05 abril 2013

Para que no nos fallen

«Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará?, habló, ¿y no lo ejecutará?» Números 23:19 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

A veces me pongo a pensar y veo hacia atrás y me doy cuenta que mi vida y quiero entender que la vida de la mayoría de las personas que conozco están llenas de cosas que dijimos que íbamos a hacer y que nunca hicimos, de compromisos que adquirimos y que nunca cumplimos y de palabras que salieron de nuestras bocas y jamás fueron respaldadas por nuestras acciones, creo que si lo pensamos detenidamente es abrumadora la cantidad de ocasiones que esto ha sucedido, al modo que nos hemos acostumbrado a ello.

Hace no muchos días estaba pensando en esto, que tengo una lista de personas de las cuales ya no espero nada o bien no espero mucho, porque estoy acostumbrado a que me digan algo y no lo cumplan, y luego me aterroricé ante la idea de que pueda yo estar en la misma lista pero de otras personas, ya que les he fallado con o sin intención o bien han dejado de esperar o confiar en mi porque simplemente he tenido la peculiar actitud de fallarles.

Y esto que le digo no es algo fuera de lo común, en lo personal soy una persona distraída que se pierde de ciertos detalles y luego olvido citas o acuerdos a los que llegué con ciertas personas, suelo olvidar fechas importantes con frecuencia y a veces noto que olvidé o incumplí algo en el tono condescendiente de mis amigos o conocidos, y hasta que no medito en ello entiendo lo terrible de este asunto.

Lo más triste de todo es que vivimos en un mundo que cuenta con el incumplimiento de las demás personas todo el tiempo, es algo que se ha convertido natural, creo que nos asustaríamos si todas las personas alrededor nuestro nos cumplieran, ya que a su vez eso nos significaría un gran compromiso y sé que habrá quienes en este momento estén pensando "no, yo soy una persona de palabra y siempre cumplo lo que prometo", pero creo que sería alguien infalible, en realidad entiendo (no lo puedo asegurar) que todos tenemos un área débil en la que tendemos a fallar o a quedar mal con frecuencia.

Al vivir una situación tal, en la que ya contamos con el hecho de que nos fallen, llevamos este sentimiento o mejor dicho esta actitud a todos los planos de nuestras vidas, es decir, incluyendo nuestra fe, y aprendemos a orar pensando que probablemente Dios no responda nuestra oración o que bien "no es tiempo" ó que "Dios tiene algo mejor para nosotros", pero en realidad lo pedimos pensando en que tendríamos mucha suerte si Dios nos lo da.

Ayer hablaba acerca de esto en un congreso al que me invitaron, les decía que estamos acostumbrados a que Dios no nos responda y limitamos su voz a un "si" un "no" o un "no es tiempo", y esta tercer respuesta es algo que nos imaginamos ante la negación de querer pensar en un "no", pero la realidad es que en ningún pasaje de la Biblia Dios habla al hombre con respuestas tan simples o palabras unisílabas, por el contrario, Dios siempre habla abundantemente y siempre pone un propósito en todas las cosas que pone enfrente de los hombres, de modo que todo lo que pidan, tenga una garantía de cumplimiento por parte de Dios y una garantía de aprovechamiento por parte del hombre.

Esto que le cuento no es algo nuevo, los Israelitas ya habían hecho su propio mito acerca de Dios y de que "por algo" los había hecho cautivos en Egipto por mas de 400 años, siendo que Dios no tuvo nada que ver en la historia, Dios los había enviado como invitados especiales con privilegios por encima de todos y ellos decidieron dejar de escuchar la voz de Dios y escuchar al Faraón y temerle mas que a Dios mismo hasta que se hicieron sus esclavos, por tanto, se acostumbraron a que Dios les "fallara", cuando Él nunca les dijo nada acerca de lo que pedían.

Dios habló de privilegios a los Israelitas y cuando estos decidieron incluirle en sus decisiones de nuevo, las cosas volvieron a suceder al modo de Dios y si Dios los envió a Egipto en calidad de invitados especiales, los sacó de la misma manera, de modo que un día antes de salir de Egipto los envió (a los Israelitas) a que les pidieran sus vestidos finos y sus joyas a los Egipcios y salieron de ese lugar en la misma condición como entraron.

Lo inaudito, es que a pesar de ver señales todo el tiempo, incluyendo que el Mar Rojo se abriera para darles paso, y caminar detrás de una columna de humo de día y una de fuego de noche, lo Israelitas estaban tan acostumbrados a que les quedaran mal que su hábito sobrepasaba su condición actual, al grado que Dios tuvo que hacerles una "pequeña" aclaración y esa aclaración es la cita de hoy.

Esto quiere decir que Dios va a cumplir cada cosa escrita en su Biblia, ya que cada palabra escrita en ella es inspiración suya, y solo basta que la conozcamos y creamos en ella para comprobarlo, y también habla de todas las cosas que Dios nos habla, ya sea directamente o por medio de terceros como la profecía y que tienen una redundancia con la Biblia sucederán, el tiempo a veces depende mas de nosotros y nuestra actitud que de Dios, pues nos puede pasar a los Israelitas que tardaron 40 años en cambiar su entendimiento o como a Abraham que tardó 10 años en creerle a Dios que en su edad avanzada Dios le concedería tener un hijo.

Lo más emocionante de todo este asunto, es que una vez que decidimos creerle a Dios y que decidimos aceptar el hecho de que no nos falla y comprobarlo, aprendemos a imitarle, de modo que aprendemos a cada día dejar de quedar mal con otros y dejamos de mentir, con o sin intención, ya que su carácter (el de Dios) es reflejado en nosotros, todo por fe, todo por creer y entender que Él no miente, ni se arrepiente de ninguna palabra que haya dicho.
Rene Giesemann