¡No estaba atado a esta tierra!

Elías y Enoc, los dos únicos profetas que fueron trasladados al cielo, tenían algo en común. Ambos aborrecían el pecado y predicaban en contra de éste. Ambos caminaron tan estrechamente con Dios que no pudieron evitar el compartir Su odio por la impiedad.

El efecto innegable de todos los que caminan con Dios es un odio creciente por el pecado; y no sólo odio, sino una separación de éste. Si tú todavía amas este mundo y te sientes cómodo con lo impío; si eres amigo de los que maldicen contra Dios, entonces tú no estás caminando con Dios. Estás sentado sobre el cerco, avergonzando Su nombre.



"Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios" (Génesis 5:24). Sabemos por Hebreos que esto se refiere al traslado de Enoc, al hecho de que él no probó la muerte. Pero también significa algo más profundo que eso. "Desapareció", como dice en Génesis 5, también significa "no era de este mundo".

En su espíritu, en sus sentidos, Enoc no era parte de este mundo malvado Fue llevado en el espíritu a un reino celestial. Cada día, a medida que caminaba con el Señor, ¡Enoc se desprendía más y más de las cosas de esta tierra! Día tras día, año tras año, él subía, acercándose a la gloria. Al igual que Pablo, él moría diariamente a este mundo. A pesar de esto, Enoc continuó teniendo responsabilidades. Cuidaba de su familia, trabajaba y ministraba, ¡pero él no estaba atado a lo terrenal! Ninguna de las exigencias de esta vida podría impedir que él caminara con Dios. En cada momento de debilidad su mente volvía a Dios. Su corazón parecía atado a Dios como una gran banda de goma: Cuanto más uno tiraba de ella, más rápido volvía a Él. ¡El corazón de Enoc siempre "volvía" al Señor!

A medida que la humanidad a su alrededor se volvía más pecaminosa, a medida que los hombres se volvían más y más como bestias llenas de lujuria, dureza y sensualidad, Enoc se hacía más y más como Aquél con quien él caminaba.
David Wilkerson