Príncipe de paz

“Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.”

Isaías 9:6 (Nueva Versión Internacional).

Jesús es el Príncipe de Paz (Sar Shalom) del cual se profetizó en el Antiguo Testamento. En Él se encuentra la paz del creyente. La palabra que se utiliza en hebreo para paz es “Shalom” y significa: bienestar, plenitud. Incluyendo una perfecta salud y prosperidad económica. Además en el Nuevo Testamento se describe esa paz como aquella que rebasa todo entendimiento a pesar de las pruebas (Filipenses 4:7).

Cuando el creyente descubre que en Jesús tiene todo lo que necesita su vida se transforma. Pues dejará de prescindir de lo que Jesús tiene para los suyos. En Jesús se encuentra la mejor vida para los que le aceptan como Salvador. En Él se encuentran tesoros escondidos tanto en lo espiritual como en lo físico, y su voluntad es compartirlos con los suyos. No obstante no todos lo creen.

El profeta Isaías describió qué tendría que hacer le Mesías para pagar el precio del “Shalom” de la humanidad:

“Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones  y aplastado por nuestros pecados. Fue golpeado para que nosotros estuvieramos en paz, fue azotado para que pudiéramos ser sanados.” Isaías 53:5 Nueva Traducción Viviente (NTV).

Jesús escogió ir a la Cruz para pagar el precio del “Shalom” de todos aquellos que lo acepten como Salvador. En la Cruz Jesús pagó por la libertad de los cautivos, por la salud de los enfermos, por la restauración de los quebrantados de corazón, por todo lo que necesiten los creyentes. Incluyendo su bienestar, plenitud y estabilidad financiera.

El Señor Jesús no está en contra de darles a los suyos todo lo que necesiten, pues como el Príncipe de Paz Él pagó el precio para darle a sus herederos lo mejor. Él mostró en las Escrituras que se agrada con aquellos que poniendo su fe en Él le honran (Mateo 8:8-10). Otra manera de reconocer el señorío de Jesús y honrarle es confiar en Él y permitirle guardar nuestras mentes con su paz. Cuando un creyente le hace una petición a Jesús, este no debe afanarse, sino confiar en que Jesús ya tiene resuelto el asunto y que en el momento preciso actuará haciendo lo mejor.

El príncipe de Paz está de tu lado, créelo y recibe todo lo que tiene para ti. Y mientras tanto permítele guardar tu mente en perfecta paz.

Richy Esparza