El valor de la profecía

Seguid el amor y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis. El que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie lo entiende, aunque por el Espíritu habla misterios. Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. (1 Corintios 14:1-3)


Esto está unido al capítulo del “amor”. El amor ha de ser lo básico, la razón bíblica para ejercitar un don espiritual. El amor es el hambre de alcanzar a otra persona para el beneficio de la otra persona. Ese ha de ser el tema controlante a través de todo este capítulo en la discusión de lenguas y profecía. El amor es desarrollar a otra persona. Con ese fin, “procurad los dones espirituales”, para que sean los medios de ayudar a otros y cumplir el amor.

Claramente el don espiritual que es el más efectivo en esa dirección es el profetizar. El don de profecía no es predecir el futuro. Eso puede que sea un elemento ocasional en ello, pero es la explicación del presente a la luz de la revelación de Dios. El término más cercano por el que lo llamaríamos hoy en día es la predicación bíblica que abre la mente de Dios y la aplica a las luchas diarias de la vida. Eso es profetizar. Ese es el don que la congregación debe de desear más que ninguna otra cosa.

Comenzando con el versículo 2 y continuando hasta el versículo 5, Pablo compara los dones de profecía y las lenguas. Cualquiera que hable en lenguas no es entendido en la congregación, porque “habla misterios por el Espíritu”. La razón de eso es que estaba hablando un idioma que ellos no entendían. En Corinto la gente se levantaba y hablaban en estos idiomas; quizás eran reconocibles como siendo idiomas que se utilizaban en algún sitio cercano (como ocurrió en el día de Pentecostés), pero la gente allí no entendía ese idioma, así que no podían saber lo que estaba diciendo el que hablaba.

En cambio, Pablo ahora describe el don de la profecía, el cual Pablo dice tiene un triple efecto. Primero, desarrolla a la gente. La palabra es oikodomen en griego, oiko significa “casa”, y domen significa “construir”. El construir una casa sobre un fundamento sólido es la idea, y la obra de profetizar le da a la gente una fundación. Uno de los mayores problemas entre los cristianos hoy es la lucha que tienen con el sentido de su verdadera identidad. Mucha gente está emocionalmente hecha pedazos, porque no entienden que son nuevas criaturas en Cristo; ya no son lo que eran una vez. Porque todavía sienten las cosas que sentían en el pasado, creen esos sentimientos y reaccionan de acuerdo a ellos. Es una experiencia que viene y va, de la cual nunca pueden alejarse. El profetizar corrige eso. Nos enseña quienes somos en Cristo.

La segunda cosa que hace el profetizar es darle fuerzas a la gente. Esta es la palabra de la cual obtenemos la palabra paracleto, uno de los títulos del Espíritu Santo. Él es el que da fuerzas al pueblo de Dios. Significa el apoyar y animar; es “uno llamado al lado”, ese es el sentido literal del término, el apoyarte y equilibrarte y darte fuerzas.

El tercer ministerio de profetizar es aquel de dar consuelo. Aún una tercera palabra griega es utilizada aquí, paramuthian, que significa empatizar, el ponerte a ti mismo en el lugar de otros, el entender las presiones bajo las que están. Significa el ser capaz de sentir con ellos y ser capaz de darles ánimos con el hecho de que sabes cómo se sienten. Eso es lo que la palabra de profecía tiene la predisposición de hacer. Todos tenemos la experiencia de escuchar un texto de las Escrituras expuesto, y parecía hablar directamente a nuestro problema básico. Eso es lo que hace la profecía. Puedes ver la utilidad y cómo de importante es el tenerlo ejercitado en una iglesia.

Gracias, Padre, por el ministerio de la Palabra de Dios en la vida. Te pido por aquellos que lo exponen, para que puedan ser Tus portavoces para la gente necesitada.

Aplicación a la vida

¿Cuál es el objetivo primario del ejercicio de los dones espirituales? ¿En qué manera cumple el don de profecía, en el sentido de exposición de la Palabra de Dios, su propósito básico?

Ray Stedman