09 abril 2017

Trampa para ratones

Cuenta esta historia popular que en una casa de campo había hecho su refugio un ratón que se alimentaba de cuanto tenía al alcance en la cocina o donde fuera. Hasta que un día la señora de la casa, cansada de las silenciosas andanzas del ratoncito, decidió atraparlo y puso una enorme trampa para ratones.

El ratón aterrorizado cuando descubrió la trampa, fue corriendo al patio de la granja a avisar a todos: “¡Hay una ratonera en la casa!”

La gallina, que estaba cacareando despreocupadamente, dijo:
-Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, mas no me perjudica en nada, no me incomoda.

El ratón fue corriendo hasta donde se encontraba el cordero y le dijo:
-¡Hay una ratonera en la casa!
-Discúlpeme Sr. Ratón- contestó el cordero- No hay nada que yo pueda hacer, solamente orar por usted.

El ratón se dirigió entonces a la vaca, y la vaca le respondió:
-Pero, ¿acaso estoy en peligro?… ¡Pienso que no! ¡No es problema mío!

Entonces el ratón volvió a la casa, en soledad, sin saber qué hacer con su problema, preocupado y abatido.

Aquella noche se oyó un ruido, como el de la ratonera atrapando a su víctima. La mujer del granjero corrió para ver que había pasado. En la oscuridad, ella no pudo ver que la ratonera en realidad había atrapado la cola de una serpiente venenosa. La serpiente mordió a la mujer, y ésta quedó en estado muy grave a causa del veneno de la serpiente.

Para reconfortar a su mujer, el granjero preparó a la mañana siguiente una rica sopa… de gallina. De más está decir, qué gallina fue la que pasó por el cuchillo del granjero.

La mujer continuaba muy grave, por lo que se encontraban en casa familiares, amigos y vecinos ofreciéndoles su apoyo y contención en tan malas horas. Entonces, el granjero quiso invitarles con una rica comida. Para agasajarlos y darles de comer, el granjero mató al cordero.

La mujer, finalmente murió. El granjero no tuvo más opción que vender la vaca al matadero para poder cubrir gastos del funeral.

Son tantas, pero tantas, las veces que escuchas que alguien tiene un problema y no le prestas suficiente atención, simplemente no haces nada; o tal vez optas por la salida más fácil: “Oraré por Ud.”, en la falsa certeza de que no se trata de un problema tuyo o de que no te afecta… cuando ¡Dios tiene tantos caminos esperándote a la vuelta de cada esquina!

Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.
De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.

(1 Corintios 12:21 y 26 RV1960)

Luis Caccia Guerra