Pueblo cautivo por no mirar a Jesucristo

Cuando una persona pone la mirada en un simple mortal, llámese “ministro o líder espiritual”; lamentablemente no tendrá otro resultado a la frustración y la desilusión. Bien lo dice la palabra: “Maldito el hombre que confía en el hombre”, Jeremías 17:5.

Durante muchos años de mi vida estuve en cautiverio, enceguecida por doctrinas y rudimentos de hombres que por el sólo hecho de pertenecer a un grupo religioso numeroso y por llamarse sacerdotes, creía todo lo que me decían. Esta situación no es diferente en la mayoría de las congregaciones denominacionales que se dicen cristianas; se puede observar cómo el hombre sigue poniendo su mirada en el hombre y deja de un lado el interés por escudriñar la palabra de Dios para ahondar en la verdad, en los misterios divinos que allí se revelan por el Espíritu.



Existen muchas personas que ponen a su “líder espiritual” incluso por encima de Cristo, y así nieguen tal abominación, es lo que hacen; creen todo lo que se les dice acerca de Dios y no se inquietan tan siquiera por comparar lo que se les dice con su bendita palabra, de tal manera, que puedan confirmar si verdaderamente están siendo guiados por el Espíritu Santo y no por filosofías o pensamientos de hombres; como no leen ni estudian la palabra de Dios, no les queda de otra que tragar entero lo que escuchan acerca de Él ¡qué triste condición! Por eso muchos son engañados, llevados por cualquier viento de doctrina; explotados y robados no sólo en el ámbito espiritual sino también en el ámbito económico y material. “En el pasado hubo falsos profetas entre el pueblo de Dios, así como también los habrá entre ustedes. Sin que ustedes se den cuenta, ellos les darán falsas enseñanzas que los llevarán a ustedes a la condenación. Se atreverán incluso a negar al mismo Señor, que fue quien pagó el precio de su libertad. Pero al hacerlo, ellos mismos atraerán su rápida destrucción. Muchos los seguirán en su conducta indecente, y por culpa de ellos habrá quienes hablen mal del camino de la verdad. Lo que en realidad quieren los falsos maestros es quitarles su dinero y explotarlos con engaños. Pero Dios les tiene preparada la condena desde hace tiempo, y no podrán escapar del que los destruirá”. 2 Pedro 2:1-3 (Palabra de Dios para Todos).

Es doloroso saber que el hombre muchas veces teme más al hombre que a Dios; hay personas cautivas en estos lugares religiosos por causa de su incredulidad, porque creen más en el hombre que en Dios. Incluso muchas de estas personas saben que están siendo engañadas, saben que allí enseñan herejía, saben que les roban, saben cuáles son los intereses de los que se dicen ministros y saben de los malos frutos que producen y que por supuesto no son del Espíritu; saben que a Dios le desagrada lo que allí se hace, pero ahí se quedan, prefieren agradar al hombre antes que agradar a Dios. Les importa más lo que pueda pensar el hombre que lo que pueda pensar el Señor, “pueblo cautivo por no mirar a Jesucristo”.

“Fijemos nuestra mirada en Jesús, en quien la fe empieza y termina. En vez del gozo que podía haber tenido, sufrió la muerte en la cruz y aceptó la humillación como si no fuera nada. Después se sentó a la derecha del trono de Dios”. Hebreos 12:2 (PDT).

La excusa perfecta que muchos encuentran para tratar de justificar su pecado y su infidelidad a Cristo, suele ser: ¡es que esto es lo que siempre me han enseñado! Pues sencillo, que lean la palabra de Dios, que la escudriñen y pidan al Espíritu de Dios que los guíe a toda verdad en Cristo Jesús; con toda certeza, Él lo hace. Debemos depender de Cristo no del hombre, debemos confiar en la palabra de Dios no en la palabra de falsos maestros que tergiversan las Sagradas Escrituras con el único propósito de lucrarse o beneficiarse según los placeres de su carne, debemos seguir a Cristo no al hombre, Él es el único camino de la salvación.

Jesús dijo: “El ladrón solamente viene para robar, matar y destruir. Yo vine para que la gente tenga vida y la tenga en abundancia”. Juan 10:10 (PDT).

¡Jesucristo es la verdad, míralo y síguelo a Él!

Marisela Ocampo O.