No apto para cobardes

“Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios” (1 Corintios 16:9)

Quisiera que las oportunidades vinieran solas, sin esos indeseables acompañantes a los que llamaré condescendientemente: obstáculos. Sin embargo, ahí está el paquete entero y no soluciona nada que pidamos a Dios que nos exima de ellos. Todo es parte de un proceso, de un elaborado plan divino. La oportunidad de un pollito de salir de un cascarón se ve obstaculizada por la cáscara del huevo que hasta ese momento le sirvió de casa. Aquello que era bueno llegó a convertirse en un obstáculo para su desarrollo y a la misma vez en un gimnasio para hacerle fuerte. Si no fuera por la dureza de la cáscara que pone a prueba la perseverancia del avecilla, no estaría posibilitado para vivir en un mundo hostil lleno de otros miles de retos. El obstáculo no solo acompaña a la oportunidad, también la complementa. Esta definición hace más grato el reto por delante. No pidamos cascarones más delgados, sino picos más duros y un carácter que no se rinda ante ninguna adversidad. Esta sería la oración más conveniente.



El apóstol Pablo le escribe a la iglesia de Corinto testificándoles de una gran oportunidad que se le había presentado en Éfeso para el anuncio del evangelio. Pablo describe esta oportunidad con la metáfora de una “puerta grande y eficaz”. Él debía entrar por esa puerta aunque los oponentes fueran “muchos”. Tanto es así que hizo planes de quedarse durante un tiempo allí, “hasta Pentecostés” (1 Corintios 16:8). Su acción nos alecciona para que entremos por las puertas de Dios, aunque haya que librar formidables batallas.

Las puertas eran los sitios más guardados en las ciudades amuralladas. Si los enemigos lograban pasar por la puerta estaban inmediatamente dentro de la ciudad. Aquello sería el principio del fin de un ejército a la defensiva. La metáfora paulina es esclarecedora. Pablo se veía como un soldado que traspasaba una puerta bien resguardada. La lógica más elemental suponía la interferencia férrea de oponentes de toda clase. Pablo no estaba sorprendido, solo le contaba a la iglesia una crónica de su experiencia. Su servicio en Éfeso fue bendecido por el Señor  y allí se comenzó una iglesia.

Hay que aprender estas verdades sobre las puertas que Dios abre para franquearlas sin la menor duda. Debemos acopiar promesas que nos ayudarán en el proceso de hacerlo. Dios está abriendo puertas no aptas para cobardes. Puertas que solo pueden ser cruzadas con valiente determinación. Los enemigos serán proporcionales al tamaño de la puerta. Pablo encontró que para una puerta grande hay muchos enemigos, así que si notas que han aumentado tus adversarios es porque lo que Dios está por hacer será asombroso.

No te preocupes demasiado por los adversarios, preocúpate más por el estado de tu alma que es tu instrumento más decisivo. Un alma pusilánime no traspasa umbrales fuertemente custodiados. Solo un alma acorazada por la Palabra de Dios resiste el embate de las armas del averno. La puerta es grande, pero no demasiado difícil traspasarla. Ya está abierta pues Dios lo hizo, solo hay que entrar por ella y tomar el botín.

Blande tu espada soldado de Cristo. Haz caer al furioso enemigo mientras avanzas triunfante. Anímate guerrero en la satisfacción futura de haber estado en primera fila en la causa del Señor. No te quedes entre los vacilantes que quedaron del otro lado protegiendo su comodidad. Las medallas son para los valientes y cada cicatriz es una distinción al valor. Heridos, pero avanzando. Cansados, pero con la espada pegada a la mano. Ya habrá tiempo para el reposo, ahora toca pelear y entrar por las puertas que está abriendo el Señor.

Osmany Cruz Ferrer