Honra tu ministerio

Me dirijo ahora a ustedes, los gentiles. Como apóstol que soy de ustedes, le hago honor a mi ministerio —Romanos 11:13

El llamamiento y los dones (dadivas, presentes, regalos, gracia) de Dios son irrevocables. (Irreversibles, que no se pueden quitar, una vez dados) ¡Oh Dios. Que maravilloso eres! A Dios no lo podemos ver pero si le hemos conocido porque Jesucristo, su Hijo lo ha hecho conocer y Su Palabra, habla de sus hechos, maravillas y prodigios. ¿No deberíamos nosotros de estar inmensamente agradecidos y humildemente reconocer que aun siendo pecadores, insignificantes y efímeras criaturas, Dios nos haya alcanzado a través del Evangelio de Paz, con su inconmensurable amor y gracia, salvando nuestras vidas, sacándonos de tinieblas y trayéndonos a la luz? Y como si esto fuera poco, nos ha bendecido con toda bendición desde los cielos y nos ha colmado de dones, dadivas, virtudes y nos ha adornado con habilidades, inteligencia y nos ha hecho participes de su sabiduría, revelándonos lo que aun a los ángeles les era velado.

Dios no ha otorgado a todos y a cada uno, dones y talentos, de acuerdo a la medida de nuestra fe; por otro lado, nos creó con el libre albedrio, es decir la capacidad de decidir qué hacer con ellos, por tanto no nos va a obligar para que los usemos de una u otra manera; es nuestra decisión lo que hacemos, pero no olvidemos que un día tendremos que rendir cuentas.

Yo de vez en cuando asisto a conferencias de diferentes medios a donde me invitan y aunque se de antemano si los productos o servicios que me van a ofrecer me interesan o no, si sé que aún tengo mucho que aprender y que uno aprende de todos, de la gente del mundo y de la gente de la Iglesia; y hay muchas formas de aprender y cada persona aprende de diferente maneras, yo personalmente aprendo por el método del análisis y no me canso de comparar y contrastar el conocimiento de Dios con el conocimiento del mundo.

Esta semana fui a una conferencia sobre productos financieros y de inversión y como es lógico el tema principal es el dinero, la inversión y las mejores opciones en el mercado y antes de empezar pude ver en la pantalla gigante que teníamos al frente varias frases famosas y me llamo la atención una de Woody Allen (Actor de Cine) que decía: “Cuando yo era joven, creía que el dinero era lo más importante del mundo y ahora que estoy viejo, estoy convencido que si lo es” Y realmente tiene razón y dice verdad, porque se refiere a “lo más importante del mundo”, y para el mundo, el dinero es lo más importante y lo que lo mueve, para bien o para mal. Si frase dijera: Lo más importante de la vida, para cada uno de nosotros, cuál hubiera sido la respuesta? En el mundo estamos y necesitamos del dinero, pero no es todo en la vida, ni tampoco lo más importante; lo más importante ni siquiera lo podemos comprar con dinero, pero si podemos tenerlo todo por fe.

Para alguien del mundo, la respuesta seguiría siendo la misma, el dinero y gasta toda su vida en ello, pero Jesucristo dijo que ni El, ni nosotros somos de este mundo y que además somos ciudadanos del cielo. Entonces, como ciudadanos de cielo que somos, si alguien nos pregunta, qué es lo más importante en tu vida? Que le contestaríamos?

Yo no sé qué contestarían ustedes, tal vez, la familia, la religión, la paz, la patria, pero sí sé que lo más importante que me ha sucedido a mí en la vida, es haber conocido a Jesucristo, haber creído en El y haber caminado con El, desde ese día hasta la eternidad. Todo lo demás es simple añadidura; la familia, el dinero, la fama, el trabajo, los bienes materiales e intelectuales, la pareja y todo lo que quieras añadir, todo es don de Dios, sea que creamos en Dios o no. A Dios no le bastó con regalarnos la salvación, porque no tiene precio, ni la merecíamos, sino que además nos colma de bienes, bendiciones y dones y que hacemos nosotros con todo ello?

Al Apóstol Pablo, para los que conocen su historia y su Ministerio, no le importo dejar atrás y renunciar a todo lo que era, tenía y representaba para seguir a Jesús, obedecerlo y sobre todo en utilizar sus dones en proclamar el Evangelio y traerlo a nosotros, los gentiles, aun en contra de los intereses de los suyos; de no haber sido así, jamás hubiéramos conocido el Evangelio.

Hoy quiero invitarte a pensar cómo puedes utilizar tus talentos y dones para la Obra de Dios; no esperes a que alguien te nombre en un Ministerio para comenzar a trabajar; ya Dios nos ha ungido con el aceite de su Espíritu y nos ha dotado con talentos y dones con los que podemos bendecir a otros, en donde quiera que estemos, como el trabajo, el estudio, la casa, la calle y hasta mientras descansamos y en tu tiempo libre.

Honrar a Dios con tu Ministerio, con tus dones y talentos, con tu tiempo, es una manera de darle un nuevo sentido a tu vida y de paso acumular bienes espirituales en los cielos a donde verdaderamente pertenecemos y viviremos por el resto de la eternidad.

Un ministerio es un concepto muy amplio que no se limita a hablar en público, ni a ser un exitoso orador y ni siquiera tener que hablar de religión; un ministerio puede comenzar con algo tan sencillo como un abrazo, una palabra amable, una sonrisa, alegrarle el día a alguien, acompañar a una persona sola, caminar una milla más con aquella persona insegura, hablar de tus experiencias con Jesús, de cómo eras antes y como eres ahora, de tus planes, leerle La Biblia a un anciano y mil formas más de mostrar el amor de Dios a tu prójimo. Has del mandamiento de “amarnos los unos a los otros” un ministerio y veras como este va a crecer y Dios va a estar muy orgulloso de sus hijos y a usarnos haciendo lo que mejor sabemos hacer. Necesitamos que la gente vea a Jesús, a través nuestro.

Te bendigo y bendigo la obra de tus manos, de tu mente y de tu corazón.
Y que Dios te bendiga y haga resplandecer su rostro sobre ti, para que seas un siervo útil. En el nombre de Jesús. Amen
Hefzi-ba Palomino