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03 octubre 2017

Los años perdidos

Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. (Génesis 19:1a)


La expresión que se encuentra al principio de este relato, “sentado a la puerta” de la ciudad, es una expresión oriental que es preciso que entendamos. Esto no quiere decir sencillamente que Lot estuviese pasando el tiempo del día a la puerta. Esta es una frase técnica que significa que era el principal magistrado de la ciudad de Sodoma. Su trabajo no era tan solo dar la bienvenida oficial a los visitantes a la ciudad, sino también investigar la naturaleza de cualquier persona extraña que pudiese llegar y además administrar justicia en relación con cualquier pelea. El equivalente más cercano hoy en día sería el oficio de alcalde.

Quiero ser justo con Lot, pues creo que estaba dispuesto a hacer lo que fuese justo. Está claro, basándonos en el relato de su vida, que, aunque deseaba sacarle algo a Sodoma, también deseaba poner de su parte por hacer cosas por Sodoma. Posiblemente pensase para sí mismo: “Bueno, es posible que les haga bien a estas gentes. Puede que me gane a algunas de ellas del mal a la fe. Puedo ganar dinero más de prisa aquí que en ningún otro lugar, eso es verdad, pero además es posible que necesite limpiar un poco la ciudad. Es un lugar malvado, y es posible que pueda mejorar su vida moral”. Cuando Lot se trasladó a Sodoma, esto es sin duda en lo que estaría pensando. Antes de que pasase demasiado tiempo, se convirtió en el alcalde de la ciudad, en el hombre más respetado y en el dirigente de la vida cívica.

A mí me hubiese gustado poder hacerle una pregunta a Lot: “Lot, has tenido un gran éxito en tu vida. Has logrado pasar de no ser nadie a convertirte en el alcalde de la ciudad. Llegaste a ella como un forastero desconocido y has conseguido tanto riqueza como honor en la ciudad de Sodoma. Mi primera pregunta es la siguiente: ¿De qué manera ha afectado tu propia vida interior el haber decidido quedarte en Sodoma?”.

Fíjese el lector en el nivel del mal en la ciudad. Este es el motivo por el que Dios visitó la ciudad con el juicio. El versículo 4 dice que todos los hombres de la ciudad, tanto los jóvenes como los ancianos, rodearon la casa. Todas las gentes de Sodoma participaban en la homosexualidad. Al leer este relato, puede usted fijarse en la reacción de Lot, que es una reacción de disgusto y de vergüenza. Segunda de Pedro dice que Lot se sintió “abrumado por la conducta pervertida de los malvados, (pues este justo, que habitaba entre ellos, afligía cada día su alma justa viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos)” (2:7b-8).

Esta es una imagen de descontento, de desconcierto y de frustración. El alma de Lot se sintió continuamente mortificada. Había probado lo suficiente de cosas superiores de comunión con Dios, de modo que nunca podría sentirse satisfecho con estas cosas sórdidas, horribles, obscenas y lujuriosas de Sodoma. ¿Dónde estaban el descanso, la paz y tranquilidad del corazón? Estaban allá arriba en la tienda de campaña de Abraham bajo el roble. Pero aquí en la ciudad de Sodoma estaba este hombre llamado Lot. ¿De qué sirve tener lujos y riqueza, así como las ganancias materiales, si el corazón está continuamente lleno de un gran anhelo que no puede ser satisfecho ni alimentado? La respuesta de Lot a esta pregunta debe de ser que su propia vida se había visto dolorosamente frustrada y arruinada a causa de la vida en la ciudad de Sodoma.

Señor, líbrame de años perdidos en los que sacrifiqué la comunión contigo por alcanzar el éxito según la manera de entenderlo de este mundo.

En nuestra búsqueda del éxito mundano podemos perjudicar gravemente la vida interior del alma. ¿Necesitamos nosotros evaluar de nuevo nuestros objetivos e invertir nuestras vidas en los valores eternos?

Ray Stedman
www.raystedman.org