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15 septiembre 2017

¡Ismael debe irse!

Entonces dijo Dios a Abraham: “No te preocupes por el muchacho ni por tu sierva. Escucha todo cuanto te diga Sara, porque en Isaac te será llamada descendencia”. (Génesis 21:12)
   
Si Isaac representa la gozosa plenitud del fruto del Espíritu, Ismael representa alguna mimada manifestación de nuestra propia vida egoísta en la que hallamos consuelo y deleite y a la que no queremos renunciar. Algunas personas conceden valor a lo que hace mucho tiempo que vienen sospechando que no es lo que Dios hubiese deseado, pero que ellos se mostraban reacios a renunciar. Tal vez se trate de alguna costumbre que venimos arrastrando durante mucho tiempo y que hemos estado defendiendo. Puede haber costumbres o valores en nuestras vidas que en realidad son alguna forma de autoindulgencia. Puede que Dios las permita durante un tiempo, pero llegará el momento en que dirá: “Es preciso que os deshagáis de ellas”.

Dios dice que Ismael no podría nunca compartir la herencia con Isaac. Esto es exactamente lo que quiso decir Jesús cuando dijo: “Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6). Cuando llegue el momento en que debamos estar ante el Señor en el trono del juicio de Cristo, nuestras vidas estarán clasificadas en dos áreas diferentes: las obras de madera, heno y paja, que son de la carne, y las de oro, plata y piedras preciosas, que son del Espíritu (véase 1 Corintios 3:10-15). El Señor nos dice a nosotros como le dijo a Abraham: “Es preciso que Ismael se vaya”. Si se niega usted a exponer, examinar y a eliminar lo que es nacido de la carne, aunque Dios ha dicho que eso le dolerá a usted y le ha mostrado a usted la paz, el gozo y el amor, que son los frutos del Espíritu, no le quedará a usted más remedio que enfrentarse con la opción, como le sucedió a Abraham.

El Dr. Barnhouse escribió una vez: “A principios de mi ministerio, yo tenía la idea que debía atacar todo error dondequiera que me lo encontrase... si el error se hallaba en algún dirigente fundamental con el cual estaba de acuerdo en un 95%, atacaba con dureza ese 5% restante”. Esto convirtió al Dr. Barnhouse en una figura muy controversial, con frecuencia carente de misericordia, duro y dogmático. Este celo por la verdad se convirtió en un Ismael en su vida. A continuación cuenta cómo llegó un momento en el que el Espíritu de Dios le enseñó a amar, y se enfrentó con la decisión, es decir, dejar marchar a Ismael. Tuvo que aprender a ser más comprensivo y más tolerante con algunos de los diferentes puntos de vista de otras personas.

Escribió: “Hace algún tiempo, publiqué una resolución de Año Nuevo expresando el hecho de que lamentaba haber tenido diferencias con hombres que eran verdaderamente nacidos de nuevo. Los resultados de esta resolución fueron asombrosos. En los años siguientes a su publicación, mi ministerio fue transformado”. Los años finales de su vida muestran la manera como se volvió más tierno y la dulzura del fruto del Espíritu en aquel que antes había sido tan duro, crítico y exigente.

Yo no sé la forma que está tomando Ismael en su vida, pero sé que hay ocasiones en las que Dios nos dice, sencillamente, que esto debe eliminarse. No puede continuar habiendo la manifestación de la vida del Espíritu hasta que esto quede resuelto. Abraham obedeció. Por la mañana temprano, se levantó, tomó pan y un odre de agua y, aunque le produjo un enorme sufrimiento hacerlo, mandó a Agar y a Ismael que se fuesen, a fin de que pudiese tener la plenitud del Espíritu de vida en Cristo Jesús.

Señor, te pido que yo pueda sinceramente anhelar ser una vasija completamente rendida de Tu gozo, Tu fortaleza y Tu paz. Te pido que pueda tener la gracia para desechar a Ismael y hallar la plenitud y el gozo de Isaac.

Las antiguas costumbres y modos de pensar pueden volverse cómodas. ¿Respondemos nosotros de manera obediente cuando Dios nos pide que nos deshagamos de ellas para que nuestra sanidad interior pueda producir un gozo duradero?

Ray Stedman
www.raystedman.org