Echando la basura fuera

"Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo" (Isaías 1:16).

Es fácil para nosotros, guardar basura. Nos acostumbramos tanto con ella que la consideramos un tesoro! La madre pasa el día limpiando el sótano y quita una grande cantidad de basura que debe ser echada fuera. El padre está en el trabajo y cuando llega a casa selecciona casi todo y lo lleva de vuelta para el sótano. Sabio es el que conoce basura cuando la ve y tiene el valor de librarse de ella.
Quizás estemos coleccionando basura religiosa que este entristeciendo al Espirito Santo y dificultando su actuación. Echar fuera la basura no es fácil, pero sí muy
Importante para nuestro crecimiento delante de Dios.

¿Cuánta basura estamos aun acumulando en nuestro sótano espiritual?

¿Y que nos falta para decidir echarla fuera?

Ella para nada sirve sino para impedir que Dios haga grandes cosas en nuestras vidas y a través de ellas.

Antes nosotros guardábamos rencores, resentimientos, falta de perdón, avaricia, envidia y otros tipos de basuras que para nada servían. Esas basuras espirituales quitan nuestra paz, nuestra fe, nuestra alegría e impiden que experimentemos la plenitud de las bendiciones del Señor.

Y si sabemos eso, ¿por qué continuamos guardando basura en nuestro corazón?

¿Por qué no nos libramos inmediatamente de todo eso que no sirve?

Es tiempo de renovación, de limpieza, de barrer la casa y dejar aire puro entrar. Pidamos a Dios que nos ayude a echar esa basura fuera y que pase un desinfectante celestial en el local donde estaba almacenado. Con nuestra casa espiritual aseada, podremos decorarla con amor, comprensión, alabanza al Salvador, alegría y dicha. Nuestra casa se quedara más perfumada y acogedora. Todos tendrán placer en entrar y ciertamente se pondrán admirados con la transformación encontrada.
Eche fuera toda la basura y nunca más permita que regrese!

Magnolia Villa