He aquí tu sierva

Ante la incertidumbre de un futuro desconocido María escoge la sumisión a Dios
Versículo: Lucas 1.26-38

Encuentro: Vuelva a leer el relato de la visita de Gabriel a María. Procure identificar lo que representaba para María entrar en el plan de Dios. ¿De qué forma respondió ella al proyecto celestial?

Aporte: Involucrarse con la persona de Jesús no siempre resulta en la experiencia tan placentera que imaginamos. El Señor puede invitarnos a transitar por un camino que despertará la censura en aquellos que son parte de nuestro entorno cotidiano. La única forma de responder es rendirnos a sus pies. De hecho, caminar con él es un llamado a volver a convertirnos cada día.

Desde la comodidad de quienes conocemos la totalidad de la historia de Jesús es muy fácil que le otorguemos al encuentro de Gabriel con María una irresistible mística. ¿Qué mujer no hubiera querido estar en el lugar de ella, escogida para tan sublime llamado?

Si nos ubicamos en el lugar de la joven israelita, sin embargo, quizás podamos percibir algo del profundo desconcierto que le produjo el anuncio del ángel. Una mujer embarazada fuera del matrimonio era, en esa sociedad, un asunto que podía acarrear las más serias consecuencias para ella. ¿Qué explicación podía ofrecer esta jovencita ante tan escandalosa situación? Más allá de las burlas y el desprecio de la gente de su pueblo, María corría el peligro de perder a su prometido. ¿Quién iba a querer casarse con una que, ante los ojos del mundo, no era más que una ordinaria «mujerzuela»? Los más radicales podían incluso creer que era necesaria una severa disciplina para semejante desliz moral.

Nada de esto parece preocupar al Señor. El que desee involucrarse con Cristo deberá entender que se ganará el desprecio y la condenación de los que andan en tinieblas. El mismo Hijo de Dios llegaría un día a interceder ante el Padre por sus seguidores, diciendo: «Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo». Solamente aquellos que están dispuestos a darle la espalda a la aprobación de los hombres podrán constituirse en verdaderos discípulos de él. ¿Será esta la razón por la que muchos de nosotros imponemos fuertes restricciones a nuestra vida espiritual, limitando nuestros encuentros con Jesús a unos pocos momentos por semana? Darle mayor libertad a él podría producir semejante descalabro en nuestro ordenado mundo y nunca más seríamos iguales.

Claramente la propuesta de Dios implica para María la posibilidad de una vida de incomprensión y humillación. Es precisamente por esta razón que la respuesta de ella es tan sublime: «He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra». Ante la incertidumbre de un futuro desconocido ella escoge la sumisión a Dios. ¡Cuanta grandeza revelada en esta sencilla actitud! La más intensa lucha interior debe, finalmente, desembocar en este punto. Los argumentos, las dudas, la incertidumbre, y aun la vida misma quedan rendidos ante la grandeza de Aquel en cuyas manos está escondido nuestro destino. No vemos claridad sobre lo que nos depara el futuro, pero se ha apoderado de nosotros una extraña paz que no encuentra explicación. Se instalará en lo profundo de nuestro ser la inconfundible convicción de que hemos escogido la vida, y quien escoge la vida no será defraudado.

Se tomó del libro Dios en Sandalias, de Christopher Shaw, Desarrollo Cristiano Internacional, ©2008. Todos los derechos reservados.