23 abril 2015

Cuando todo se derrumbe

Hoy en día, muchos cristianos corren a las montañas para esconderse de las calamidades crecientes. Los llamados “profetas” están diciendo a la gente que busquen refugios. A los judíos cristianos se les está advirtiendo que regresen a Israel para escapar del colapso financiero que viene a los Estados Unidos.

Yo sé dónde quiero estar cuando todo se derrumbe. Cuando colapse el mercado financiero, yo quiero volver a Wall Street, donde estuve en la última crisis el 19 de octubre 1987. Yo quiero estar ahí, como un moderno Enoc, caminando y hablando con Dios, sin temor. Un testigo pacífico, sin temor, predicando de Jesús a todos aquéllos, cuyo mundo ha colapsado.



Jesús dijo: "¡Id!" y no: "¡Escóndanse!". Yo quiero estar donde está el Espíritu Santo y tú puedes estar seguro de que Él estará allí en el frente de batalla, atrayendo a los afligidos y temerosos.

Enoc vio este mundo impuro. Su propia sociedad era maligna, y a medida que él repasaba la historia de sus días recientes, todo lo que él podía decir era: "¡Impuro, impuro!” Enoc, séptimo desde Adán, profetizó: "He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él" (Judas 14-15).

¿Estás caminando con el Señor? Entonces debes ver el mundo como lo vio Enoc: Impuro y repleto del espíritu del anticristo y de palabras ofensivas contra tu Dios. ¿Cómo puedes ser parte de un mundo tan inmundo? ¿Cómo puedes asociarte con aquéllos a quienes Él vendrá a juzgar? Dios viene con decenas de miles de Sus santos para juzgar a un mundo pecaminoso y perdido. ¿De qué lado estás?

Pero si caminas de la mano de Jesús, hablando con Él, escuchándole, entonces aborrecerás este sistema mundano impío. Te pondrás del lado del Señor en contra de los que hablan mal de Él. Oirás al Señor decir: “El que quiera ser amigo del mundo, se constituye en mi enemigo" (ver Santiago 4:4).
David Wilkerson