Jefatura

Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo. (1 Corintios 11:3)


Cuando el apóstol utiliza la palabra cabeza aquí, está hablando figuradamente de aquello que está encima del cuello. Incluso en el mundo antiguo, se entendía que era el centro de control del cuerpo. Eso es lo que hace la cabeza de nuestro cuerpo; opera el cuerpo; no está a cargo; es el que impone la dirección del cuerpo. Utilizado, figuradamente, por lo tanto, la palabra cabeza significa primariamente liderazgo, y por tanto es utilizada en este pasaje. Esto está claro porque el apóstol lo utiliza aquí tres veces.

La primera es: “Cristo es la cabeza de todo varón”. Ahí está la declaración del derecho de Cristo a guiar a toda la raza humana. Es el líder de la raza en la mente y pensamiento de Dios, y al final, como nos dicen las Escrituras, vendrá un día cuando toda la humanidad, sin excepción, se arrodillará y confesará que Cristo es el Señor (Romanos 14:11; Filipenses 2:11). Así que, lo sepamos o no, Cristo es nuestra cabeza, y somos responsables de seguirle a Él. Ese es todo el objetivo de la vida de cualquier persona que desea cumplir su humanidad.

Movámonos al tercer nivel de la jefatura mencionada aquí: “Dios es la cabeza de Cristo”. Aquí tenemos una manifestación de la jefatura demostrada para nosotros en la historia. Jesús, el Hijo de Dios, igual a Dios en Su deidad, sin embargo, cuando asume humanidad, se somete a Sí mismo a la jefatura del Padre. A todas partes donde fue Jesús declaró que siempre hizo aquellas cosas que complacían a Su Padre. Hasta dijo: “Porque el Padre mayor es que yo” (Juan 14:28). Eso no reta la igualdad de los miembros de la deidad, pero cuando Cristo se convirtió en hombre, voluntariamente consintió en tomar una posición menor que el Padre. Es en ese sentido que dice: “Porque el Padre mayor es que yo”.

Esas dos jefaturas nos ayudan a entender el significado de la central: “El varón es la cabeza de la mujer”. En otra versión dice: “La cabeza de la mujer es su marido”, porque el pasaje siguiente tiene en mente a la mujer casada. La jefatura es más visible en el matrimonio, donde manifiesta el papel de apoyo que la mujer emprende voluntariamente cuando se casa con un hombre. Él ha de ser líder, y ella asume un papel de apoyo para ayudarle a cumplir los objetivos de su vida juntos como Cristo, Su cabeza, lo hace claro. Pues, si ella no quiere hacer eso, es perfectamente libre de no tomar ese papel. Ninguna mujer debería casarse si no lo desea. Este es un papel al que es perfectamente libre renunciar, si así lo quiere. Si se quiere dar a sí misma a la búsqueda de sus propios objetivos, tiene todo el derecho de hacerlo. Pero entonces no ha de casarse, porque el matrimonio significa que ella está dispuesta a reconocer a su marido como el líder de ambos.

A su vez, el hombre ha de descubrir los secretos que Dios ha puesto en su mujer, y buscar animarla, para que ella pueda ser todo lo que es capaz de ser. Este es el argumento de Efesios 5. Son uno, y ningún hombre odia a su propia carne. Si daña a su mujer, se daña a sí mismo. No hay forma que pueda conseguir la plenitud de su hombría en el matrimonio aparte de animar a su mujer a utilizar todos los dones que Dios ha puesto en ella. Esta es la relación recíproca vista en las Escrituras sobre el matrimonio. Esto es lo que crea la belleza de cada boda. Cuando un hombre y una mujer se juntan para casarse, la ceremonia del matrimonio ha reconocido durante siglos que ella se está dando a sí misma a él, y él promete tratar ese regalo con amabilidad, ternura y cuidado amante.

Señor, te pido que yo recordara que mis perspectivas de la vida frequentemente son superficiales e inadecuadas, pero cuando me conformo con la divinamente dada orden, me encuento abriendo una puerta hacia el gozo y el amor y la paz tal como jamás hubiera soñado, y que Tu yugo es fácil y Tu carga es ligera.

Aplicación a la vida

¿Necesitamos reevaluar la opinión del papel de jefatura como degradante a la mujer de un hombre? ¿Es nuestro concepto de “sumisión” equivalente con la sumisión del Señor Jesús a Su Padre? ¿Le damos valor como un privilegio y un llamado santo?

Ray Stedman