30 junio 2017

Escuchar a Dios

… Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye (v. 10).

Lectura: 1 Samuel 3:1-10

Sentía como que estaba bajo el agua, con los sonidos apagados por un resfriado y alergias. Durante semanas, luché para poder oír bien. Mi estado hizo que comprendiera cuán importante es la audición.

El joven Samuel, estando en el templo, quizá se preguntaba qué era lo que oía, mientras luchaba para despertarse tras escuchar su nombre (1 Samuel 3:4). Se presentó tres veces ante Elí, el sumo sacerdote, el cual, en la tercera oportunidad, se dio cuenta de que era el Señor quien lo llamaba. En aquel entonces, era raro que el Señor hablara (v. 1); el pueblo no estaba en sintonía con la voz de Dios. Aun así, Elí le indicó a Samuel cómo contestar (v. 9).

El Señor habla mucho más ahora que en la época de Samuel. Hebreos nos dice: «Dios, habiendo hablado […] a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo» (1:1-2). En Hechos 2, leemos de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés (vv. 1-4), quien nos guía en lo que Cristo enseñó (Juan 16:13). Pero necesitamos aprender a escuchar su voz y a obedecer. Como con mi resfriado, quizá escuchemos como si estuviésemos bajo el agua. Por eso, debemos corroborar con la Biblia y con otros creyentes maduros sobre la guía de Dios. Al Señor le encanta hablarnos.

Amy Boucher Pye

Señor, abre mis ojos para verte; mis oídos para escucharte y mi boca para alabarte.
El Señor les habla a sus hijos, pero necesitamos discernir su voz.