La prioridad suprema

Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviera profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe, de tal manera que trasladara los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. (1 Corintios 13:1-3)


Analizando estas palabras es como tomar una bella flor y destrozarla. Pero algún análisis es necesario para plenamente entender lo que Pablo está diciendo aquí. Deberíamos de acordarnos que este capítulo sobre el amor encaja bellamente con lo que el apóstol ha estado diciendo en la sección previa. En el capítulo 12 Pablo habló sobre los dones del Espíritu. Aquí en el capítulo 13 nos encontramos con el fruto del Espíritu. Pablo lo ha introducido ya con una pista de que el fruto del Espíritu es más importante que si estamos activos y somos gente ocupada. Ambos son necesarios, pero uno es mayor que el otro. Pablo lo ha dicho: “Ahora yo os muestro un camino mucho más excelente”. Ese es el camino del amor.

Yo llamo esto el “fruto del Espíritu”, porque en la carta a los gálatas Pablo nos detalla lo que es el fruto del Espíritu: “es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23a). Todas estas calidades son realmente manifestaciones del amor. Este capítulo está describiendo la calidad del amor que es la obra del Espíritu de Dios en nosotros reproduciendo el carácter de Cristo. Una vez que has amado, todas estas otras calidades que son parte del Espíritu te son posibles. Si tenemos el amor de Dios en nuestros corazones, entonces podemos ser pacientes; podemos ser pacíficos; podemos ser bondadosos, cariñosos, fieles, mansos y amables.

La palabra “amor” no es la palabra griega eros. Esa palabra es utilizada para describir el amor erótico. Y la palabra aquí no es fileo, que significa afecto o amistad. Pablo está hablando sobre ágape, que es un compromiso de la voluntad para estimar y apoyar a otra persona. Esa es la palabra que es utilizada para describir el amor de Dios. Es una palabra dirigida a la voluntad. Es una decisión que haces y un compromiso que has lanzado para tratar a otra persona con interés, con cuidado, con consideración, y para trabajar hacia su mejor interés. Eso es lo que es el amor, y es de esto que Pablo está hablando.

Este es el tipo de amor que es posible sólo a aquellos que primeramente aman a Dios. Cualquier tentativa de pretender ejercitar amor como este, sin primero haber amado a Dios, es presentar un tipo de amor carnal. Hay dos grandes mandamientos. El primero es amar al Señor con todo tu corazón. El segundo es amar a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22:37-39). Intentamos darle la vuelta a eso. Muchos de nosotros estamos intentando amar al prójimo sin haber amado a Dios, y es imposible hacer eso. Es “el amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo”, como lo dice Romanos 5:5; eso cumple el significado que es dado en este pasaje. No puedes amar a otra gente hasta no amar a Dios primero.

El amar a Dios no es difícil, porque todo lo que necesitas hacer es estar consciente de que Él te amó a ti. Sobre todas las cosas Él te amó a ti al haber dado a Su Hijo por ti, habiéndote redimido y perdonado. Tu culpa es quitada. Por estos medios Dios te ha llamado a Sí mismo y te ha dado una posición como hijo frente a Él. El acordarse de todo eso es ser movido al amor por Dios. Cuando amas a Dios, despiertas tu capacidad de amar a la gente. El amor es una calidad supernatural. Sólo Dios puede dar este tipo de amor. Sólo Dios puede guiarte a tomar la decisión de amar a alguien que no te gusta. Sin embargo esto es el amor de Dios. Eso es lo que se necesita desesperadamente y lo que tan bellamente está descrito en este pasaje. Sólo puede venir al amar a Dios, y el amor es despertado en nosotros por el Espíritu Santo.

Señor, te pido que el don del amor sea manifiesto en mi vida.

Aplicación a la vida

¿Estamos llenos de buenas obras y buenas intenciones, pero cortos de amor? ¿Qué infiere esto sobre nuestra intimidad con nuestro Dios, que es Amor? ¿Estamos buscando algo menos que el genuino amor, en todos los sitios equivocados?

Ray Stedman