20 julio 2017

Apunta alto

En mi país se califica los exámenes escolares con una escala del 1 al 10. “1” es todo mal, “10” es todo bien. En cierta oportunidad la maestra preparó tres exámenes para sus alumnos con diferentes grados de dificultad. Uno con mayor cantidad de preguntas y más difícil, otro con menos preguntas y exigencia media y finalmente, uno muy fácil y con menor cantidad de preguntas. El día de la prueba, se los informó a sus alumnos y les dijo que se sintieran en absoluta libertad de elegir cada uno, cuál de los exámenes quería realizar y que no se preocuparan por la calificación, ya que independientemente del grado de dificultad del examen, la calificación iba a ser justa y equitativa para todos. Es así como la mayoría eligió el más fácil; unos pocos se aventuraron con el de media dificultad y sólo dos lo intentaron con el más difícil.

Al término de la jornada escolar, y para sorpresa de sus jóvenes alumnos, la maestra ya tenía todos los exámenes calificados. A los de menor dificultad les había asignado un “1”, como si todo el examen estuviera mal. A los que tenían el examen de media dificultad les puso un “5” y a los del más difícil, un”10″, sin importar la cantidad de respuestas correctas.

Los niños no entendían nada. Entonces, les explicó: no había calificado los exámenes ni las respuestas, sino la ACTITUD de los chicos. Es por ello, que los únicos dos que habían decidido enfrentar el mayor desafío del examen más difícil, tenían la calificación más alta; los que habían optado por el de media dificultad, habían obtenido la puntuación media; y por último, la mayoría que había elegido lo más fácil, sin aventurar ni arriesgar nada, habían recibido la calificación más baja.

La vida continuamente nos está imponiendo desafíos. Hay sueños que alcanzar, hay proyectos que concretar, un futuro por conquistar. Un futuro, que independientemente de nuestra fe, nos plantea incógnitas, sombras, incertidumbres, toda vez que podemos saber qué es lo que queremos, pero nunca qué es lo que realmente nos espera. Dios es bueno, Dios nos ama, Dios ha prometido estar toda nuestra vida junto a nosotros, es verdad; pero si hay algo que no hizo, es asegurarnos un camino fácil y florido.

Nada sabemos sobre el futuro y con eso tenemos que lidiar. Con ese nivel de información debemos tomar decisiones y elegir qué camino seguir, qué grado de dificultad estamos dispuestos a abordar, cuánto o qué estamos dispuestos a arriesgar responsablemente, en pos de nuestros sueños y metas, aún sin tener la certeza de que vamos a conocer todas las respuestas.

¿Sabes? Los escaladores de montañas comienzan por cerros relativamente bajos. A medida que van alcanzando sus desafíos, van adquiriendo entrenamiento, conocimiento y experiencia; van apuntándole a montañas más altas, siempre con el objetivo de escalar las más altas que les sea posible.

¡APUNTA ALTO! Un paso a la vez… pero ¡APUNTA ALTO! Mientras más alto te propongas llegar, mayor será el grado de dificultad que tendrás enfrentar, pero más grande y gratificante va a ser la victoria, el premio.

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

(Hebreos 12:1 y 2 RVR1960)

Luis Caccia Guerra

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