Un lugar seguro

… ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios (6:11).

Lectura: 1 Cor. 6:9-11; 13:4-7

Un joven japonés tenía miedo de salir de su casa. Para evitar a la gente, dormía de día y pasaba toda la noche mirando televisión. Era un hikikomori; o sea, un ermitaño moderno. El problema empezó cuando dejó de ir a la escuela por sus malas calificaciones. Cuanto más alejado estaba de la sociedad, más inadaptado social se sentía. Al final, dejó de comunicarse por completo con sus amigos y parientes. No obstante, para recuperarse, lo ayudó visitar un club juvenil llamado ibasho, un lugar seguro donde personas quebrantadas comenzaban a reinsertarse en la sociedad.

¿No podríamos pensar en la iglesia como un ibasho… y como mucho más? Sin duda, somos una comunidad de personas quebrantadas. Cuando Pablo les escribió a los corintios, describió su antiguo estilo de vida como antisocial, perjudicial y peligroso para ellos mismos y los demás (1 Corintios 6:9-10). Sin embargo, en Jesús, fueron transformados y sanados. Entonces, instó a estas personas rescatadas a amarse mutuamente, ser pacientes y amables, y a no tener celos, soberbia ni rudeza (13:4-7).

La iglesia debe ser un ibasho donde todos, independientemente de las luchas o las angustias que enfrentemos, conozcamos y experimentemos el amor de Dios.

Poh Fang Chia

Señor, ayúdame a honrar tu santo nombre y a amar a los demás como tú me amas.
Solo Dios puede transformar un alma manchada por el pecado en una obra maestra de su gracia.