Crónica de un hospital, un asalto y una palabra cumplida

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. —Hebreos 4:12

El devocional de hoy es uno muy especial, ya que no solo lleva un testimonio personal de algo que me sucedió anoche, sino que refleja el amor que Dios nos tiene de una manera muy particular.

La tarde de ayer día de ayer pintaba para ser un una tarde muy ocupada, entre una cita con mi dentista y varios compromisos, como el encuentro con un buen amigo, pero Dios tenía otros planes, de manera muy particular, cada una de mis citas se fueron cancelando al punto en el que no tenía nada agendado y no tenía ya ningún compromiso.

Justo estaba pensando en que hacer, cuando una muy buena amiga me llamó para pedirme si podíamos ir a ver a su hermano quien está muy enfermo en el hospital, ya habíamos platicado acerca de esto, solo nos faltaba encontrar el tiempo para hacerlo y en menos de lo que imaginamos las agendas de ambos coincidieron y nos dirigimos al hospital.

La intención de la visita era orar por el hermano de mi amiga, la verdad estaba yo muy nervioso, ya que no entiendo porqué, pero es mas fácil orar por desconocidos que por gente cercana y esta no fue la excepción, al llegar al hospital, Dios trajo a mi corazón la cita del Salmo 23:6, una de mis favoritas de la Biblia que declara que el bien y el favor de Dios nos persigue y hablé de esto al hermano de mi amiga.

Al estar hablándole, le dije que oraríamos por él, y que nos permitiera hacer que lo que Dios ha puesto en nosotros hiciera efecto en él, pero al momento que lo decía, pensaba dentro de mi en la gran responsabilidad que tenía al decir esto, pues no me gusta dar falsas esperanzas a las personas y aunque estoy convencido que Dios sana y bendice de manera inmediata, no quería alentar a alguien sobre algo que Dios no me ha hablado aún, por tanto fui muy claro en decirle que a causa de nuestra oración tenían que empezar a suceder cosas, ya que la palabra es viva y eficaz, tal como lo declara la cita de hoy.

Cuando salí de ese lugar, salí convencido, que tanto mi amiga como yo habíamos dejado algo en ese lugar y que de acuerdo a la promesa del Salmo 23:6 tenían que empezar a suceder cosas milagrosas, como siempre Dios ha hecho, pero sabe, no le voy a negar que dudé por un momento, y no porque no creyera, sino por el hecho de que es una gran responsabilidad el hablar a las personas y crear falsas expectativas en caso de no hablar y no expresarnos adecuadamente.

En cuanto llegué a casa me puse a sacar pendientes y a organizar mis cosas para las siguientes semanas, y tenía en la mente el hecho de que la leche se había terminado, de modo que dejé esto para el final y como última cosa a hacer para antes de ir a la cama.

Cuando por fin decidí ir a comprar la leche, iba un poco distraído, pensando en algunas cosas que habían sucedido el día anterior y en cuanto entré a la tienda de conveniencia que está a solo 2 cuadras de mi casa, vi a 2 personas desconocidas, pero es común que en esta tienda entrenen gente todo el tiempo, por tal no desconfié (aunque debí haber puesto mas atención), noté que había varias personas en el baño pero todos parecían hacer mucho alboroto, por lo que intuí que estaban haciendo cambio de turno y se divertían mientras lo hacían, así que me dirigí a donde estaba el refrigerador de la leche y tomé aquello por lo que iba, y en menos de lo que pude percatarme había un hombre apuntándome con una pistola e indicándome que entrara al baño del establecimiento, obviamente en el camino hacia allá, me despojaron de mi cartera y otros artículos personales, estábamos siendo víctimas de un asalto.

En cuanto llegué al baño, fue que me di cuenta de la situación, los empleados del lugar estaban tirados en el suelo y les estaban amarrando de las manos, y fue cuando vi sus rostros en shock que me percaté de lo delicado de la situación, en realidad nuestras vidas corrían peligro, de manera inmediata me arrojaron al suelo junto al dependiente del lugar y me juntaron las manos sobre la espalda con la intención de amarrármelas.

Lo interesante del asunto es que lejos de asustarme, y lejos de pensar en mi mala fortuna, Dios hablaba tan fuerte a mi mente y a mi corazón y repetía una y otra vez el Salmo 23:6, y entendí lo que Dios estaba queriendo recordarme, que el bien y su favor venían justo detrás mío, de manera que algo milagroso y espectacular tenía que suceder en cualquier momento, solo tenía que esperarlo, siempre ha sido así y no tenía porqué ser diferente en esta ocasión, esa certeza se instaló en mi corazón y lo creí firmemente, sabía que no podían tocarme y no podían hacerle nada a las personas que estaban conmigo a causa de la veracidad de esta cita, como todas las demás escritas en la Biblia.

A la vez que pensaba esto, la persona que nos ataba se ponía cada vez mas agresiva, como si algo le molestara (todo esto pasó en fracción de segundos) y de pronto entró el hombre de la pistola y le dijo "ya déjalos, hay una persona allá afuera llamando a la policía"  y en menos de lo que nos pudimos percatar, los asaltantes habían salido del establecimiento, ni siquiera tuvieron oportunidad de quitarme el reloj con el que tanto forcejeaban y en tan solo un segundo el lugar se llenó de paz y tranquilidad y nos dimos cuenta de que algo extraordinario había pasado.

Amo el modo que Dios tiene para enseñarnos las cosas o bien recordárnoslas, en la tarde en el hospital dudé y titubeé acerca de la palabra que dejé, pero Dios se aseguró que el efecto de la misma se hiciera presente y se aseguró de que nunca volviera a dudar de ninguna de las palabras que Él me hable, pues es mi responsabilidad (y esto aplica para usted también) el ser luz en medio de donde no la hay y llevar paz, para que aún los maleantes huyan de enfrente de nosotros tal como sucedió anoche.

Estoy seguro que tanto usted como yo hemos escuchado cientas de noticias en la televisión y he escuchado de muchas personas que terminan amarradas en los baños de los establecimientos, pero una sola palabra puede hacer la diferencia, la Biblia dice que la verdad nos hará libres, y en esta ocasión aplicó literalmente, la palabra de Dios que es la verdad fue declarada y la libertad sucedió de manera inmediata.

Yo le quiero invitar a que si por alguna razón no ha perseverado en la palabra, lo haga, ya que no solo le sacará de apuros como me sucedió a mi anoche, sino que le llevará ver y ser parte de milagros y prodigios en cualquier lugar al que usted vaya y lleve la presencia de Dios con usted, tal y como está escrito y prometido.
Rene Giesemann