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Mostrando entradas de marzo, 2016

Dime ¿Qué ves, oportunidad o crisis?

“Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.” Daniel 9:18 (RVR1960)

Ciertamente la vida no es fácil para nadie. Todos tenemos momentos difíciles, pasamos por pruebas, por dificultades, por perdida, por decepciones; todos enfrentamos retos, tenemos planes y todos estamos en medio del cambio, porque nada es estático, todo cambia, se mueve, va hacia adelante, nunca hacia atrás. Pero entonces, donde está la diferencia? En que nos diferenciamos los cristianos del mundo?  ¿Porque entonces nuestra Actitud, Reacciones y Respuestas no pueden ser las mismas del mundo?

Remedio de Cristo para el temor

Muchos en la Iglesia de hoy viven como si hubieran aceptado la derrota. Sus pensamientos se rigen por la duda en lugar de la creencia y viven con patrones habituales de pecado. Mantienen su fe para ellos mismos, pensando que si luchan tanto, ¿cómo podrían ayudar a alguien más? Así es como luce la vida cristiana sin el poder de la resurrección.

En realidad, así es como lucía la vida de los discípulos después de la crucifixión. Entonces, ¿qué fue lo primero que hizo Jesús después de la resurrección? Él trató con los temores de sus seguidores: "Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros" (Juan 20:19).

Sonidos del silencio

“Querido Dios:
Habla suavemente en mi silencio.
Mientras los fuertes ruidos exteriores de mi entorno y los fuertes ruidos interiores de mis temores sigan manteniéndome lejos de ti, ayúdame a confiar en que aún estás allí, incluso cuando yo no pueda oírte.
Dame oídos para escuchar tu suave vocecita diciendo:
“Ven a mí, tú que estás agobiado, y yo te daré.descanso… pues soy amable y humilde de corazón.”
Deja que esta hermosa voz me guíe. Amén.”
Henry Nouwen

En el espacio exterior los astronautas pueden encontrarse durante prolongados períodos a solas consigo mismos. No hay noches ni hay días. No hay “arriba” ni “abajo”. Todo es relativo y sólo reina el más absoluto y denso silencio. Sólo el sonido monótono de su respiración y su corazón al latir.

La voz quieta y apacible

Como el enemigo de nuestras almas, la carne pide ser oída. Siempre insiste que está bien calmar nuestros deseos de vez en cuando, que todo lo que necesitamos es un amigo que esté de acuerdo con nosotros, y Dios bendecirá nuestras decisiones.

El Señor nos provee otra promesa grande y preciosa aquí. La Escritura dice que el Espíritu lucha dentro de nosotros contra todo lo que es de la carne: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí” (Gálatas 5:17). Pablo está diciendo que la batalla contra la carne no es nuestra lucha. Solamente el Espíritu Santo puede mortificar nuestra carne.

Extiende tus alas y vuela alto

“pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Isaías 40:31 Reina-Valera 1960

Nunca sabrás cuán lejos puedes volar si no extiendes tus alas y levantas el vuelo. Este versículo de La Biblia es muy motivador para mí, tengo dos laminas con una hermosa águila en pleno vuelo en un espejo de mi baño y me veo obligada a mirarla y leerla cada vez que me miro en el espejo y esto desde hace muchos años, porque esta es la historia de mi vida; una constante espera, aprendiendo  como esperar en Dios, tener paciencia y esperar el tiempo de Dios, para el cumplimiento de los anhelos de mi corazón, mis sueños, mis oraciones y peticiones al Dios Altísimo, que todo lo puede.

El evangelio imparable

“Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Corintios 11:31-32). Entonces, ¿de qué manera podemos juzgarnos a nosotros mismos, como Pablo dice que hagamos?

Este es criterio con el cual yo constantemente me juzgo a mí mismo: “¿He obstaculizado de alguna manera, el evangelio de Cristo?” Sabemos que el mundo no puede impedir el evangelio, pero el hecho es que nosotros, que lo predicamos, podemos impedirlo. Pablo se juzgó a sí mismo basándose en este asunto, al escribir: “Lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo” (1 Corintios 9:12).

