16 junio 2013

Una meta tangible

Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. —Filipenses 3:14

El hombre fue hecho y se ha acostumbrado a vivir cumpliendo metas y alcanzando sueños, no solo los sueños y metas "estándar" como casarse, tener hijos y formar una familia, sino todo tipo de sueños y metas desde pequeños hasta grandes.

Hablando de sueños y metas estándar, es interesante platicar con las personas al respecto, hay quienes aún no tienen planes de casarse o de formar una familia, pero tienen la certeza de que llegará el día que lo hagan y sus ojos se llenan de un un brillo que reflejan la certeza de que así sucederá aunque no saben aún cómo es que esto sucederá y es de algo similar de lo que le quiero hablar.

Todas las personas tienen una consciencia y tienen la idea de que deben de tener una mejor relación con Dios, sin embargo, la mayoría de las personas no tienen una idea de cómo es esto y siempre lo posponen, aquí es donde ese brillo que genera la certeza de cumplir un propósito como casarse o tener hijos se ausenta, pues no existe tal certeza y a veces falta incluso el interés de que así suceda.

La fe de las personas se ha llenado de mitos, y muchos de esos mitos ni siquiera tienen una explicación dentro de la mente de las personas, alguien les dijo que todo va relacionado con la famosa "eternidad" y ante no ver esa eternidad alguien decidió que la eternidad comienza el día que muramos y muchas personas han decidido adoptar esta idea, de modo que todo se trata del día que muramos y que recibamos la gran recompensa de ver de nuevo a la abuela que tanto extrañamos ah!, y de paso ver a Dios.

Fue precisamente eso lo que Jesús vino a enseñarnos que no es así, obviamente llegará el día que muramos y durmamos para despertar hasta el día que Jesús venga de nuevo, pero la meta a alcanzar no es el famoso Armagedón y luego saber cual fue nuestra suerte si nos fuimos al cielo o al infierno (que de paso eso tampoco dice la Biblia), existe una meta, una medida y una garantía de vivir realmente como viviremos en la famosa "eternidad" desde hoy si así lo decidimos, solo que nadie nos lo ha contado y además tenemos pereza de leer la Biblia que es donde dice esto.

Pablo el Apóstol sabía esto, y hablaba de ello constantemente, mas muchos tienen la idea de que Él sólo se veía en el cielo para dejar de estar en la cárcel y que anhelaba con los tiempos "celestiales" para dejar de vivir esta vida, pero no podemos dejar de entender que su llamado era distinto, él estaba fundando la Iglesia junto con el resto de los Apóstoles, su meta era diferente y aquello que veía en su futuro, no era a Dios dándole la bienvenida al Reino de los Cielos en algún lugar extraño, sino veía a las personas como usted y como yo viviendo una vida gloriosa desde aquí en la tierra y siendo parte de esa famosa "eternidad" desde ahora, sin necesidad de morir físicamente para ello.

Pedro el Apóstol escribió detalladamente sobre esa vida, Pedro no solo la alcanzó, sino la describió, para que tuviéramos un parámetro de a donde llegar y cómo vivir de esa manera, en otras palabras, dejó la meta mas clara, para que no nos confundiéramos, pero para eso, tenemos que pasar del libro de Génesis en nuestros famosos intentos por encontrarnos a nosotros mismos en la Biblia en vez de a Dios.

Cuando nos quede claro esto, el convertirnos en verdaderos hijos de Dios y parte del Reino de los Cielos, será una meta tan clara como casarnos, como tener hijos y ser parte de una sociedad productiva, solo alguien tiene que ponernos el ejemplo y aclararnos que tenemos que encontrar esto en nuestra intimidad con Dios y no solo reflejado en los demás para que sea aspiracional, ¿no lo cree?
René Giesemann