12 noviembre 2015

El arca de Jacinto

«Quince días de furioso temporal....

»Llueve.... el aguacero arrecia y golpea con furia los techos de zinc.

»Se han paralizado todos los trabajos de la hacienda. Los hombres dormitan el día entero acurrucados en sus camastros, o se agrupan en los corredores, muy encogidos, envueltos en sus gangoches y cobijas, y conversan....

»—Esto va pa’ largo, ¿saben? Y los ríos se van a botar ajuera...


»Jacinto se entretiene contando cuentos, que arregla a su manera.... Los muchachos... pasan las horas pendientes de los labios de Jacinto que, acurrucado sobre un banco, arrollado hasta las orejas en su cobija colorada,... va hilvanando sus fantasías...

»—¿Por ónde iba? Ah, sí, güeno... Entonces Tatica Dios le dijo a su pariente: “Así es que ya sabés, Nué: lloverá cuarenta mil días y cuarenta mil noches, contadas con la mano. Te hacés el Arca y te me metés allí con sólo una pareja’e cada animal. ¡Cuidao con la cuenta!”... Y el hombre Güeno y Justo contrató a todos los carpinteros de la vecindá y’hicieron un Arca’e puro cedro amargo, que era como un barco grandísimo, como todas estas casas juntas. Y ya comenzaron a llegar, una tras de la otra, todas las parejas de animales habidos y por haber: hormiguitas, caballos, tigres, liones, elefantes....

»—Yo que Nué hubiera dejao a los [insetos] malos por fuera, pa que se’hogaran —apunta uno de los oyentes.

»—¡Ahí sí que no! Esos jueron los primeros que entraron. El Hombre Güeno y Justo no podía matar a sus nigüitas, ni sus piojitos, ni sus pulguitas, ni sus alepaticos...

»Ríe el auditorio y se rascan algunos como si estuvieran tirados en sus camastros soportando, como siempre, a los [insectos] que el Hombre Bueno y Justo se empeñó en salvar.»1

«Y en ese tono continúa la historia en labios de Jacinto, uno de los hermanos marimberos, que ameniza las largas horas de interminable temporal —comenta el doctor Víctor Manuel Arroyo en su prólogo a Gentes y gentecillas, que es la segunda novela del popular autor costarricense Carlos Luis Fallas—. Dios pierde en el relato la terrible imagen de juez inmisericorde que algunos chantajistas han forjado, para humanizarse, usando el habla popular y haciendo buenos chistes. Es un Dios que está más cerca de nosotros, indudablemente.»2

El doctor Arroyo tiene toda la razón. En su relato Carlos Luis Fallas humaniza a Dios en el contexto más difícil: el diluvio con el que castiga por su impiedad a la humanidad entera. Pero conste que ese mismo Dios, que prometió no volver a castigarnos con un diluvio,3 se humanizó Él mismo más de dos mil años después.4 Al hacerse hombre nos mostró que quiere estar más cerca de nosotros, y al morir en la cruz por nuestra impiedad nos mostró que no vino como Juez sin misericordia sino como Salvador compasivo.5 Y para completar, nos dejó constancia de todo esto en el Nuevo Testamento, que se escribió en el habla popular de aquel entonces.

Carlos Rey
www.conciencia.net

1 Carlos Luis Fallas, Gentes y gentecillas (San José: Editorial Costa Rica, 1994), pp. 181,82.
2 Ibíd., p. 8.
3 Gn 6:1—9:17
4 Jn 1:14
5 Fil 2:5-8