver con su gloria y no la nuestra, es entonces cuando estamos dispuestos a que sea Él quien se lleve el crédito y su Reino sea el centro de lo que hacemos, que nuestra oración fluirá y nuestra boca será un instrumento que genere no solo bendición, sino cosas asombrosas como sólo existen en aquel lugar donde Dios habita.

En pocas palabras, la mayor parte del tiempo sólo nos hace falta darle oportunidad a Dios de que sea Dios y a nosotros el descansar en Él, confiando que su voluntad tiene 3 características esenciales que no podemos dejar de observar, es buena, es agradable y es perfecta (Romanos 12:3) de modo que quien reconoce a Dios como tal y se entiende humilde (bajo su autoridad y con necesidad de su Espíritu), jamás tendrá que conformarse con un “Dios por algo hace las cosas”.

Esta mañana le quiero invitar a que ponga en práctica esto, a que se entienda como dependiente de Dios a que deje de sugerirle cómo hacer las cosas, a que deje de esforzarse por hacer y mejor se esfuerce por creer lo que está escrito por encima de lo que necesita y quiere y pídale a Dios que le revele (le aseguro que Él le responderá) cómo es que Él se glorifica en bendecirle, de modo que empiece a fluir y su orgullo espiritual quede de lado, y sea Él quien se lleve la gloria por la vida asombrosa que usted lleva, le parece?

Rene Giesemann
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21 mayo 2017

Deber y deléite

Si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme, porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciara el evangelio! Por eso, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada. ¿Cuál, pues, es mi recompensa? Que, predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio. (1 Corintios 9:16-18)


Lo que Pablo está diciendo es que no tiene ningún sentido de orgullo y logro porque ha predicado el evangelio fiel y gratuitamente. Al contrario, realmente no tiene otra opción sobre predicar el evangelio: “Me es impuesta necesidad de predicar”. En otras palabras: “Si no predico, estoy deprimido. Realmente no tengo opción en este asunto. Preferiría mucho más predicar que experimentar lo que sé que voy a experimentar si no lo hago: el látigo de mi conciencia, el sentido de fracaso en lo que Dios me ha llamado a hacer. No puedo vivir con eso. ¡Ay de mí si no anunciara el evangelio!”. Dice: “Si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré. Si acepto esta comisión de Dios y gozosamente hago lo que me dice que haga, me será de gran ventaja. Lo disfruto; pero sea que me guste o no, tengo que hacerlo”.

No hay nada malo con un sentido de deber, el sentido de que Dios te ha dado un trabajo para hacer y que tienes que hacerlo, te guste o no. Muchos de nosotros estamos incómodos con ese tipo de motivación, pero Pablo lo sintió. Dijo: “No tengo otra opción en el tema de la predicación. Me guste o no, tengo una comisión que cumplir, y si quiero que mi vida sea de valor, más me vale hacerlo”.

Pero no es por eso que lo hace gratuitamente. Nos dice la razón en el versículo 18: “¿Cuál, pues, es mi recompensa? Que, predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio”. Está diciendo que la cosa que le motivó a él, la cosa que le impulsó a trabajar horas tardías de noche haciendo tiendas de campaña para que pudiera ganarse la vida y no tuviera que ser sostenido por ninguna persona en la iglesia en Corinto, era el puro deleite que le daba el bendecir y enriquecer a otra persona, sin tomar un solo centavo en pago. Era el júbilo de dar que Pablo estaba experimentando.

Fui invitado por unos misioneros a ir al sur de Francia a tener una conferencia bíblica. Necesitaban ser refrescados de la Palabra de Dios, pero sabía también que no se lo podían permitir, y me lo dijeron cuando me llamaron. Dijeron: “No nos podemos permitir darte un honorario”. Yo dije: “No hay ningún problema. Vendré de todas formas. ¿Podéis permitiros los gastos del viaje?”, les pregunté. Ellos dijeron: “Lo intentaremos”. Sabía que lo iban a intentar de un salario escaso, ya que vivían en una de las áreas más caras del mundo. Así que fui a Francia. Mediante un malentendido, no vinieron a recogerme al aeropuerto en Lyon, y estuve allí durante 24 horas esperando a que me recogieran. Finalmente llegué a la localidad de la conferencia, y tuvimos tres o cuatro días dándonos un banquete en la Palabra de Dios. Vi cómo fueron bendecidos sus espíritus al oír la verdad. Al cierre de la conferencia vinieron a mí y me dijeron: “Hemos juntado un cheque de todas las contribuciones hechas aquí. No sabemos si es suficiente, pero es todo lo que tenemos, así que aquí lo tienes”. No era bastante; apenas cubría la mitad de mis gastos. Pero tuve el placer exquisito de firmar el cheque por detrás y devolvérselo, diciendo: “Usad esto para establecer un fondo para traer a más oradores para ministraros”. El ver el júbilo y la sorpresa inesperada en sus caras fue toda la recompensa que necesitaba. Me fui, ricamente pagado por ese ministerio.

Señor, enséñame a ser generoso, no a estar siempre preguntando: “¿Qué gano yo con esto?”. Ayúdame a no ser conformado al molde de este mundo. Enséñame a ser como Tú, Señor, a dar libremente y con gozo, aunque no se me dé nada en pago.




Aplicación a la vida

¿Hay un precio por nuestro servicio a otros? ¿Damos y servimos con gracia, y con gratitud al Señor Jesucristo, que lo dio todo para que pudiéramos tener riquezas eternas?

Ray Stedman
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