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17 septiembre 2017

Una fe que conquista el temor

Abram creyó a Jehová y le fue contado por justicia. (Génesis 15:6)
    
Pablo se refiere a este poderoso acto de fe en Romanos 4. Nos recuerda que Abram creyó a Dios antes de haber sido circuncidado, es decir, antes de haber tenido una garantía continua de que Dios haría lo que había dicho. Pablo infiere de esto que la aceptación anterior no tiene nada que ver con la circuncisión, como estaban insistiendo los judíos. Pablo dijo que cuando Abram oyó a Dios decir: “Así serán tus descendientes”, que elevó los ojos a las estrellas y vio su inmensidad y su multitud y se relajó, descansando en fe en el poder de Dios.

Si concentramos nuestro examen en la fe de Abram, vamos a perdernos el punto de toda esta cuestión. Hay un sentido en el que concedemos demasiada importancia a estos hombres de la antigüedad y su fe. “¡Qué grandes hombres de fe!”, decimos: “¡Qué tremendo creer en Dios en contra de toda la evidencia de las circunstancias que nos rodean! ¡Si tan solo tuviésemos una fe así, nosotros podríamos hacer las cosas que ellos hicieron!”. Entonces comparamos nuestra débil fe con la suya e intentamos despertar un sentimiento de fe en nuestro interior, hasta que nos convertimos en hipocondríacos espirituales, tomándonos constantemente la temperatura espiritual y sintiendo nuestro pulso espiritual. Es realmente cierto que cuando Dios vio la fe de Abram, le fue contada por justicia, pero también es verdad que, cuando Abram vio a Dios, consideró que Él podía realizar lo que había prometido, de manera que pudo descansar su fe en la suficiencia de Dios.

¿Qué fue lo que hizo que la fe de Abram fuese tan fuerte? La respuesta es que no se detuvo a pensar en la dificultad tanto como a pensar en Aquel que lo había prometido. Su vista no se estaba fijando en los problemas, sino en el que lo había prometido. Cuando vio la grandeza de Dios, el poder y la majestad manifestada ante él aquella noche de verano, se dijo a sí mismo: “Poco importa como yo me sienta o las dificultades que pueda haber. El Creador de esa multitud de estrellas es perfectamente capaz de darme un número igual de descendientes”.

Así que leemos esta gran frase: “creyó a Jehová y le fue contado por justicia”. Esto no significa que este fuese el primer momento en que fue considerado justo ante Dios; es decir, no es este el momento de su regeneración espiritual. El libro de Hebreos deja claro que, cuando se marchó de Ur de los caldeos en respuesta al mandato de Dios, su fe en obediencia le fue acreditada como justicia. Este incidente bajo las estrellas es sencillamente un caso de entre muchos que ilustra la manera en que Dios acredita justicia a la persona que cree. Abram creyó a Dios respecto a la promesa de un hijo que habría de tener, y le fue contado por justicia por la fe.

Hoy somos exhortados a creer en Dios respecto al Hijo que ya ha venido, y cuando cesamos de nuestras propias obras y descansamos con una dependencia como personas impotentes, descansando en el Hijo viviente, también a nosotros eso nos es contado por justicia por la fe. Y el acto de fe que primeramente nos introduce al poder de Dios ejercitado a nuestro favor debe convertirse en una actitud de fe que gobierna cada momento de nuestra vida.

  Padre, enséñame la locura que es depender de mí mismo y la gloria de depender de Ti. En cada momento de temor, guíame a acudir a Ti, contando con Tu promesa de ser mi escudo y mi recompensa.

¿Estamos nosotros depositando nuestra fe en nuestra fe? ¿Reconocemos nuestra fe como el ojo a través del cual vemos el carácter y la calidad de Dios mismo?

Ray Stedman
www.raystedman.org