Dejo todo en tus manos, Señor

Es maravilloso saber que siempre puedes contar con Dios, que independientemente de las circunstancias, Él siempre está disponible para escucharte.

Es tan gratificante saber que no estás solo, que a pesar de las pruebas Él está contigo. Que no importa dónde estás o cómo te sientes, puedes tener la certeza de que Él te ayudará. Este privilegio que tenemos los hijos de Dios, es una de las tantas riquezas de las que Él nos permite disfrutar por medio de Jesucristo, nuestro amado Señor.

Podemos tener muchas preocupaciones, quizá hemos llegado a pensar que ya todo está acabado y que no hay esperanza alguna en que las cosas puedan mejorar; por momentos podemos pensar que las bendiciones para nosotros se han agotado y que de donde estamos no vamos a pasar. El grave error de enfocar la mirada en lo grande de los problemas o la multitud de las necesidades que tenemos nos enceguece y nos impide ver cuán bendecidos somos, incluso en medio de la adversidad. ¡Pero cuán bueno es nuestro Padre! sin nosotros percatarnos nos sigue mostrando su bondad, aunque en la mayoría de las ocasiones no lo reconozcamos.



Podemos estar pasando el peor momento de la vida; sin embargo, Dios no deja de revelarnos su infinita misericordia. “El fiel amor del Señor nunca termina; su compasión no tiene fin, cada mañana se renuevan. ¡Inmensa es su fidelidad!”. Lamentaciones 3:22-23 (Palabra de Dios para Todos).

Dios se encarga de hacernos saber cuán fiel es, Él se encarga de recordarnos lo que hizo por nosotros a través de su Hijo Jesús, Él nos hace saber una y otra vez cuán grande es su amor por nosotros. Nada se compara al amor que Dios nos tiene, Él es inigualable. Por eso, no nos cansemos de agradecerle, pues su diestra poderosa nos ha sostenido y no dejará de hacerlo; dejemos todo en sus manos y confiemos en que todo saldrá bien porque Él es quien está en control. Digamos: “Dejo todo en tus manos, Señor Jesús; mi pasado, mi presente y mi futuro te pertenecen, me rindo ante ti y te entrego todo de mí para que obres la perfecta voluntad del Padre”.

Jesucristo es nuestro intercesor, Él sabe por lo que estamos pasando, Él sabe lo que estamos sintiendo, Él es consciente de nuestras aflicciones, Él no es indiferente y nunca nos dejará solos. Por la fe que Dios el Padre nos ha regalado en Cristo Jesús, seremos levantados para caminar en victoria por amor y para gloria de su santo nombre. Jesucristo ya hizo lo más difícil por nosotros; Él nos salvó en aquella cruz, así que, no importa lo dura que pueda ser la dificultad que estamos afrontando, a Él no le queda grande, Él es poderoso gigante, no hay nada que lo pueda vencer. “Por eso aunque tengamos toda clase de problemas, no estamos derrotados. Aunque tengamos muchas preocupaciones, no nos damos por vencidos.  Aunque nos persigan, Dios no nos abandona. Aunque nos derriben, no nos destruyen. Dondequiera que vamos, nuestros sufrimientos reflejan la muerte de Jesús para que su vida también se vea en nuestro cuerpo”. 2 Corintios 4:8-10 (PDT).

Jesucristo es nuestra esperanza, Él es nuestra salvación; confiemos y refugiémonos en Él. “Señor, te amo. ¡Tú eres mi fortaleza! El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador. Dios es mi refugio, Él me protege; mi escudo, me salva con su poder. Él es mi escondite más alto. Alabado sea el Señor; cuando le pedí ayuda, me salvó”. Salmo 18:1-3 (PDT).

 “Las preocupaciones que tenemos hoy, serán motivo de alabanza y gloria a Dios el día de mañana”.

Marisela Ocampo O.