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03 enero 2018

La vida de Jesús en cuerpos mortales

Pues nosotros, que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. (2 Corintios 4:11)

Lo que queremos, como es natural, es ser como Él. Pero el poder de Dios es el milagro de otros viendo en nosotros, en medio de nuestras presiones y pruebas, el carácter y la vida de Jesús. Yo siempre me he sentido impresionado y desafiado por el versículo en Colosenses 1, en el que Pablo ora para que sus amigos en Colosas puedan ser “fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria” (Colosenses 1:11a). ¿Para qué van a usar todo este poder? Suena como si Pablo debería de haber dicho: “Para que podáis hacer grandes milagros, para que podáis sorprender a las personas con el tremendo magnetismo de vuestra predicación y enseñanza, siendo seguidos por grandes multitudes”. Pero no es eso lo que dice. Él dice: “Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, obtendréis fortaleza y paciencia” (Colosenses 1:11). Eso es lo que concede el poder y es donde se manifiestan la vida y el poder de Dios. Esa es la “vida de Jesús”.

Al leer usted los evangelios, el Espíritu de Dios llama su atención a una imagen mucho más hermosa y maravillosa, tal vez, del carácter y de la vida de Jesús. Usted puede ver la belleza moral que atraía al pueblo por todas partes a donde iba. Ve usted la serenidad de Su espíritu, cómo se mueve en cada escena de ira y de inquietud con calma y sosiego. Usted puede contemplar Su voluntad disciplinada y Su evidente gozo en la vida. Esa es la “vida de Jesús”, y eso es lo que quiere, ¿verdad?

¿Cómo puede usted entenderlo? Pablo nos dice que el secreto es que nosotros consintamos en participar en el morir de Jesús. ¿Qué es lo que quiere decir con “el morir de Jesús”? Usted sabe que eso no significa que nosotros tengamos que ser clavados en una cruz. Pero esa cruz es un símbolo de algo muy real en nuestra experiencia. ¿Cómo era Jesús en la cruz? No fue poderoso, impresionante y significativo; no fue aplaudido por las multitudes que habían escuchado cada una de Sus palabras. No, la cruz fue un lugar de debilidad física, de rechazo por parte de los orgullosos y arrogantes del mundo que le rodeaba. Fue un lugar de tinieblas, un lugar en el que Él estuvo dispuesto a perder todo lo que había construido y a confiar en Dios para que se lo devolviese e hiciese de ello algo significativo.

¿Se ha encontrado usted recientemente en estas circunstancias, en las que, hiciese usted lo que hiciese, no pudiese usted recibir ninguna gloria o crédito para sí mismo? Es ahí exactamente donde Dios quiere que esté usted, porque cuando tienen lugar estos tiempos de una presión extraordinaria, de sufrimiento y de desesperación y dolor, de sentir que usted ha derrochado su vida y no ha sido usado, es cuando Dios está llevando a cabo Su voluntad. Es posible que otros estén recibiendo vida por la muerte que está usted experimentando.

Señor, hay ocasiones en las que paso por pruebas. Mi corazón anhela intensamente clamar a Ti para que Tú me libres de ellas. Permíteme Señor que en lugar de ello pueda tener esa maravillosa actitud del Señor Jesús: “Si es posible, pase de mí esta copa, pero hágase no mi voluntad, sino la Tuya”.

¿Estamos nosotros siendo tan transformados por nuestra relación con Cristo que otras personas que forman parte de nuestras vidas ven la gloria de Su carácter? ¿Cómo podemos nosotros participar en el morir de Jesús?

Ray Stedman