Idolatría

Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. (1 Corintios 10:14)


Había, por supuesto, templos de ídolos en Corinto. En la colina detrás de la ciudad estaba el templo a Afrodita, donde las prostitutas, tanto mujeres como hombres, ejercían su profesión en el nombre de la veneración de Venus, la diosa del amor. Dentro de la ciudad misma había dispersos muchos templos; sus ruinas son todavía visibles hoy en día. Estos cristianos habían sido en el pasado idólatras, inclinándose frente a estas imágenes, sus vidas siendo controladas por el temor y la filosofía del panteón de los dioses griegos y romanos.

No pienso que el apóstol estuviera preocupado que fueran a volver a inclinarse a un ídolo. Lo que tiene en mente no es el inclinarse y rasparse frente a una imagen, sino el sucumbir a la tentación de disfrutar de nuevo de la atmósfera encontrada en el templo del ídolo. Había muchas cosas divertidas ocurriendo en cuanto a la idolatría que algunos corintios tenían la esperanza de guardar. Si hubieras vivido en Corinto en el primer siglo, hubieras reconocido que todo el mundo consideraba el templo el sitio más excitante de la ciudad. Ahí podías conseguir la mejor comida, servida en un restaurante al fresco. Tenía la música más bella y todos los placeres seductivos del vino, mujeres y canciones. Si querías divertirte en Corinto, ibas al templo.

Pablo se está preocupado que estos corintios, al buscar divertirse en lo que serían los placeres normales de la vida, estuvieran tentados a volver a ello en tal grado que, al final, se encontrarían atraídos de nuevo a creer en estos ídolos y su poder. La idolatría no es algo que haces exteriormente con tu cuerpo. La idolatría ocurre cuando cualquier persona o cualquier cosa se convierte en algo más importante para ti que el Dios vivo. Esta es la mayor tentación con la que todos nos enfrentamos. Cuando volvemos al sitio donde algo se convierte en algo de mayor importancia para nosotros y más controlante en nuestra vida que Dios mismo, hemos sucumbido a la idolatría.

¡Cuán fácilmente nos ocurre esta idolatría hoy en día! Te puedes involucrar de tal manera con los deportes, por ejemplo, que vives para ellos; se apoderan de tu vida. Cuando el bailar se convierte en más que una recreación pero es algo que no puedes dejar de lado, entonces se convierte en idolatría. El esquiar puede ser la misma cosa. El pescar te puede mantener alejado del ministerio. La televisión te roba del estudio bíblico. La gastronomía gourmet que demanda tu atención y tu dinero es una forma de idolatría. Estas cosas por sí mismas no son malas, pero es fácil caer presa de ellas. Te atraen a más y más involucramiento hasta que, antes de que lo sepas, son más importantes que Dios. Eso es idolatría. Antes de que lo sepas, tienes un nuevo dios, un nuevo amor y un nuevo dueño.

Señor, vivo en un mundo peligroso. A menudo me olvido de ello, pensando que puedo seguir con muchas de estas cosas, y me encuentro a mí mismo siendo alejado, perdiendo mi fervor por las cosas de Dios. Ayúdame en ese momento, Señor, a huir de la idolatría.

Aplicación a la vida

¿Estamos dando primera prioridad a la Vida y al Amor del Señor Jesucristo que vive en nosotros? ¿Estamos permitiendo que otros intereses nos engañen y nos desvíen la atención de quererle a Él con todo nuestro corazón, mente y alma?

Ray Stedman