23 junio 2013

Considera los fracasos

¿Consideras que Moisés era un fracaso? ¡Difícilmente! Él fue a Israel lo que Washington y Lincoln juntos fueron para América y aun más. Pero mira de cerca la vida de este gran legislador. Su carrera comenzó con un asesinato, seguido de cuarenta años escondiéndose de la justicia.

Moisés era un hombre con temor e incredulidad. Cuando Dios lo llamó para sacar a los israelitas de la esclavitud, él suplicó: “nunca he sido hombre de fácil palabra…porque soy tardo en el habla” (Éxodo 4:10). Toda su vida Moisés deseó entrar en la Tierra Prometida, pero sus fracasos le impidieron entrar. Aun así, en Hebreos 3:1-2, Dios compara la fidelidad de Moisés con la de Cristo. Los fracasos de Moisés no le impidieron entrar al Salón de los Campeones de Dios.

Generalmente pensamos en Jacob como el gran guerrero de oración que luchó con el ángel del Señor y prevaleció. Sin embargo, la vida de este hombre estaba llena de evidente fracaso. Cuando joven Jacob engañó a su padre ciego con el fin de robar la herencia de su hermano. Despreciaba a su esposa Lea mientras alimentaba un gran amor secreto por su hermana, Raquel. Él no aceptaba su responsabilidad como esposo.

Aquí tenemos a un hombre atrapado en una telaraña de engaño, robo, infidelidad y poligamia. Sin embargo, todavía adoramos al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

El Rey David, un poderoso guerrero y cantante de salmos, se deleitaba en la ley del Señor, y se presentaba como un hombre justo que no se encontraría entre pecadores. Sin embargo, que chocantes son las debilidades de este gran hombre. Tomando a Betsabé de su esposo Urías, envió a ese hombre inocente a la muerte al ponerlo en la primera línea de batalla de su ejército. El profeta Natán declaró que este doble pecado les dio una gran oportunidad a los enemigos del Señor para blasfemar.

Imagina al gran rey de pie junto al ataúd de su hijo ilegítimo muerto, una esposa robada a su lado, y un mundo lleno de enemigos que maldecían a Dios a causa de sus pecados tan notorios. Sin embargo, Dios llamó a David “un varón conforme a su corazón” (1 Samuel 13:14).

Si estás desanimado por tus fracasos, tengo buenas noticias para ti. Nadie está más cerca del reino de Dios que el hombre o la mujer que puede mirar la derrota a los ojos, enfrentarla, y pasar a una vida de paz y victoria. A pesar del fracaso, ¡Sigue avanzando! Es frecuentemente después de un fracaso que un hombre hace su obra más importante para Dios.
David Wilkerson