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05 septiembre 2017

Es más un asunto de identidad que de fuerza

2 Crónicas 7:14 Nueva Traducción Viviente (NTV) pero si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, busca mi rostro y se aparta de su conducta perversa, yo oiré desde el cielo, perdonaré sus pecados y restauraré su tierra.

En muchas ocasiones lo hemos intentado y cuando creemos que ya lo dominamos, caemos de nuevo y fallamos, no entendemos cómo es que debemos de hacer para dejar de pecar, algo pareciera que nos pone el pie constantemente y nos hace regresar a donde estábamos o más atrás aún, ¿le ha pasado?

Alguien, no sabemos exactamente quien, nos enseñó que para estar bien con Dios, debemos de ser buenos y dejar de pecar, alguien, pero no recordamos quien fue, nos dijo que si somos buenos, Dios nos iba a dar cosas buenas y que si no somos buenos y hay pecado en nuestras vidas, simplemente estaríamos expuestos a cosas malas o bien no recibiríamos el favor de Dios.

Este pensamiento es tan viejo como la famosa “Santa Inquisición” quien en aquel entonces se beneficiaba de la ignorancia de las personas y el poco acceso que había al evangelio para vender indulgencias y evitar que las personas se hicieran cuestionamientos acerca de Dios o de la iglesia.

Afortunadamente Dios sabía todo esto y por eso nos dejó por escrito todo acerca de él en su palabra, para que pudiéramos consultarla, y vivir de acuerdo a ella, para vivir verdaderamente una vida a prueba de errores, aún cuando muchos aseguran que no se puede.

En cuanto a dejar de pecar es mucho más sencillo de lo que se imagina, pues no es un asunto de poder, ni de querer siquiera, pues no es algo que esté en nosotros, es algo que esté en él, pues fue él quien murió y pagó nuestros pecados, de manera que es en él que encontraremos la solución y si lo nota está interesante la cosa, pues no es algo que solo veamos en el nuevo testamento, sino también en el antiguo.

La cita de hoy empieza con una frase emocionante, habla de pertenencia y eso es algo que Dios requiere de nosotros constantemente, ¡que nos entendamos suyos, que tengamos bien bien claro que no hay a donde ir fuera de él y que estamos destinados a ser santos, a ser exitosos y a tenerlo todo si nos sabemos de él!, ¡así de simple!.

Insisto constantemente a quienes tengo el privilegio de compartirles de la palabra de Dios y de enseñarles un poco, que la palabra de Dios tiene un orden, pues refleja la personalidad de Dios quien es un Dios de orden, por eso es importante poner atención en citas como la de hoy, pues en ellas está contenida la fórmula para poder dejar de pecar y todo empieza por el sabernos suyos, por portar su nombre por entender que no tenemos una naturaleza de pecado, sino una naturaleza santa, solo que debemos de desatarla y darle autoridad en nosotros, ¿lo había pensado?

Muchas veces, porque lo sentimos dentro, entendemos que el mal está en nosotros, pero en realidad solo le hemos dado un espacio en nuestro corazón, es todo, pero en cuanto recordemos que la Biblia empieza por decirnos que hemos sido creados a la imagen y con la capacidad de expresar la naturaleza de Dios (semejanza), esto está en Génesis 1:26, entenderemos que aunque pareciera que lo disfrutamos, el pecado nos es completamente ajeno, solo hemos olvidado quienes somos, a quien pertenecemos y para qué fuimos creados, así de sencillo.

Por tanto, nuestra oración debería de estar mucho pero mucho más enfocada en recuperar nuestra identidad y entregar nuestra pertenencia que en luchar con el pecado que no hemos entendido que no nos es natural si no ajeno, no podemos seguir luchando con nosotros mismos todo el tiempo, pareciéramos como aquel perro que pretende morderse su propia cola ¡y la persigue todo el tiempo!, insólito, ¿ no?

Le invito a que analice esta palabra, descubra el orden que Dios dio para que dejemos esas actitudes que nos hacen daño, pero empecemos por entendernos como propiedad de Dios y dejemos que todo lo demás suceda a causa de la naturaleza que puso en nosotros.

Rene Giesemann