Padres que oran

Un día todos estaremos delante del Juez y responderemos por cómo criamos a nuestros hijos. Y en aquel momento, ninguno de nosotros será capaz de dar excusas o de culpar a alguien más. Por lo tanto, hoy tenemos que examinarnos a nosotros mismos, haciendo la pregunta: ¿Hemos criado a nuestros hijos en el temor y la amonestación del Señor? ¿Hemos modelado para ellos una vida de amor y de reverencia al Señor?

Recuerdo de niño, haber estado jugando afuera y oír a mi mamá orando por mí desde el tercer piso de nuestra casa. Su ejemplo se mantiene vívido en mi memoria. Después, cuando Gwen y yo criábamos a nuestros hijos, hacíamos lo mismo, orando por nuestros hijos según la Palabra de Dios: "Señor, haz que nuestros hijos sean como robles junto a las aguas de vida. Y haz que nuestras hijas sean como piedras labradas en tu palacio. Guárdalos a todos ellos de las maquinaciones del maligno" (ver Isaías 61:3 y Salmos 144:12).



Todo padre cristiano tiene grandes esperanzas para su hijo. Lo veo de manera regular en nuestra congregación, cuando los padres traen a sus hijos al frente para ser dedicados al Señor. Nuestro equipo pastoral ora a Dios para que Su amor y protección esté sobre estos pequeños. Luego los ungimos con aceite y le pedimos al Espíritu Santo que ponga un muro de fuego alrededor de ellos.

Pero ocasionalmente, no puedo evitar preguntarme: ¿Cuántos de estos preciosos hijos acabarán en las garras del diablo, en drogas, en crímenes, debido a que mamá o papá descuidó la atmósfera espiritual de su casa? ¿Acabarán en ruinas porque sus padres se envolvieron en sus propios problemas y nunca les dieron atención ni disciplina apropiada?

Quizás, tú seas un padre que sufre porque tu hijo adulto o tu hija ya no sirve al Señor. O quizás tu corazón está quebrantado debido a que tu hijo joven está enganchado en las drogas o alcohol. Viste cómo tu hijo, que una vez fue tierno, se llenó de amargura, se endureció y se perdió.

Este mensaje no pretende condenarte. Nadie puede traer de vuelta su pasado. Pero sí tengo una pregunta para ti. Al mirar hacia atrás, cuando lo criabas, hazte las siguientes preguntas: ¿Fuiste un verdadero guardián en tu casa? ¿Cubriste diariamente en oración a tus hijos, o estabas demasiado ocupado? ¿Dejaste que tus hijos te intimidaran?

Todo eso ya está en el pasado. Pero, aún queda algo que puedes hacer: Todavía tienes un llamado de orar diligentemente por la salvación de tu hijo. Es correcto, tú puedes recuperar hoy en oración aquello que quizás perdiste años atrás. Todavía puedes buscar el rostro de Dios, darle a tu ser querido un baño de oración e invocar sobre él la convicción de pecado del Espíritu Santo para que vaya a la cruz.
David Wilkerson