08 junio 2013

Con el rostro en tierra

Ezequiel cayó rostro en tierra. Había una buena razón para esta postura horizontal. Él había visto algo tanto emocionante como aterrador.

En el año 597 a.C., Ezequiel y muchos otros judíos habían sido exiliados a Babilonia. Mientras estuvo en ese país extraño, Dios se le apareció y le dio palabras, tanto de condenación como de restauración. Dios llamó a Ezequiel para que fuera un profeta.

Junto con ese llamado vino una experiencia asombrosa. He aquí las propias palabras del profeta de lo que vio en una visión: «Tal era el aspecto de la semejanza de la gloria del SEÑOR. Cuando lo vi, caí rostro en tierra» (Ezequiel 1:28).

Eso es reverencia.
Al igual que Ezequiel, hemos sido llamados a «ofrecer a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia» (Hebreos 12:28). El libro de Hebreos nos da varias razones por las que debemos ser reverentes:

Dios es trascendente. No es alguien que vive en la casa de al lado. Su residencia está en el cielo (v. 25). Su «otredad» debe hacernos temblar.

Dios es todopoderoso. Su voz puede remecer la tierra (v. 26). Y un día hará temblar tanto la tierra como los cielos (Hageo 2:6).
Dios es eterno. Siempre ha sido y siempre será. Él es el «Gran Yo Soy», y siempre permanecerá (Hebreos 12:27).
Dios es soberano. Nos ha permitido —a los creyentes en Jesús— entrar en Su reino (v. 28). ¡Qué regalo tan asombroso hemos recibido de nuestro Rey!

Dios es santo. Es un «fuego consumidor» (v. 29). La ira de Dios es real y no ha de tomarse a la ligera.

Al leer por entero esta lista parcial de los atributos de Dios, espero que tu reverencia por Dios se vea renovada. Cuando perdemos de vista quién es Dios y la resplandor de Su gloria, podemos caer en pecado y conformarnos con una fe sin vida en un dios menor.

En vez de ello, caigamos rostro en tierra. Inclina tu cabeza delante de Dios ahora y expresa lo que ha estado atrapado en lo profundo de tu corazón . . . palabras de reverencia.