19 mayo 2015

Ríndete a él

“Finalmente, dejen que el gran poder de Cristo les dé las fuerzas necesarias.” Efesios 6:10 (Traducción en lenguaje actual)

Cuando el panorama se pone en tu contra, cuando las noticias que vienen no son las que esperabas y ves como todo se complica es momento de hacer un alto.

Y es que nadie espere que de la noche a la mañana todo el panorama cambie de estar todo perfecto a complicarse todo. A veces cuando estamos pasando por periodos como esos, en donde todo nos sale en contra surge una pregunta en nuestra mente: ¿Qué hice para que todo me este yendo mal?



Solemos relacionar los problemas que enfrentamos con algo malo que hicimos y que por consecuencia estamos enfrentando esos problemas. Pero, ¿Qué pasa cuando no has hecho nada malo y aun así los problemas aparecen sin que ni para qué?

En esos momentos de incertidumbre y confusión, en esos momentos de preguntas y más preguntas sobre tu actual estado lo mejor que podemos hacer es RENDIRNOS A DIOS.

Y es que por más que reneguemos de lo que estamos viviendo, por más que tratemos de justificar que somos tan bueno como para no tener que vivir eso que hoy estás viviendo, no existe otro antídoto a esos sentimientos encontrados que ir delante de la presencia de Dios y RENDIRNOS A ÉL.

Este día, muy temprano en la mañana reflexionaba mucho sobre esto y al tiempo que oraba le decía a Dios:

“Dios mío, ¿Qué te puedo pedir que no puedas hacer?, ¿Qué podría exigirte que hagas que no hayas hecho ya?, ¿Acaso tengo el poder de obligarte a hacer algo que no esté en tus planes?, ¿Puedo cambiar por mi propia voluntad, tú voluntad?, ¿Qué puedo hacer para hacerte cambiar de opinión si tu ya has tomado una decisión?, nada Señor, no puedo hacer nada, solo puedo decirte aunque muchas veces esos duela: Hágase tu voluntad, tu mejor que nadie sabes qué tienes que hacer”.

Mientras hablaba con Dios y trataba de comprender la voluntad de Dios venia a mi mente el hecho de que no puedo exigir nada a Dios porque Él ha hecho más en mi vida de lo que creo merecer. Dios ha sido demasiado bueno conmigo cómo para exigirle que haga algo que a lo mejor no está en sus planes hacerlo. Frente a eso solo tengo una respuesta: RENDIRME A ÉL.

Y es que cuando entiendo que Dios es Soberano y que yo solo soy un siervo todo es más fácil. Es más fácil porque comprender que Dios tiene el control de todo te hace sentirte seguro que aunque las cosas no se vean bien, al final Dios tomará las mejores decisiones. Y es que rendirse a Dios es dejar todo en sus manos, es dejarme de preocupar por lo que sucederá y aceptarlo con buena voluntad.

Rendirme a Dios es descansar en su soberanía y su perfecta voluntad, es dormir tranquilo esperando lo mejor de Dios, es depositar todo aquello que me abate y comprender que si Dios está conmigo, ¿Quién contra mí?

¿Por qué no te rindes a Dios?, ¿Por qué no dejas de pensar cómo solucionar ese “problema” del cual Dios ya tiene la solución?, ¿Por qué no dejas trabajar a Dios?, ¿Te asusta el silencio?, ¿Te asusta esas etapas largas en donde no ves una respuesta de Dios?, ¿Por qué en ligar de asustarte y desesperarte no descansas en Dios y en su perfecta voluntad?, si Dios calla, es porque seguro está trabajando, si Dios no responde es porque aun no es su tiempo y si las cosas no salen como esperábamos es porque Dios no lo tenía planeado de esa forma.

No podemos pasarnos la vida esperando que Dios haga lo que nosotros queremos, en su lugar es más fácil vivir la vida sometiéndonos a lo que Dios quiere hacer.

Hoy te invito a rendirte delante de Dios, a depositar todo aquello que te carga en la vida y comprender que solo confiando en Dios podes encontrar descanso a todo lo que nos rodea.

Dedica un tiempo especial para Dios este día, habla con Él porque estoy seguro que Él quiere escucharte y hablar contigo. Dios tiene algo que decirte este día y lo hará en ese momento especial que dedicaras para encontrarte con Él.

¡Vamos!, ¡Ríndete a Dios!

“Mi corazón te ha oído decir: «Ven y conversa conmigo». Y mi corazón responde: «Aquí vengo, Señor».” Salmos 27:8 Nueva Traducción Viviente (NTV)

Enrique Monterroza