Menús de cabecera

  • |

27 diciembre 2017

«He intentado suicidarme»

«Soy una joven de veintiún años.... Creo que me voy a volver loca. No duermo, y hago cosas que no quiero hacer. Es un reto vivir cada día. En ocasiones he intentado suicidarme, y eso pasa mucho por mis pensamientos. Necesito ayuda. ¡Estoy desesperada!»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimada amiga:

»Nos alegramos de que haya tenido la confianza de contarnos su caso.... Creemos que... Dios no le ha permitido tener éxito en ninguno de los intentos [de suicidio, y que Él mismo la impulsó a que nos consultara]. Él la ama y quiere ayudarla, y en algún lugar del subconsciente usted lo sabe.

»Dios nos ama a todos de tal modo que estuvo dispuesto a sacrificar a su Hijo en la cruz para que tuviéramos vida eterna. Además, Dios tiene un plan para cada persona y le ha señalado a cada uno su hora de morir.1 Cuando las personas se suicidan, con eso cambian a la fuerza esa hora señalada y deciden hacer las cosas a su manera. Pero en todo momento Dios está obrando en la vida de ellas para evitar que eso suceda....

»La depresión clínica es uno de los factores que más contribuyen a los intentos de suicidio. Tal depresión es más severa que la que se experimenta sólo por algunos días. La produce un desequilibrio químico en el cerebro que impide que la persona sea capaz de tener esperanza en el futuro o en el presente. A quien sufre de depresión clínica no se le puede «disuadir» de su condición, así como tampoco a una persona que sufre de presión alta se le puede disuadir de su enfermedad. Tanto la depresión clínica como la presión alta son enfermedades, y las personas que las padecen necesitan tratamiento médico.

»Usted necesita ir cuanto antes a ver al médico. No puede mejorarse por sus propios esfuerzos, y su sentimiento de desesperación es peligroso. Le rogamos que haga lo que sea necesario para ir al médico y contarle todo lo que nos ha dicho a nosotros. Siga las instrucciones que le dé aun cuando las considere innecesarias, y no interrumpa el tratamiento sólo porque se demore varios meses para que comience a sentirse mejor. No se puede fiar de lo que está sintiendo ahora, así que le rogamos que confíe en nuestro consejo y haga todo lo que el médico le diga.

»Nosotros nos interesamos en usted, pero su Padre celestial se interesa mucho más. Aunque usted no lo sienta, repítase cada día: “Dios me ama, mis amigos me aman, y puedo superar cualquier obstáculo que se me presente en este día.” Escríbanos dentro de un mes y cuéntenos cómo le ha ido.»

Linda y Carlos Rey

1 Sal 139:16