Caprichosamente feliz

“Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios, Y saltarán de alegría” (Salmos 68: 3)

¿Ha tratado de ser más organizado este año? ¿Aunque sea un poco más que el anterior? Intuimos que a mayor orden, mayor eficacia. Sabemos que hay cosas que dependen de nosotros y nadie vendrá a realizarlas en nuestro lugar. Así que nos compramos agendas voluminosas a las que darle un uso decoroso, o echamos mano de los modernos medios tecnológicos para atiborrarlos de alarmas y memorandos. La vida es compleja y nosotros queremos hacerla simple mediante la estructuración de  nuestro día a día. Es verdad que ello es necesario y facilita colocar lo mejor posible las piezas del Tetris que ponen en nuestras manos las circunstancias de cada jornada. El método es bueno, pero no olvidemos la actitud. Puedo tener una gran agenda, ordenada y completa para cada día, pero puedo llevar a cabo las tareas con pesar y hasta con amargura. El método debe estar permeado de las actitudes convenientes. En nuestras agendas debe haber suficiente espacio para la risa, la bondad, la misericordia, la sencillez, la templanza, la paz y así hacer de cada amanecer un motivo de gratitud y de gozo.



¿Por qué andar ceñudo por la vida, cuando puedo elegir mis actitudes? Todo es una cuestión de elección. No podemos esperar que los demás nos hagan felices, ni que el día sea perfecto para hacer aquello que queremos. Debemos afrontar nuestras realidades de tal manera que el sentido de nuestra existencia tenga su valor en lo que somos y en aquello que queremos llegar a ser. Si somos honestos, tendríamos que confesar que la pesadumbre y el hastío son visitantes demasiado frecuentes. Andamos por la vida emocionalmente lisiados, porque las tareas nos han puesto zancadillas y nos han hecho tropezar con la realidad. Solo podemos evitar esas caídas que amainan nuestra andadura cuando reparamos en lo esencial, en lo que es invisible a los ojos.

No podemos modificar ciertas vivencias, llegan y no hay mucho que hacer para que sean distintas. Sin embargo, su efecto en mí puede variar si pongo las cosas en perspectiva. Ante la necesidad de algo puedo afanarme, o confiar en el que viste al campo y da de comer a la fauna del mundo. Ante la enfermedad podemos entristecernos hasta la depresión o confiar en medio del dolor y la prueba. Ante un día largo y lleno de responsabilidades podemos alterarnos, reaccionar con enojo, o disfrutar del privilegio de la vida y de las múltiples posibilidades de ser útiles. Si algo se rompe, no debe quitarnos la sonrisa. Si no alcanzamos aquello que quisimos obtener, no debemos olvidar que Dios está al control y su sabiduría supera a la nuestra en proporciones infinitas.

Mire a un niño maravillado por una mariposa y aprenda. ¿Hace cuánto que no le brillan los ojos solo por contemplar la creación de Dios? Medite en lo que le hace feliz, dedique sus pensamientos a aquellas cosas que en verdad lo merecen. Nuestros pensamientos afectarán  nuestras emociones y nuestras emociones condicionarán la manera en que actuamos. Sea caprichosamente feliz, Dios quiere que así sea. Mire con desdén al insólito contratiempo. Ladee la cabeza ante el fatídico infortunio y mire a Jesús. Sí, a Jesús, él dio ejemplo poniendo el gozo delante de sí ante la realidad eminente de la cruz. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2). Él vivió como uno de nosotros, su impronta nos grita que se puede. No te conformes con menos. Una vida plena, esa es la herencia de los justos (Juan 10:10).

Tengo ahora mismo mi agenda anual al lado izquierdo de mi ordenador. Estamos finalizando el primer trimestre de este nuevo año. Hay muchos desafíos y mucho trabajo por delante. Pero se me antoja escribir en la primera página del año la frase que da título a este artículo: Caprichosamente feliz. No puedo imaginar lo que sucederá mañana, no soy capaz siquiera de controlar la cantidad de cabello que pierdo cada año, ni por mucho que lo desee podré tener ojos azules, pero tengo a Dios, “al Dios de mi alegría y de mi gozo” (Salmos 43:4). Mi alma está de fiesta desde que conocí a Jesús. Por tanto, elijo la alegría de ser libre. Por encima de las agendas, de lo desconocido y del mismo infierno está mi Jesús, él es mi todo y el motivo principal de todas mis sonrisas.

Osmany Cruz Ferrer