16 mayo 2017

En nombre del amor

En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos el debido conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica. (1 Corintios 8:1)


El mejor sitio para comprar carne en Corinto estaba justo al lado del templo del ídolo. En estos templos, ofrecían animales como sacrificios. Como los judíos, reservaban parte de la carne para el beneficio de los sacerdotes tanto como para la venta al público. Los mejores mercados de carne en la ciudad estaban justo al lado del templo de un ídolo. Todo el mundo sabía que si comías parte de esa carne estabas comiendo carne que había sido ofrecida a un ídolo. Por lo tanto, se presentó la pregunta entre los cristianos: “Si un cristiano come carne ofrecida a un ídolo, ¿no está participando en la veneración de ese ídolo?”.

Había un grupo en la iglesia que decía: “Cuando estos paganos aquí en la ciudad ven a un cristiano conocido sentado en un restaurante público justo al lado del templo, y disfrutando de la carne que había sido ofrecida al ídolo, pensarán que esa persona está de acuerdo con las ideas paganas sobre ese ídolo. Como resultado, ese cristiano está dando un falso testimonio. Lo que es más, puede ser piedra de tropiezo quizás a los cristianos más débiles, que pueden ser más fácilmente llevados de nuevo a la veneración de un ídolo a causa de estas acciones”.

Pero había otro partido que decía: “No, esto no es verdad. Un ídolo no tiene poder; es tan sólo un pedazo de madera o piedra. ¿Cómo puedes venerar algo que realmente no existe? ¿Cómo podemos liberar a esta gente de sus caminos idólatras si actuamos como si los ídolos tuvieran poder? Es mejor que actuemos de acuerdo al conocimiento de la realidad a la cual Dios nos ha traído en Cristo. Disfrutemos de la libertad y comamos de esta carne sin ninguna pregunta”. Por tanto, había una división en la iglesia.

El argumento de Pablo es que, para resolver este tipo de problemas, no puedes hacerlo basado meramente en: “Sabemos que tal y tal es verdad; por lo tanto, estamos libres de actuar”. “No”, Pablo dice, “el conocimiento solo no es suficiente; la doctrina por sí sola no es suficiente. Necesitas amor. El conocimiento envanece, pero el amor edifica. El amor observa la situación de otra persona, no siempre la de uno mismo”. El conocimiento, en otras palabras, es egocentrista, pero el amor alcanza a otra persona para incluirla en tus pensamientos.

El Dr. H. A. Ironside contó de un incidente cuando estaba en un picnic de cristianos. Un hombre estaba ahí que había sido convertido del Islam. Una niña le trajo una cesta de bocadillos y le preguntó si quería algunos. Dijo: “¿De qué tipo tienes?”. Ella dijo: “Me temo que los únicos que nos quedan son de jamón”. Él dijo: “¿No tienes alguno de ternera?”. Ella contestó: “No, ya no nos quedan”. “Bueno”, dijo él, “entonces no tomaré ninguno”. Sabiendo que era cristiano, la niña le dijo: “¿No sabes que como cristiano eres libre de todas esas restricciones de la comida y que puedes comer puerco y jamón o lo que sea?”. Él le dijo: “Si, lo sé. Sé que soy libre de comer puerco, pero también soy libre de no comerlo. Todavía estoy involucrado con mi familia en el Medio Oriente. Voy a mi casa una vez al año, y cuando llego a la puerta de mi padre, la primera cosa que me pregunta es: ‘¿Ya te han enseñado esos infieles a comer su asquerosa carne de cerdo?’. Si le digo que sí, seré echado de esa casa, y no tendré ningún testimonio más en ella. Pero si le puedo decir que no, que ningún cerdo ha pasado por mis labios, entonces tengo admisión a la familia y soy libre de contarles sobre Cristo. Por lo tanto, soy libre de comer o soy libre de no comer”.

Esa historia pone todo este problema en perspectiva. No tenemos que reclamar nuestros derechos a la libertad basados en el conocimiento. Somos libres de renunciar a nuestros derechos en cualquier momento en el que la situación lo justifica. Aunque tenemos los derechos, también tenemos el derecho a no ejercitarlos por bien del amor.

Ayúdame, Padre, a actuar en amor en lo que hago y no a actuar simplemente en conocimiento. Gracias por la verdad que me libera, pero también por el amor que me libera a considerar el bienestar de otra persona.




Aplicación a la vida

El amor de Dios nos libera para hacer elecciones amorosas. ¿Demuestran nuestras relaciones respuestas consideradas que originan en el amor divino?

Ray Stedman