Menús de cabecera

19 noviembre 2017

La sentencia de muerte

Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. (2 Corintios 1:9)


No sabemos cuál sería la prueba que tuvo que pasar Pablo. Algunos creen que fue una grave enfermedad. Otros, y yo me encuentro entre ellos, enlazan este versículo con lo que dice en Hechos 19 acerca del gran alboroto que tuvo lugar en Éfeso y la amenaza a las vidas de todos los cristianos en esa ciudad. Pablo debió de estar sometido a un estrés emocional extraordinario y a una amenaza física durante este tiempo. Él nos dice: “Fuimos abrumados en gran manera más allá de nuestras fuerzas” (v. 8). Este es el peor decaimiento que puede experimentar el espíritu humano, el sentimiento de más profunda desesperación. Pablo dijo: “Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte”. Fue una situación totalmente desesperante, y él se había dado por vencido, pues no había escapatoria posible. Pero luego añade: “para que no confiáramos en nosotros mismos”.

Una de las principales razones por las que Dios nos envía el sufrimiento es para quebrantar el inquebrantable espíritu humano de obstinación en nuestro interior que insiste en intentar resolverlo todo por medio de nuestros propios recursos o corriendo a buscar otros recursos humanos o de alguna manera negándonos a reconocer que necesitamos la ayuda divina. Esto es algo que encuentro en mí mismo, y a veces lucho con ello. No quiero orar acerca de algo en particular, porque si oro por ello estoy admitiendo que yo mismo soy incapaz de resolverlo. Pablo debió de luchar de una manera semejante.

Aquí tenemos a este poderoso apóstol, que entendió de una manera tan clara y precisa los principios de cómo hace Dios las cosas, a pesar de lo cual tuvo que pasar por un tiempo de pruebas como estas para que pudiese aprender de nuevo a no confiar en sí mismo. Usted ha leído la historia de Saulo de Tarso, ese brillante joven fariseo, y usted ve a un joven que confiaba en sí mismo y pensaba que no había nada que él no pudiese hacer con esa mente brillante, con esa habilidad y lógica, con esa poderosa y fuerte personalidad. Él creía poder resolver cualquier cosa, y Dios tuvo que quebrantarle repetidamente, haciendo que pasase por circunstancias que no podía resolver, a fin de que aprendiese a no confiar en sí mismo, sino “en Dios, que levanta a los muertos”. Yo creo que esa es la razón principal del sufrimiento, que es la presión que ha sido diseñada para destruir nuestra tozudez inquebrantable. Pablo aprendió a confiar en Dios cuando la vida le hizo pasar por toda clase de situaciones, fuesen las que fuesen. Ese es el estilo de vida cristiana. Es hora de que algunos de nosotros los cristianos dejemos de actuar como el mundo que nos rodea, quejándonos continuamente de todo lo que encontramos en nuestro camino. Deberíamos de considerar estos problemas como oportunidades para exhibir un estilo de vida diferente y mostrar en nuestras propias vidas un poder apacible que mantenga nuestros corazones en paz, porque sabemos que un Dios adecuado se está ocupando de la situación y Él hará que pasemos con bien por ella.

Señor, ayúdame a dejar de quejarme y lamentarme y pensar que Tú has enviado estas situaciones deliberadamente para mostrarme una mejor solución, una manera tranquila, para que mi corazón pueda descansar porque yo cuento con un Dios vivo que hará algo que yo no puedo hacer.

¿Estamos nosotros contando con nuestro Señor viviente para que realice lo que Él quiere hacer por medio de nosotros, o nos estamos sintiendo frustrados y agotándonos, confiando en nosotros mismos y en nuestros propios esfuerzos?

Ray Stedman