18 abril 2015

Caí a sus pies

Llegará el día cuando Jesús se revelará plenamente a la humanidad malvada. Cuando eso suceda la gente clamará que las rocas y las montañas caigan sobre ellos y los escondan de Su impresionante presencia. “Se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono” (Apocalipsis 6:15-16).

En la Iglesia Times Square, a menudo predicamos contra el pecado, y muchos pueden decir: “He dejado todo lo que el Espíritu ha expuesto en mí que no está conforme a Jesús.” Sin embargo, me doy cuenta que todavía nos falta; todavía nos quedamos cortos de Su gloria. La sola predicación no traerá el odio por el pecado que tantos necesitan en estos últimos días, se requerirá una profunda y penetrante manifestación de la presencia santa de Dios, porque sólo en Su presencia vamos a aprender a odiar el pecado y caminar en Su temor.



Oigo a cristianos que hacen alarde: “En el día del juicio no voy a tener que caer sobre mi rostro. ¡Estaré valientemente en pie, con todo y mis imperfecciones, porque estoy confiando en Su salvación, no en mis obras!”. Es cierto que no somos salvos por las obras, pero si no obedecemos los mandamientos de Cristo, entonces nunca le amamos realmente y Él no se manifestó en nosotros (Juan 14:21).

El apóstol Juan, nuestro “hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación” (Apocalipsis 1:9), el que una vez que se recostó cerca del pecho de Jesús, vio a Cristo en Su santidad glorificada. Juan testificó: “Y…vuelto, vi…a uno semejante al Hijo del Hombre…sus ojos como llama de fuego…y su voz como estruendo de muchas aguas….y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas” (Apocalipsis 1:12-17).

Puede que seas como Juan, un hermano recto en el Señor, un siervo o sierva que ha soportado muchas tribulaciones, pero ¿Puede alguien estar delante de una Presencia que brilla como el sol en toda su fuerza? No seremos capaces de mirar a esa santidad así como ahora no podemos mirar hacia el sol sin tener que usar gafas oscuras. Él tendrá que capacitarnos en aquel día, tendrá que tocarnos y confortarnos para no tener miedo.

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría…sea gloria y majestad, imperio y potencia” (Judas 1:24-25).
David Wilkerson