Menús de cabecera

  • |

20 enero 2018

La palabra para esta hora

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. (2 Corintios 5:19)
Este es el mensaje, por encima de todo lo demás, que el mundo necesita saber. El problema con las personas por todas partes es que no tienen ninguna seguridad ni sentido de la aceptación, ni de su valor. La mayoría de las personas tiene una pobre imagen de sí mismas, incluso las personas fanfarronas que pretenden dar la impresión de que son autosuficientes. En el fondo saben que sus acciones no son más que una coartada; saben que en realidad no se sienten tan confiadas como quieren dar a entender a otros, sino que se sienten con frecuencia asustadas y frustradas. Tienen que fingir que pueden enfrentarse con todo, pero al final del día saben que no es así.

El motivo por el que a las personas les falta seguridad es debido a que sienten alejamiento, una especie de apartamiento de Dios. Viven en un universo que evidentemente saben que no les pertenece. Ellos no lo crearon y ellos no lo hacen funcionar. Todo este universo estaba funcionando mucho antes de que usted y yo apareciésemos en él. Las personas saben esto y, por lo tanto, se sienten inquietas. El alejamiento y la alienación son los problemas supremos de nuestro tiempo.

Este mensaje trata acerca de la preocupación de que estamos perdidos, que estamos alejados y separados del Dios que se encarga de todo. Por lo tanto, este es un mensaje que toca los corazones humanos en todas partes. No hace diferencia alguna cuál sea el color de su piel, cuáles sean sus antecedentes o cómo se crió usted. Usted puede decirle esto a una persona de negocios en Wall Street, puede decírselo a un artesano, a un plomero, a un médico, a un abogado o a un miembro de cualquier otra ocupación. Todos ellos necesitan esta palabra universal de reconciliación enviada al mundo.

Una característica de este mensaje es que no habla acerca del juicio de Dios por el pecado. Cuando yo me gradué del seminario, comencé mi ocupación como predicador con la idea de que mi trabajo era hacer que las personas fuesen conscientes de su pecado e informarlas acerca del juicio de Dios respecto al mal. Yo me crié en una generación teológica a la que se le enseñó que era necesario asustar a las personas antes de que se hiciesen cristianas a fin de hacer que creyesen en el infierno, para que cuando vean las llamas ardiendo debajo de ellos, cuando sientan que se les chamusca el cabello, entonces se arrepientan de su maldad.

Entonces empecé a aprender, gracias a versículos como este. Me dí cuenta por los enfoques de los apóstoles y del Señor mismo que ese no es el mensaje. (A la postre posiblemente tenga usted que advertir a las personas del juicio venidero, si rechazan este mensaje de gracia, pero no es ahí donde debe usted comenzar.) Este es un mensaje por medio del cual Dios está diciendo: “No necesitamos hablar acerca del juicio. Yo ya he resuelto esto”.

Después de unos cuantos años aprendí que lo único que necesito hacer es ir a las personas, dando por hecho que están sufriendo en su interior a causa de sus pecados de la misma manera que me sucedió a mí, y hablar acerca de un Dios que lo entiende, que quiere aliviarlas de su sufrimiento y ha hecho algo al respecto. Por lo tanto, Él no estaba dispuesto a echarme en el infierno, sino que estaba abriendo Sus brazos y me estaba invitando a venir al Padre amoroso y a ser restaurado. Este es el mensaje.

Señor, gracias por haberme confiado este mensaje de reconciliación. Haz que yo sea sensible a Tu Espíritu para que lo pueda compartir con las personas que Tú ya has preparado.

¿Cuál es el mensaje de Dios sobre la reconciliación que tiene que ver con que nos sintamos profundamente apartados y alejados de Él? ¿Somos nosotros portadores del mensaje?

Ray Stedman
www.raystedman.org