11 mayo 2017

Viviendo en la bendición

Después de haber cometido su gran pecado, David oró:
“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. ”(Salmo 51: 1-3, 9-10).

El pecado de David lo llevó mas lejos del rostro de Dios de lo que jamás hubiera imaginado. El tiempo mas doloroso de su vida ocurrió durante su tiempo fuera de la mano de bendición y favor de Dios. No podía soportar la idea de perder su relación con Aquel a quien amaba mas que a nadie.
"No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente"(Versículos 11 y 12).

BUSCANDO EL PROPÓSITO DE DIOS
David pagó un alto precio por su pecado, pero no dejó que ello lo definiera. Cuando volvió en sí clamó a Dios por el perdón y Dios lo recibió a brazos abiertos; sin embargo, eso no borró las consecuencias que trajo su pecado.

Si supiéramos las consecuencias de nuestro pecado antes de caer en la tentación, ¿Cuántos de nosotros podríamos tirarnos al vacío? Si tan sólo pudiéramos ver de antemano el daño que nuestros pecados finalmente traen.

El vivir en la bendición de Dios exige que busquemos el propósito que Él ha puesto ante nosotros, mirando hacia el futuro y calculando el costo de cada decisión que tomamos. Debemos mantener nuestros ojos fijos firmemente en su camino y mantenernos enfocados y fieles.

Nicky Cruz