03 mayo 2013

El patito feo

Todos conocemos, aunque sea a grandes rasgos, el famoso cuento escrito por el dinamarqués Hans Christian Andersen en 1843. 

Un huevo de cisne que por esos intrincados caminos de la vida, va a parar por error a una granja de patos. Cuando todos los huevitos eclosionan, las diferencias no tardan en aparecer. Obviamente el cisne parece ser más feo, torpe, grande y desproporcionado en comparación con sus “hermanitos” los patitos. Y es que evidentemente es un ser distinto.

El rechazo, el aparteid, la indiferencia del resto del grupo se hacen más y más crudos y vehementes, inclusive su propia “mamá pata” lo vapulea por ser como es. Triste, apartado, solitario, logra verse en el espejo de agua de un estanque y su figura distorsionada por el movimiento del agua le hace sentir un ser realmente feo y abominable. Una mamá cisne, pasa por allí en ese momento, reconoce en él a la bellísima ave que será algún día cuando crezca, y lo adopta en su familia con amor y ternura de madre. Es así como el “patito feo” se va con su nueva familia alegre y feliz ante el asombro de los patos, que antes le prodigaron todo tipo de desprecios y ahora vienen a ser la parte fea de la historia.

Los primeros destinatarios del cuento fueron los niños, con la intención de proporcionarles un mensaje que les ayudara con su autoestima y a resolver sus diferencias, pero es triste decir que hoy es una penosa realidad tanto en los niños como entre los adultos de hoy y aún dentro de ciertos grupos y comunidades denominadas “cristianas”.

Debo confesar que en el transcurso de muchos años, me ha tocado estar en ambos lados de la calle. Digo: tanto haber sido parte de “los normales” como ser el “patito feo” del grupo. En ciertos grupos y comunidades, ser diferente, algo mayor que la mayoría del resto del grupo; no poseer lo que en los estándares “comúnmente aceptados” sería un buen parecido; ello unido a pensar distinto, tener códigos y escalas de valores no incorrectas, pero a todas luces divergentes del resto, me fue llevando a ser el “patito feo” del grupo. Y con ello pude experimentar el rechazo, el aparteid, las actitudes descalificantes y desvalorizantes, la exaltación de los desaciertos en desmedro de las virtudes y los logros. Finalmente, uno comienza a creer que es realmente “el feo del grupo” y que no tiene más posibilidades de nada.

Sin embargo, Dios siempre estuvo poniendo a mi lado “mamás cisne” para hacerme notar a quién realmente pertenezco; los aspectos buenos y positivos de mi vida, que no todo es torpeza ni desacierto en ella; que aún tengo mucho de bueno para dar y que finalmente, siendo como soy, tomado de la mano de Dios es justamente como puedo ser de bendición para los demás.

Patos y cisnes son generalmente torpes en tierra, pero hábiles nadadores en el agua. Dios: eres el viento que me empuja hacia tus cálidas y mansas aguas…

Porque somos hechura suya,  creados en Cristo Jesús para buenas obras,  las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. —Efesios 2:10 RV60
Luis Caccia Guerra