08 abril 2017

¿Cómo está eso de "Cristo vive en mi"?

Gálatas 2:20 Nueva Traducción Viviente (NTV) Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.

La Biblia nos dice que nos es necesario nacer de nuevo, eso significa que debemos de hacer consciencia de nuestra vida de pecado, de nuestra incapacidad de vivir de una manera distinta y de la necesidad de un salvador que nos rescate de nosotros mismos y de nuestra manera de vivir y de un Señor quien rija y gobierne sobre nosotros, de manera que nos lleve por una senda de justicia ó lo que es lo mismo, una buena vida, que sea en verdad buena.

Para muchas personas esto significa un “cambio de religión” y ciertamente lo es, pero no porque dejen de ir a una iglesia para ir a otra, sino porque religión en realidad significa “reconciliarse con Dios” y nadie que no haya nacido de nuevo, es capaz de estar reconciliado por Dios por sí mismo ó por algún acto u obra que haga.

El problema radica en que muchas personas tienen miedo, por no decir pánico a enfrentarse a las personas de su círculo, a que las critiquen, las tachen de religiosas, o bien la molestia de sus familias por hacer a un lado aquello que “les inculcaron”, aunque le he de ser honesto, yo no entiendo qué es eso de “les inculcaron”, pues ciertamente no lo practican (en la mayoría de los casos) y además de esto, no produce frutos, pues le falta el elemento esencial que es el Espíritu de Dios, el cual sola y únicamente recuperamos el día que nacemos de nuevo, y eso no lo digo yo, lo dice la Biblia.

Una de las ventajas de cumplir la palabra de Dios es que las promesas de la misma (es decir de la Biblia) se cumplen en nosotros, al recibir a Cristo en nuestro corazón ó bien nacer de nuevo, cambiamos de personalidad, dejamos de vivir para nosotros y empezamos a vivir para Dios y dejamos de lado nuestras prioridades, para empezar a guardar, vigilar y preocuparnos por las prioridades de Dios, las cuales no tienen que ver con hacer, sino con creer.

Esto se lo digo, pues lejos de tener nosotros que enfrentarnos a las personas que conocemos cuando decidimos nacer de nuevo, y poder sentirnos exhibidos, acusados e incluso insultados, la palabra nos dice que eso ahora recae sobre la persona de Yeshúa (Jesús), Él se hace objeto de los insultos, de los injurios, de los desprecios y de todo aquello que alguien pueda ó quiera hacer en contra nuestra, pues dejamos de vivir por propósito propio y con ello nos hacemos inmunes pues nada que el mundo genere tiene efecto en nosotros pues eso que Yeshúa (Jesús) vio, aceptó y tomó en el huerto de Getsemaní, incluye aquello que la gente nos dice y hace cuando decidimos seguirle.

Por alguna extraña razón las personas tienen la errónea idea de que al acercarse a Dios las cosas se tornan “buenas”, pero esto no es así, en vez de tornarse “buenas”, se tornan más fáciles, pues en nuestro desconocimiento de los asuntos de Dios y de Dios mismo, las personas suelen sentarse a que Dios “haga” cosas ó les mande una señal, cuando nacemos de nuevo y adoptamos la personalidad de Cristo en nosotros, somos nosotros quienes nos movemos, quienes hacemos y quienes provocamos que las cosas sucedan, con mucha oposición, pero a la vez con mucho temple y la confianza de que Dios está en nosotros y con nosotros de manera que nada de lo que se nos oponga y nos amenace tiene efecto en nosotros y nos afecta.

Para muchos el acercarse a Dios significa hacer sacrificios, pero eso no es lo que la Biblia dice, ni lo que Dios espera de nosotros, acercarnos a Dios significa nacer de nuevo, con ello obtener un espíritu que tiene como función el regresarnos la capacidad de escuchar a Dios y con ello cambiar nuestra personalidad por la de Yeshúa (Jesús), de modo que nos haremos espirituales y con ello obedeceremos al Espíritu antes que a nuestros pensamientos y sentimientos y seremos ajenos a las cosas que antes nos angustiaban, nos amenazaban y nos hacían sentir mal.

La cita de hoy nos dice que somos crucificados juntamente con Yeshúa (Jesús) y no porque sea algo doloroso, sino que pasamos del punto donde dejamos a un lado nuestra carne, y empezamos a caminar en la libertad de nuestro espíritu.

Si lo nota, es más fácil vivir al modo donde el mundo no nos afecte que en el entendimiento de sacrificar cosas y hacer las que no nos guste, nos es necesario nacer de nuevo, para que antes de actuar, podamos entender de parte de Dios y por medio de nuestro espíritu lo que Dios tiene que decirnos por medio de suyo, para que dejemos de lado al mundo y luego empecemos a actuar y generar bendición, no para nosotros, sino para los que nos rodean y están hábidos de conocer al Dios vivo que la Biblia nos describe.

Rene Giesemann