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23 septiembre 2017

Dios todopoderoso

Abram tenía noventa y nueve años de edad cuando se le apareció Jehová y le dijo: ―Yo soy el Dios Todopoderoso. Anda delante de mí y sé perfecto. (Génesis 17:1)


Después de trece años de silencio, Dios se le apareció a Abram en una nueva revelación y con un nuevo nombre: Dios Todopoderoso. En hebreo es El Shaddai, que significa esencialmente “el Dios que es suficiente”, el Dios totalmente competente, el Dios adecuado, que sabe lo que está haciendo y cómo hacerlo. Esto es una indicación de que Abram ha aprendido algo de su reciente experiencia amarga. Dios le dice en efecto: “Has estado aprendiendo durante trece años la total insuficiencia de tus propios esfuerzos, por medio de Ismael. Aprende ahora algo nuevo acerca de mí. Yo soy El Shaddai. Has descubierto por medio de una triste experiencia lo inútil que pueden ser tus planes y tus esfuerzos sin mí. Aprende ahora lo capaz que soy para realizar todo lo que deseo hacer, cuando deseo hacerlo”.

¡Ojalá que todos pudiésemos descubrir esta verdad! ¡Necesitamos con desesperación recuperar la realidad de El Shaddai, el Dios que es suficiente, sea lo que fuere que estemos pasando en estos momentos! Esto fue lo que aprendió Abram.

En esta nueva luz de Dios se manifestó una nueva exigencia Suya: “Anda delante de mí y sé perfecto”. En la versión inglesa del rey Jacobo (King James) la palabra blameless, es decir, “sin culpa”, se traduce como “perfecto”. Su significado radical es “totalmente sincero”. “Anda delante de mí y sé perfecto, totalmente sincero”, dice Dios, “porque yo soy El Shaddai”. Es decir: “Soy perfectamente suficiente para hacer que estéis libres de culpa. Por lo tanto, anda ante mí y sé perfecto”.

Recuerdo un tiempo cuando yo era niño y estaba mirando a través de las barras de hierro de una gran verja de una hacienda hermosa con sus caminos llenos de flores, mirándola con una gran envidia. De repente y antes de que le viese, otro niño de edad aproximada a la mía vino apresuradamente desde el otro lado y me dio un golpe en los brazos. El golpe que recibí me enseñó lo insensato que era intentar estar en dos lados de la verja al mismo tiempo.

Esta es una verdad que encontramos con frecuencia en el Nuevo Testamento. Estamos con tanta frecuencia intentando servir a dos maestros al mismo tiempo, complaciéndonos a nosotros mismos y a Cristo. Nos sentimos muy satisfechos sirviendo a Cristo si al mismo tiempo podemos servirnos a nosotros mismos. Pero Dios le dice a Abram: “Esto es algo que no puede permitirse ya. Has llegado al lugar en el que tu doble alianza ya no se puede tolerar. ¡Camina ahora ante mí, apropiándote de lo que soy, y sé totalmente sincero; ponte totalmente de mi parte; sé mío!”. Esto es lo que significa una vida circuncidada, como veremos en nuestro próximo estudio. Es Cristo afirmando Su señorío práctico en nuestras vidas.

Cuando usted se convirtió en cristiano, lo hizo reconociendo el derecho de Jesucristo a ser el Señor de su vida. Como es natural, usted no entendió todo lo que eso implicaría, pero se dio cuenta de que Su deseo de salvarle a usted implicaba Su derecho a controlarle. Durante un tiempo, aunque se dio usted cuenta de que era esencialmente diferente, siguió viviendo en realidad prácticamente como lo había venido haciendo antes. Usted tomó decisiones sobre la base de cómo se sentía y lo que deseaba hacer. Entonces el Espíritu Santo comienza a presionar, diciéndole a usted: “¡Deja de hacer esto!”, o “¡Empieza a hacer esto otro!”. Todo lo que Él está haciendo en realidad es aseverando el señorío de Cristo en su vida. Él está empezando a cortar los lazos que le tienen a usted atado al mundo y a su propia personalidad en su interior.

¡Señor, veo que Tú eres Dios! Tú eres el Dios Todopoderoso. Enséñame a someter todo lo que soy y lo que espero ante Ti.

El servirnos a nosotros mismos es realmente negar que nuestro Señor es todo suficiente. ¿Estamos nosotros aprendiendo a confiar en Su control liberador en todos los aspectos de nuestra vida?

Ray Stedman
www.raystedman.org