El burro de la entrada triunfal

«Cuenta una curiosa fábula que la mañana de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén sobre el humilde lomo de un asno, cuando el borriquillo regresó, todas las bestias se le acercaron para informarse de lo que había acontecido. El burro comenzó a pavonearse entre sus congéneres y, asumiendo poses de importancia, les dijo: “Ustedes no saben lo importante que le he parecido a la gente esta mañana. Todos corrían para verme pasar, y nadie permitió que mi fino casco se manchara con la inmundicia del suelo. Todos arrojaban sus mantos para que yo pasara sobre ellos.”

»Una vaca le preguntó: “¿Y cuando tiraban sus mantos para que tú pasaras sobre ellos, que decían?” “Bueno —respondió el burro con más orgullo aún—, decían: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”

Celo por la casa de Dios

Cuando Jesús anduvo en la tierra, testificó: “El celo por la casa de mi Padre me consume” (Ver Juan 2:16-17). Ahora, Su mensaje a los cristianos en Sardis, y a nosotros hoy, es este: “Disfrutaron de mi favor, con una buena reputación por doquier. Fueron bendecidos con adoración y predicación poderosa. Pero en vez de avanzar, comenzaron a pensar: ‘Hemos llegado.’ Así que se relajaron. Ya no estaban vigilantes y la indiferencia comenzó a tomar lugar. Ahora se han fijado en una zona espiritual cómoda. No han seguido realizando la misión que les he dado”.

La palabra de Dios nos enseña lo que sucede cuando abandonamos su casa y le damos primer lugar a nuestros propios intereses. Está todo ilustrado en el libro de Hageo.

¿De quien es ese muerto?

La encomienda sólo decía «La Oroya», así que la terminal de autobuses de Huancayo, Perú, remitió la caja a esa localidad. Era una caja de cartón, bien envuelta. Pero como permaneció dos días en La Oroya sin que nadie la reclamara, la devolvieron a Huancayo.

Tampoco la reclamó nadie en Huancayo, así que, como olía mal, dieron aviso a la policía. Cuando por fin abrieron la caja, descubrieron que adentro estaba el cadáver descompuesto de un joven, muerto de un balazo en el rostro. Luego de considerar las opciones, decidieron publicar el siguiente aviso: «Encomienda con un muerto adentro se halla en la estación de policía. Quien se crea con derecho a ella, puede venir a reclamarla.»

El evangelio no puede ser impedido

El libro de los Hechos cierra con una asombrosa nota. Los últimos dos versículos, muestran a Pablo en cadenas, bajo arresto domiciliario y custodiado por soldados romanos. No obstante, lee la nota gozosa con la cual se describe la situación de Pablo: “Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento” (Hechos 28:30-31).

En el idioma original, griego, la palabra “impedimento” realmente significa “obstrucción”. La versión “Reina Valera” dice que Pablo predicaba y enseñaba el evangelio “abiertamente, sin impedimento”. ¡Qué asombrosa declaración, siendo que Pablo estaba encarcelado! El evangelio no tenía impedimento, lo que significa que no tenía obstáculos ni obstrucciones. El autor usa este testimonio para cerrar el libro de Los Hechos con una poderosa declaración: “¡El evangelio no puede ser obstaculizado!”

El asesino silencioso

La noche estaba fría, como suelen ser las del otoño en Toronto, Canadá. Dentro de la casa el ambiente era grato. Había habido una rica cena, con diez personas alrededor de la mesa familiar. Habían disfrutado juntos de un buen programa de televisión, y ya era hora de ir a la cama. Así que todos —padre, madre y ocho hijos, entre los once y los veinticinco años de edad— se retiraron a dormir.

Encendieron el calentador de gas, apagaron las luces, se arrebujaron entre sus cobijas, y se durmieron. Hasta ahí, todo fue normal. Pero jamás volvieron a despertarse. El gas del calentador, asesino silencioso, dio cuenta de los diez durmientes. La familia entera pasó de un sueño al otro, sin sentir nada.

El poder de la resurrección de Cristo

“Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Corintios 15:16-19).

Cuando adolescente, tenía dudas acerca de Dios y comencé a buscar en otras religiones. En ese tiempo encontré que la fe Baha'i era atractiva porque básicamente dice que todas las religiones son verdaderas y todos los caminos de la fe llevan al cielo. Pero luego leí al gran autor cristiano C.S. Lewis, quien corrigió mi pensamiento errado. Él escribió que todo el cristianismo descansa sobre una pregunta: ¿Hubo resurrección o no?