09 marzo 2015

La relación entre el amor y lo espiritual

1 Corintios 14:1 Nueva Traducción Viviente (NTV) ¡Que el amor sea su meta más alta! Pero también deberían desear las capacidades especiales que da el Espíritu, sobre todo la capacidad de profetizar.

Ha usted alguna vez escuchado aquel famoso dicho que reza “divide y vencerás”?, yo si, muchas veces y entre más lo escucho, más me convenzo que ha de haber sido el mismísimo Diablo el que lo dijo (estos es solo mi opinión personal), pues es una táctica que usa todo el tiempo, siempre separa las cosas importantes, nos distrae de ellas y nos deja a mitad del camino y sin los beneficios de ser hijos de Dios y herederos de su Reino.

Hay cosas a las que dedicamos poco tiempo en meditar y por ello no estamos completamente convencidos de cómo es que funcionan o cual es su naturaleza y es entonces que separamos de acuerdo a como entendemos o peor aún de acuerdo a como sentimos.



Es justo ahí donde nuestro adversario (el Diablo, el Chanclas o como guste usted llamarle) se aprovecha de nosotros, en nuestras emociones, ya nos ha hecho pensar que cosas tan fundamentales como el amor tienen que ver con nuestros sentimientos y no con nuestra manera natural y racional de actuar y de ser, ya que lejos de ser una emoción, el amor es una constante toma de decisiones a favor de alguien (Dios incluido) y tiene su fundamento en el conocimiento de ese alguien y de cómo ese conocimiento nos da la capacidad de decidir, no de sentir.

Piense en esto, las personas suelen decir “Dios es amor”, pero si Dios es amor, entonces el amor tiene las mismas características que Dios, debe de ser eterno y no dejar de ser, tal como lo describe el capítulo 13 de la primera carta a los Corintios.

Y por qué le digo esto?, es sencillo, una vez que entendemos el amor como algo racional, algo que es parte de nuestra naturaleza y nuestra identidad, es cuando empezamos a entender otro tipo de cosas que hemos metido en otro cajón que es igual de confuso que aquel donde metimos al amor, y me refiero a los asuntos espirituales.

Muchas personas confunden las cosas espirituales con las cosas místicas, cuando en realidad son totalmente opuestas, lo espiritual obedece al espíritu, mientras lo místico obedece a lo oculto, siendo el espíritu lo que nos permite escuchar la voz de Dios y conocer a Dios quien es y se manifiesta por medio de su palabra, por tanto el espíritu nos lleva a lo racional y a lo consciente, mientras lo místico nos confunde y aleja de ello, por tanto aquellos que viven bajo el moto de “Dios por algo hace las cosas”, tienen una relación con un dios místico que dista mucho del Dios que habla fuerte y claro de la Biblia.

Cuando empezamos a amar racional y conscientemente la consecuencia inmediata será el desatar de los dones espirituales, ya que el amor, es decir la constante decisión a favor de Dios es la que nos hace actuar como Él actúa y con ello su naturaleza (imagen y semejanza) es despertada en nosotros y podremos hacer como Él (Jesús) hizo y aún superar sus obras de acuerdo a la promesa que nos dejó.
Me emociona la cita de hoy, note como el Apóstol nos exhorta a poner los ojos en amar todo el tiempo y a desear el funcionar espiritualmente, ya que si hacemos así, todo lo terrenal y todo lo natural se nos sujetará, tal como lo hizo con el Hijo mientras anduvo entre nosotros.

Por tanto, si su vida pareciera necesitar un milagro para alinearse y ponerse en orden, he aquí la receta secreta (aunque en realidad siempre ha estado ahí) que estaba usted esperando, ponga su mirada en las cosas que Dios tiene puesta la suya y deje que los beneficios (la famosa añadidura) le alcancen, sobrepasen y honren a Dios para que se cumpla su palabra y no solo nuestros pequeños y obtusos deseos.

Me emociona ver como Dios nos deja ver claro, como verdaderamente el amor es el detonador de todo aquello que esperamos, ahora solo debemos de enfocar nuestra atención y nuestras fuerzas en aprender a amar como Él ama y nos enseña como para vivir por encima de nuestras circunstancias y el mundo que nos rodea, como ve?, me acompaña a vivir diferente?
Rene Giesemann