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26 noviembre 2017

El perdón: cuando acaba la disciplina

Al que vosotros perdonáis, yo también, porque también yo, lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo. (2 Corintios 2:10)


Pablo no expresa sentimientos duros o de recriminación ni muestra una actitud que dice “puedo perdonar, pero no puedo olvidar”. Con frecuencia oímos a personas hablar acerca del perdón de esta manera, y esta actitud revela una falta de comprensión respecto a lo que es el perdón. Perdonar es básicamente una promesa que hace usted a tres personas diferentes. Esto es siempre verdad, en todos los casos de perdón.

Primero, es una promesa que le hace usted a una persona que le ha ofendido a usted y ahora se ha arrepentido, con la que usted le está diciendo: “No permitiré que mi actitud hacia usted sea gobernada más por esta ofensa; es algo que he dejado de lado. De ahora en adelante, mi manera de tratarle a usted será como si esto no hubiese sucedido nunca”. Es una promesa que hace usted de no volver a mencionar jamás el tema. En el matrimonio hay muchos problemas que continúan durante años porque las parejas tienden a volver sobre ellos, volviendo a sacar a relucir el pasado, que es una indicación de que no ha sido nunca perdonado. ¡Algunos esposos no se ponen histéricos, sino históricos! Ese es el problema y es lo que crea el problema.

En segundo lugar, es una promesa de no transmitírselo a nadie más. Cuando un asunto ha sido perdonado, debe de ser olvidado. Es posible que todo el mundo sepa lo que ha pasado, porque, como en este caso en Corinto, se hubiese informado de ello a toda la iglesia. Pero lo que significa es que nadie saca a relucir el tema de nuevo o que lo tiene en contra de la cabeza de la persona que ha sido perdonada o cada vez que vuelva a surgir otra dificultad. Es una promesa de olvidarse del tema, de dejarlo en el pasado y no volver a mencionarlo nunca a nadie más.

En tercer lugar, y probablemente lo que es más importante, es una promesa que se hace usted a sí mismo de que cuando su memoria vuelva sobre ello, como sucederá ocasionalmente, usted no va a permitir que se apodere de su corazón, haciendo que vuelva usted a sentirse furioso. El momento que se le vuelva a pasar a usted por la mente, usted lo dejará de lado como algo que pertenece al pasado. No va usted a pensar más en ello. Por lo tanto, es una promesa de repetir su acto de perdón, sin importar con cuanta frecuencia se acuerde usted. Eso es lo que es el perdón, y Pablo está listo para hacer esto.

Como es natural, el motivo es porque él mismo ha sido perdonado. A veces hay personas que me dicen: “Yo no puedo perdonar en este caso. La persona ha admitido que había obrado mal y me ha pedido que la perdone, pero yo no puedo hacerlo, sencillamente porque me duele demasiado”. Para mí esto es una revelación de que la persona que ha sido tratada injustamente no se ha dado cuenta en realidad de lo mucho que ya le ha sido perdonado. La base para el perdón cristiano es siempre: “Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).

Señor, me acuerdo de cuando Tú pasaste el pan a Tus discípulos y dijiste: “Este es mi cuerpo”. Esto me recuerda que la fortaleza con la cual debo de actuar es Tu fortaleza, Tu vida en mí. Recuérdame de nuevo que yo tengo Tu fortaleza y Tu vida en mí y, por lo tanto, puedo perdonar.

¿Abortamos nosotros el don del perdón de Dios al no perdonar a otras personas de la misma manera que Él nos perdonó a nosotros? Cuando perdonamos, ¿intentamos también olvidarnos de la ofensa?

Ray Stedman