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25 diciembre 2017

Nada que no sea la verdad

Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. (2 Corintios 4:1)


En todo este pasaje Pablo ha repetido el mismo tema: “No desmayamos”. “No nos entran ganas de abandonar; tenemos confianza; nos sentimos animados”. Yo encuentro a muchos cristianos que se sienten desanimados hoy. Un pastor que vino de una iglesia en una localidad diferente dijo que hace unos pocos años él asesoraba el ministerio. Miraba a su alrededor a lo que estaba considerado como una iglesia que tenía éxito. Tenía una buena asistencia, la situación financiera era clara, pero, a pesar de ello, dijo que todas las mañanas sentía una profunda sensación de fracaso y de vacío respecto a lo que estaba haciendo. Cada vez tenía más la impresión de que estaba realizando actividades religiosas, que no estaba consiguiendo nada que tuviese un valor auténtico y duradero.

Yo me encuentro con muchos cristianos que están dispuestos a abandonar, convencidos de que no están consiguiendo nada. Pero al hablar con ellos, se descubre que no se ven de la manera que se veía Pablo a sí mismo, como instrumentos de Dios obrando. Se están concentrando en lo que no están haciendo para Dios o cómo se sienten en ese momento, que no están haciendo nada para Dios. No parecen entender la base de este ministerio al que se refiere Pablo como el “nuevo pacto”, el nuevo arreglo para la vida que Dios ha provisto en Cristo.

En estos versículos, el apóstol nos da dos grandes motivos por los que el nuevo pacto no permite el desánimo. He aquí su primer motivo, que se encuentra en el versículo 2: “renunciamos a lo oculto y vergonzoso”; nos negamos a practicar la astucia o a alterar la Palabra de Dios. Él dice: “Le hemos dado la espalda a las cosas y costumbres que producen el desanimo”. Es por eso que él no se desanimaba. Yo me quedo siempre asombrado por lo actualizadas que están las Escrituras. Uno pensaría que Pablo acababa de escuchar alguna retransmisión de radio cristiana o programa de televisión cuando escribió esto. Evidentemente había personas en su época que estaban predicando y evangelizando en iglesias, que lo estaban haciendo de maneras vergonzosas y clandestinas. Estaban confiando en enfoques sagaces e incluso alterando la Palabra de Dios. Pablo dice: “He renunciado a todo esto” (si es que alguna vez fue culpable de ello).

Él nos dice lo que hace en lugar de esto otro: “manifestando la verdad, nos recomendamos, delante de Dios, a toda conciencia humana” (2 Corintios 4:2b). Es por este motivo que Pablo no se desanima. No tiene que pensar en algún nuevo artilugio que consiga que las personas salgan a escuchar las buenas nuevas. Sabe que la verdad es la cosa más emocionante y atractiva del mundo. Sabe que al hablar a las personas acerca de la verdad sobre ellas mismas, acerca de sus vidas y del mundo en el que viven, al eliminar todos los velos y los engaños bajo los cuales viven las personas en cualquier generación y revelar la realidad básica de lo que está ahí, se consigue una atención inmediata.

Señor, te doy gracias por no tener que sentirme desanimado. Tú estás obrando, usando la verdad sencilla de Tu Palabra, a fin de exponer los corazones de las personas que nos rodean. Ayúdame a confiar en Ti.

¿Dónde y cómo podemos nosotros eliminar todos los velos de las ilusiones y los engaños, para ver la verdad en nosotros mismos, en nuestras vidas y en el mundo en el que vivimos?

Ray Stedman