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08 enero 2018

¿por qué se bautizó Jesús?

El pastor y misionero Juan Bueno, en su libro “Consultorio del alma” responde a la interrogante de un joven acerca de, ¿Por qué se bautizó Jesús?.

Soy un joven evangélico de dieciocho años de edad. He leído que Jesús fue bautizado, y no me explico cómo es que si el bautismo es para lavar pecados, el Señor necesitara bautizarse.

¿Podría usted explicarme eso, hermano Juan?

Me da mucho gusto responder a su interesante pre­gunta, porque estoy seguro de que para algunos cre­yentes recién convertidos esta inquietud les puede llevar a la confusión.

En primer lugar, debemos decir que el bautismo no es para lavar pecados, por cuanto el pecado es una mancha moral y espiritual que no puede ser qui­tada con elementos físicos, como el agua.

Por otra parte, el bautismo no salva ni condena, por cuanto el agua no contiene poderes sobrenaturales.

La iglesia católica enseña que el bautismo limpia del pecado original, pero la palabra de Dios no dice en ninguna parte que este milagro sea posible por el sólo hecho de ser bautizado.

El bautismo que realizaba Juan el bautista era, en sí, un rito sencillo al que se sometían todos los que en un acto de fe se arrepentían de sus pecados, y se identificaban con el mensaje del profeta.

Pero el mismo Juan habló del bautismo que ope­raría Jesús, y que sería más que físico, un bautismo espiritual y mucho más poderoso. La razón por la que Jesús fue bautizado no obedeció a una necesidad de limpieza de pecados, sino a un deseo personal de El, para identificarse con el mensaje de Juan.

Hoy día, cuando una persona es bautizada en cual­quier iglesia, es porque esta persona se identifica con la declaración de fe de la denominación que lo bau­tiza. O sea que el bautizado es consciente del paso que da, y el compromiso que contrae con Dios y con la iglesia.

Pero yo me permito repetirle… ¡el bautismo ni salva ni condena!

Así que, entendemos que es un paso de fe y de testimonio público, en el que abrazamos la doctrina de la iglesia que nos bautiza, y por el que renuncia­mos a todos los intereses de este mundo.

Elsie Vega