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28 enero 2018

Guardad la enseñanza

El propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, de buena conciencia y fe no fingida. (1 Timoteo 1:5)

De la misma manera que el error se puede detectar por lo que produce, también la verdad se puede detectar por lo que produce. Usted puede ver que el evangelio está teniendo su efecto sobre usted cuando se está usted convirtiendo en una persona más compasiva, más amorosa, más paciente y con un corazón tierno, reflejando usted estas cualidades ante las personas a su alrededor. Eso es lo que dijo Jesús que sucedería, y es por eso que Su gran mandamiento para nosotros es que nos amemos los unos a los otros.

El apóstol ahora le sigue el rastro al curso del amor hasta su origen. Empezaremos a entender de una manera más clara lo que está diciendo si empezamos al final y seguimos a partir de allí. Pablo dice: “el amor nacido de corazón limpio”, y tras esto se encuentra una “buena conciencia” y además una “fe no fingida”. Para empezar al final, la fe significa creer usted lo que ha dicho Dios acerca del final total de su antigua vida y la entrega de su nueva vida, que se identifica con la justicia de Cristo, que es lo que usted cree. Usted es una nueva criatura, no es usted el mismo. Todo lo que tiene que ver con una naturaleza de rectificación en el cristianismo necesita regresar a este principio. Por lo tanto, el amor empieza con una fe sincera, creyendo que los grandes hechos del evangelio son personalmente verdad para usted.

Cuando usted cree esto, sus acciones empezarán a cambiar. Comenzará a darse cuenta de que algunas de las cosas que ha estado haciendo usted no son consistentes con una vida cambiada. No son la obra exterior de un corazón que ha sido transformado en Jesucristo y, por lo tanto, estas cosas empiezan a desaparecer. Las personas no tienen que verse obligadas a dejar de hacer ciertas cosas, porque comienzan a darse cuenta de que estas cosas son inconsistentes con una vida transformada. Eso es lo que quiere decir Pablo cuando habla acerca de una “buena conciencia”. La conciencia es el juez de su comportamiento. Trata con la manera en que actúa usted, ya sea acusándole a usted o excusándole. Y al empezar a ser consistente en sus acciones con quien es usted en realidad y cómo ve usted que es, tendrá usted una buena conciencia que ya no le producirá inquietud. Usted se ve a sí mismo perdonado, restaurado y aceptado, habiendo sido limpiado el pasado. Cada día empieza usted de nuevo sobre esta base, viviendo conforme a una buena conciencia.

Esto, a su vez, da como resultado un corazón puro. Sus actitudes interiores y la vida del pensamiento empiezan a cambiar, porque usted ya no es la misma persona que fue con anterioridad y no se considera usted de esta manera. Usted descubre que puede renunciar libre y alegremente esos momentos en los que tenía pensamientos sensuales. Esta ya no es su manera de pensar; eso es algo que usted ya no desea. Su corazón está siendo purificado de manera que sus actitudes internas han cambiado.

Y cuando esto sucede, empieza usted a ser una vasija de la cual fluye el amor de Dios. Como dijo Pablo en Romanos 5:5: “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. El amor comienza a influenciarle a usted y a las personas a su alrededor. Este es el evangelio. Pablo envió a Timoteo a Éfeso para asegurarse de que este mensaje estuviese claro y sin complicaciones en Éfeso.

Señor, concédeme que pueda aprender más totalmente a apropiarme de la nueva vida que está a mi disposición, mediante la cual puedo convertirme en una persona amorosa como lo fue Jesús.

Aplicación a la vida

La definición del amor genuino no se parece en nada a las versiones callejeras sin significado alguno. El amor genuino tiene tres componentes principales, y bien vale la pena fijarse en ellos y memorizarlos.

Ray Stedman