18 julio 2013

La gracia es gratuita

“[El Padre] entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.” (Lucas 15:31-32)

El hijo más joven, el hijo pródigo, estaba entrampado en un fango de soledad provocado por el pecado. Estaba muerto en su propia voluntad y en su miseria, experimentó algo más allá de su dolor… ¡experimentó su perdición!

Mientras pensaba en su padre, quería volver con él para someterse por entero. Sabía que nunca podría compensar o agradar a su padre a través de cualquier buena obra. También se dio cuenta de que estaba dependiendo totalmente de la gracia y amor de su padre para que haya cualquier tipo de restauración.

Pero el hijo mayor nunca tuvo un sentido de su perdición, de lo vano que era tratar de zanjar el abismo existente entre él y su padre, por lo que nunca hizo frente a su necesidad de hacer morir al yo.

Amados, ese abismo no puede ser zanjado por obras, promesas o esfuerzo propio. Nuestra aceptación en el amor del Padre viene sólo a través de la sangre de Jesucristo. No hay ninguna otra plegaria. Sólo la cruz zanja el abismo.

Puedes estar en contra de todo lo que he escrito aquí. Puedes decir: “Hermano Wilkerson, usted le está diciendo a los pecadores que si ellos simplemente se arrepienten, todo súbitamente va a estar bien, y que Dios les borrará su pasado y que los traerá inmediatamente para Su favor y bendición.”

Sí, eso es exactamente lo que estoy diciendo… ¡porque eso es lo que está diciendo Jesús en esta parábola! Cada vez que un pecador se vuelve al Señor en absoluto arrepentimiento, quebrantamiento y humildad, es llevado de inmediato a los brazos amorosos de su Pastor.

La gracia se concede gratuitamente a aquellos que han muerto a los sentimientos de valor propio… ¡y que han reconocido cuán perdidos están!
David Wilkerson