24 mayo 2017

Ninguna prueba

No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla. (1 Corintios 10:13)


¡Oh, qué gran ánimo nos da esto! Esto está escrito para que podamos entender las tres cosas específicas sobre nuestras pruebas: Primero, son comunes a todo el mundo. No conozco nada que sea más difícil de creer, cuando estás bajo prueba, que esto. Todos pensamos: “¿Por qué no les pasa esto a ellos? Ellos se lo merecen más que yo. ¿Por qué me está sucediendo a mí?”. Bueno, simplemente te toca a ti, eso es todo. Todo el mundo pasa por pruebas. No se te permite ser testigo de su martirio, pero no se te permitirá perderte el tuyo. Tú no ves lo que ellos experimentan la mayoría de las veces, pero a nadie le faltan las pruebas. Las pruebas son comunes a todo el mundo. Su tiempo va a llegar, si no ha llegado ya; así que, nunca te permitas pensar que lo que te está ocurriendo es único. No lo es para nada. Es muy común, y el momento que comiences a preguntar, encontrarás docenas que han pasado por ello también.

Segundo, aunque son pruebas comunes, también son pruebas controladas. Dios es fiel; no permitirá que seas probado más allá de tus fuerzas. De nuevo, eso es difícil de creer, ¿no es así? Decimos: “Bueno, ya ha ocurrido. Ya estoy más allá de mis fuerzas”. No, no lo estás. Simplemente piensas que lo estás. Dios conoce tus fuerzas más que tú. Sabe cuánto puedes manejar y cuanto no puedes manejar. Uno de los principios básicos del entrenamiento en los concursos atléticos es el desarrollar cosas que no piensas que puedas hacer ahora, el poner más presión sobre ti mismo de lo que piensas que puedas manejar, ¿no es cierto? Y descubres que sí, lo puedes manejar. Esto es lo que Dios hace con nosotros. Pone presión sobre nosotros, pero es una presión controlada. Nunca será más de lo que puedas manejar mientras que entiendas la tercera cosa.

La tercera cosa es la gracia conquistadora que Él provee: “la salida”, que siempre está presente; nunca falla. ¿Cuál es el camino de salida? Es la dependencia. La disciplina siempre es necesaria, pero también lo es la dependencia. A través de todo el Antiguo Testamento los héroes y heroínas de la fe nos han enseñado que en la hora de la prueba Dios se deshace de todo apoyo humano para que podamos aprender que Él es suficiente. “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1), y nunca descubriremos eso hasta que todo lo demás nos haya sido quitado. Entonces empezamos a descubrir que Dios nos puede mantener firmes. Él mismo es el camino de salida, y es por eso que nos pone presiones y pruebas.

Señor, te pido que esta sea mi experiencia en los días venideros en este mundo afligido.

Aplicación a la vida

¿Qué tres aspectos de nuestras pruebas y tentaciones se nos aseguran como pueblo de Dios? ¿Cómo aborda esto nuestras quejas, así como nuestra confianza en el final del propósito de Dios?

Ray Stedman